25 de Feb de 2020

Cultura

31 años becando intérpretes de música clásica

Tres músicos jóvenes y tres experimentados cuentan su experiencia con el Campamento de la Asociación Nacional de Conciertos

La actual directora del Coro Polifónico Nacional de Panamá, Electra Castillo participó ocho años de este Campamento, desde el primero en 1985. ‘Yo me sabía todos los trucos ya, como comer más rápido que los demás para no fregar', dice riendo, pero no es la única que ocupa un cargo importante hoy y que le atribuye parte de su formación musical a la actividad que organiza anualmente la Asociación Nacional de Conciertos.

‘Para tú querer soñar algo grande, tienes que ver algo grande', dice el violinista Joshue Ashby. Antes de graduarse en Berklee, y convertirse en profesor en la Fundación Danilo Pérez, Ashby también participaría del Campamento de la ANC, desde 1999 hasta el 2008. ‘Cuando llegué, una profesora nos contó hasta dónde podíamos llegar con la música. Esa experiencia marcó mi vida', añade.

Desde hace 31 años, durante una semana, la ANC reúne en el istmo a profesores y estudiantes del Conservatorio de Oberlin —el más antiguo de Estados Unidos—, junto a un puñado de docentes de la región, para darle clases personalizadas de música clásica a unos 150 niños y jóvenes panameños. De hecho, casi la mayoría de intérpretes nacionales de este género han pasado por el Campamento. ‘A las finales llegué a Oberlin', dice Castillo. ‘Por eso yo digo que soy prácticamente producto de los Campamentos'. El primer instrumento que pudo comprar, agrega, un oboe profesional, se lo facilitó la ANC en su momento.

VENTANA AL MUNDO DE LA MÚSICA

Ashby comenta que sus profesores anteriores al Campamento eran músicos pero no instrumentistas. Algunos se ganaban la vida como profesores, otros trabajaban en el Canal. Pero cuando tuvo un ‘taste' de lo que es ser un músico de primer nivel, ganó perspectiva, podía hacer con el violín una carrera profesional. ‘En el campamento traen profesores de buenos niveles, gente que ha experimentado con el primer mundo', dice el violinista colonense. ‘Y es bueno porque haces buenos contactos en el caso que quieras aplicar para una beca o salir del país'.

‘Empiezas a conocer jóvenes de tu misma edad y se te empiezan a abrir los ojos', recuerda Castillo. ‘El Campamento fue como una ventana al mundo que no conocía, antes para mí solo existían el conservatorio y mi casa'. Por su parte, Graciela ‘Chelín' Núñez, principal de la sección de los segundos violines en la Orquesta Sinfónica Nacional y excampista, menciona que en la actualidad, en una ciudad de caos, es importante generar este tipo de espacios —actualmente se realiza en Ciudad del Saber— para los jóvenes. ‘Son dos semanas que los estudiantes, quizá por única vez, están enfocados solamente en hacer música y se siguen motivando con los profesores que vienen del extranjero, además de los nacionales', comenta.

Juan Pablo Sanjur, un violinista de 22 años que acaba de regresar becado de Roma, dio clases en la Universidad de Panama y en el Conservatorio Nacional, pero le atribuye una formación más completa al Campamento. ‘Más completa en términos de saber qué es la clase individual, la clase de grupos y después entonces el cuarteto o la música de Cámara, y aparte ya la música orquestal que era con todo el grupo', acota el violinista. ‘Es foguearse', dice Lorenzo Olivero, violinista que al igual también llego a la Orquesta Sinfónica, como lo han hecho Ashby, Sanjur y Nunez luego del Campamento. ‘Salirse un poco del repertorio tradicional y tocar algo nuevo, con gente nueva, con otros profesores que te dan un respiro, otro aire, y te dan una idea de cómo funcionan las cosas en otros países'.

A esto, el joven de 21 años suma la personalización de las clases. ‘Aquí en Panamá te enseñan el método', apunta. ‘Pero allá (en el Campamento) los profesores tiraban el libro a un lado, se sentaban, te veían y te ayudaban en qué era lo que a ti te faltaba'.

NIDO DE MÚSICOS CLÁSICOS

Ashby dice que conoció ahí a todos sus compañeros actuales. ‘Como el 70% quizá ha pasado por ese Campamento', señala. ‘Yo lo puedo comparar con cualquier campamento fuera del país porque los ensayos y las clases maestras eran desde la mañana hasta la noche. Era bien intensivo, ese es el campamento que me hizo crecer mucho como músico, sobre todo en la técnica. Era un ambiente de crecimiento total'.

Xiomara González fue campista a los 15 años. Hoy, a sus 44, es directora del Sistema Orquestal de Niños y Jóvenes de Chiriquí (Fundación Mario De Obaldía Alvarado), y describe su experiencia en el convivio de la ANC como agradable. ‘Hacer música es una actividad positiva que les refuerza valores positivos a los jóvenes, les da un valor agregado que es el de trabajar la disciplina, la concentración, el respeto, la posibilidad de tener que desenvolverse en una agrupación', sostiene.

‘Chelín' Núñez, presente desde la primera edición, esclarece que hace tres décadas era urgente un Campamento como este. ‘Era necesario que hubiera ese tipo de participación juvenil porque las escuelas del momento no tenían ciertas materias de dar clases como las que se daban en el campamento', argumenta. Hace 31 años no habían clases de música de cámara, y solamente había una orquesta que no estaba completa.

Núñez aprovecha para abrir el paréntesis de qué instrumentistas produce el país. Al igual que hace 30 años, en el país siempre ha habido una tradición de bandas de música, por lo que siempre han habido menos profesionales en cuerdas. ‘En el conservatorio no había clases de violín porque no habían profesores de violín', rememora. Pero con el tiempo se han ido llenando estos espacios. En 1992, regresó graduada de Estados Unidos y empezó a enseñar en el Campamento, donde fue tutora de Ashby, Sanjur y Olivero. Aunque Núñez había empezado a estudiar ingeniería, los Campamentos hicieron que se decidiera por la música, decisión de la que en ningún momento se arrepiente la también profesora de la Fundación Danilo Pérez.