Temas Especiales

19 de Jan de 2021

Cultura

Pinturas que permiten autodescubrirse

El primer recuerdo con el arte que tiene Mario Vélez es que no tenía claro qué era ser artista ni qué era ser pintor

El primer recuerdo con el arte que tiene Mario Vélez es que no tenía claro qué era ser artista ni qué era ser pintor. Allí, sentado en un pupitre de su academia, recuerda –por llamarlos según él de alguna manera– unos ‘mamarrachos', unos dibujos que hacía pero después se perdían con la pintura. ‘A mí siempre me decían el pintor, pero no sé, siempre tuve la claridad de que quería ser pintor'.

Pero en su época, y es algo que se puede traer a la actual, no había una idea clara en cuanto al arte y el artista. ‘Los muchachos que estudian arte ahora realmente ni siquiera saben qué es arte, solo quieren ser artistas. En mi época uno no sabía qué era ser artista, pero quería hacer arte. Había como una cosa de verdad. No había ese afán que hay ahora por exponer, de estar en la bienal de Venecia, de ganarse el premio, sino realmente una cosa que se hacía por convicción'.

Esta certeza lo llevó a ser elegido finalista, de entre más de 6 mil artistas en todo el mundo, junto a una brasileña. Corría el año 1990, Milán, Italia, el Concurso Oltre il Muro reconocía la pieza ‘Secuestros' de Mario, una obra confeccionada en base al collage, con unas mallas en metal oxidado, con vidrio encima. ‘Ahí fue donde le di más o menos inicio a mi trabajo, empezó a evolucionar, evolucionar a donde estoy', señala.

Años más tarde se especializaría con el expresionismo en Alemania. Esa oportunidad de salir y seguir pintando desde Medellín, donde tiene su estudio, le hizo posible aportar mucho a lo que pasa en la pintura joven, teniendo en cuenta que la pintura latinoamericana siempre ha sido más figurativa, históricamente más a arraigada a eventos sociales. ‘Mi búsqueda –formula Mario– ha sido más un terreno o un camino más en solitario, esa búsqueda de concepto y de idea de la pintura como tal'.

Seis años antes de esta conversación con Facetas recuerda estar presentando una de sus exhibiciones en Tokio, cuando muchas personas se le acercaron y le comentaban que sus pinturas se veían como jardines. Una revelación. Lo que le decían las voces de aquella galería asiática, se convertiría en otra de sus individuales, ‘Espacios vulnerables' (2008). ‘Empecé a hacer unas pinturas alrededor del paisaje de Colombia, como los senderos, de las sendas de lo que dejaban las guerrillas, de los campesinos, los turistas, en la tierra', comenta.

De hecho, cuando le mencionaron los jardines al artista nacido en ‘La Ciudad de la eterna primavera', pensó en las piedras que coleccionaba y decoraban este espacio abierto de su casa. Unos elementos que, sin saberlo, influenciarían cuatro años después su más reciente exhibición.