24 de Feb de 2020

Cultura

A la sombra del Parnaso

El pasado 18 de enero el mundo literario conmemoró cien años del nacimiento de Rubén Darío, el poeta nicaragüense

A la sombra del Parnaso
A la sombra del Parnaso

En una ocasión, Francisco de Asís Fernández me testimonió lo siguiente, en ocasión de su prólogo a la poesía nicaragüense: ‘el proceso de fundamentación de la nacionalidad nicaragüense tiene uno de sus puntos culminantes en la obra poética de Rubén Darío (1867-1916) y en el movimiento de renovación literaria que le tocó capitanear en Nicaragua y en el continente americano, conocido con el impreciso nombre de Modernismo'.

En realidad, ‘Rubén Darío' fue el seudónimo escogido como escritor. El escritor fue bautizado como Félix Rubén García Sarmiento, nacido en Metapa, en el departamento de Nueva Segovia, en Nicaragua un 18 de enero de 1867. Sus padres eran Manuel García y Rosa Sarmiento.

Su padre era hijo de un veragüense, Domingo García, quien migró a esas tierras en busca de mayores oportunidades, donde se desposó y tuvo varios hijos, entre ellos al padre del poeta.

LOS PERIODOS DE DARÍO

No olvida las raíces panameñas. Algunos biógrafos dividen esa valiosa existencia en cinco etapas. A la (1880-1886) se le denomina periodo nicaragüense, en la que aprende de forma autodidacta las corrientes literarias y se matricula en la construcción de un pensamiento nacional, paisajista, cívico, amoroso, incluso antiimperialista.

Su primer contacto con los panameños data del segundo periodo llamado ‘chileno' (1886-1889), cuando viaja a esa costa del Pacífico, recalando brevemente entre nosotros en mayo de 1886. Guarda impresiones no muy agradables del puerto colonense, dominado por la lengua inglesa, y el deterioro de sus calles y viviendas, unido al ruido golpeador del habla caribeña, nada similar al cultivado castellano de sus tierras.

Allá en Chile conoce la ciudad y las corrientes literarias europeas, publica su libro Azul (1888) fundador de la nueva etapa literaria en lengua castellana, el modernismo. Conoce en esas tierras al escritor istmeño Darío Herrera, quien es uno de los primeros en matricularse al modernismo.

Para mayo de 1889, hace contacto amistoso con los escritores panameños a su regreso de Valparaíso. Es con esta tercera etapa -que abarca 1889-1893- donde experimenta literariamente con el verso y el cuento, madurando estilísticamente.

Rodrigo Miró establece su arribo a la ciudad de Panamá en diciembre de 1892. El poeta viene de España, donde representó a su patria en las fiestas del Centenario de Colón, donde también fue breve su estadía

POETA ERRANTE

A su regreso en abril, acompañado de su esposa, recibe el nombramiento de Cónsul de Colombia en Buenos Aires, Argentina, donde se dirigía, iniciándose de esta manera su etapa argentina (1893-1898). Sin embargo, antes de partir, se quedó entre nosotros mes y medio.

En el semanario El Cronista escribió con agudeza sobre sus impresiones humanas y describe el paisaje natural. En las visitas a los escritores panameños habla del afianzamiento de su amistad con Darío Herrera, Guillermo Andreve, Amelia Denis, entre otros. Al partir con su cargo se le entregó una suma diplomática por valor de dos mil cuatrocientos dólares, la suma más grande que recibiera en su vida hasta ese momento.

A su retorno, en noviembre de 1907, se hospeda en el Hotel Central, donde le visitan Guillermo Andreve, Ricardo Miró, el poeta Dutary y Hazera, entre los más sonados del momento.

Miró quedó impresionado de sus narraciones, de las nuevas tendencias literarias, entre comidas, recitales, visitas a casas de honorables damas, como la señorita Joaquina Diez, a quien dedicó un poema en su álbum.

Incluso se narra la visita al poeta Jerónimo Ossa, a quien conoció el poeta nicaragüense en Chile, siendo el panameño nuestro representante diplomático en esas tierras hermanas.

Andreve recibe de Rubén un soneto titulado Luz y Vida. Miró dedicó dos sonetos al bardo visitante, ambos publicados después en la revista cultural Nuevos Ritos , cuya dirección recaía en nuestro joven bardo desde hace un tiempo.

El vate parte para no retornar a la patria de su abuelo el 19 de noviembre, pero sus escritos los enviará a sus amigos panameños, quienes publicarán en varias revistas y diarios locales.

Esa será ya, la etapa final de su vida, la cual transcurre entre España, Francia y breves estadías en nuestra América (1898 - 1916), venciendo, imponiendo el movimiento literario surgido en América; matriculándose para dirigirla en la llamada generación del 98, española e hispanoamericana, a quienes forma en el nuevo lenguaje modernista.

Rubén observa con dolor la intervención estadounidense en su patria, que primero obliga a renunciar al presidente liberal José Santos Zelaya en 1909, luego con la invasión armada en 1912, donde cae defendiendo su tierra el general Benjamín Zeledón (tatarabuelo de nuestra escritora Gloria Guardia); y la reinstauración de la oligarquía conservadora.

CREACIÓN Y TUMULTO

Eran tiempos difíciles. Otro americano-chileno, Vicente Huidobro, expone su teoría estética en Buenos Aires en 1916: el creacionismo; mientras en Europa, el rumano Tristán Tzara, funda ese mismo año su escuela, el dadaísmo.

Luego vendrán las corrientes futuristas, ultraístas, y vanguardistas. Pero en esos tiempos reina América con el modernismo. Con esta corriente Rubén Darío aniquiló el clasicismo. El barroquismo partirá a la eternidad el 6 de febrero de ese año. Fue Octavio Paz quien sostuvo: ‘Sartre denuncia la literatura como una ilusión. Escribimos porque no podemos vivir como quisiéramos. La literatura es la expresión de una falta, el recurso contra una carencia'.

También es cierto lo contrario: la palabra es la condición constitutiva del hombre. Es un recurso contra el ruido y el silencio insensatos de la naturaleza y la historia, pero así mismo es la actividad humana por excelencia. Vivir implica hablar y sin habla no hay vida plena para el hombre. La poesía, que es la perfección del habla (lenguaje que se habla a sí mismo) nos invita a la vida total.

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FICHA BIBLIOGRÁFICA

A lo largo de su carrera, Darío publicó un sinnúmero de obras

AZUL (1888)

  • Libro de poemas y cuentos, considerado como una de las obras más relevantes del modernismo hispánico.

PROSAS PROFANAS (1896)

  • Su publicación propicia la ruptura definitiva con los cánones del lenguaje poético tradicional.

CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA (1905)

  • Poemas intimistas donde se exaltan los valores latinoamericanos.