La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Cultura

Luis Camnitzer volvió a Panamá para enseñarnos a desaprender

Conversamos con uno de los líderes del conceptualismo latinoamericano, quien dictó un seminario sobre arte y educación a su paso por Panamá

La primera vez que Luis Camnitzer vino a Panamá, fue para presidir el jurado de un concurso de belleza.

El artista panameño residente en Inglaterra, Humberto Vélez, lo había convencido para que colaborara en un singular proyecto de arte y educación que consistía en escoger a una ‘Miss Education' dentro del Miss Panamá 2013. Un nuevo título que desafiaba el concepto que se tiene de ‘belleza' en este tipo de certámenes.

En marzo de este año, el artista y educador fue invitado por la fundación Casa Santa Ana, que fomenta el arte contemporáneo y contribuye a la revitalización del barrio homónimo, para que dicte una charla y tres sesiones intensivas a un selecto grupo de 15 artistas.

Su primera charla pública ‘Cuando las palabras ARTE y EDUCACIÓN no alcanzan', se realizó en el Teatro Anita Villalaz y La Estrella de Panamá dialogó con el maestro en torno al tema.

EL ARTE ESTÁ EN TODO

El propósito de la charla, según Camnitzer, es descolocar a la gente de los parámetros rígidos en los que están ubicados. Esto le parece una función ‘pedagógica' pero también ‘artística'.

‘Cuando hago una obra, trato de lograr eso. Cuando trato de dar una clase, trato de lograr eso. Y para mí en realidad no hay diferencia entre una y otra cosa. Para mí nunca hubo un conflicto entre enseñar y hacer arte', expone.

En la biblioteca del American Trade Hotel se filtra un sol que despide el verano y Camnitzer recuerda que algunos de sus colegas, a diferencia de él, resentían estar en un aula dictando clases.

‘Hay una fragmentación en la gente —se lamenta— piensan que enseñar es una cosa, leer es otra, nadar es otra, comer es otra, y para mí es todo una gama continua'. Para el maestro, uno de los pioneros del arte conceptual, es mucho más sano verlo todo como una misma actitud que se despliega a través de distintos medios, en lugar de definirse a través del medio.

‘El arte es la forma de adquirir conocimiento, dentro de la cual hay categorías, una es la ciencia, la otra es tal cosa... pero es la super manera, y la tenemos todos', puntualiza.

CONCEPTUALISMO

Una cosa es el arte conceptual que, en realidad, es un estilo formal de Estados Unidos y Europa, y del que Camnitzer nos habla más adelante. Pero también está el ‘conceptualismo', que para él es otra cosa: una estrategia de resolver problemas y de mirar a todas las cosas como soluciones a un problema

‘Si yo miro un objeto, una silla, un florero, lo que sea, lo veo como solucionando un problema que yo tengo que identificar para juzgar si ese objeto está bien hecho', dilucida.

En este oleaje nos encontramos con las creaciones de Luis Camnitzer. Lo que le interesa es encontrar un problema interesante, que a lo mejor nadie resolvió o nadie se propuso, o quizás se lo propuso pero no lo resolvió a su satisfacción.

‘A veces hago algo que no sé por qué lo hago, entonces trato de ver a qué problema se lo puedo encajar', comenta.

RELACIÓN CON LOS PROBLEMAS

Para el maestro, hay problemas que resuelve hablando con gente, lo cual se traduce a una clase. Hay otros problemas que resuelve exponiendo obras de otro artista, entonces se descubre como curador. E incluso existen problemas que resuelve haciendo obra, y por lo tanto es artista.

‘Pero no me importan esos títulos —se sincera—, me importa la relación que tengo con el problema y cómo lo ejecuto'. Es lo mismo cuando escribe. ‘En general, escribo para averiguar cosas, no para declarar', expresa. De allí que recurra al género del ensayo.

En estos momentos, revela a este diario, está escribiendo sobre revolución y utopía, dice con una expresión de humor en el rostro. ‘Un poco revisando el fracaso de las revoluciones en las que creíamos en los años sesenta, y tratando de ver qué hacer con eso'.

‘Un error de todas las revoluciones que conozco es que nunca integraron el arte', sentencia. El arte que usaban en las revoluciones, describe, era uno muy convencional, nunca se desarrolló un arte revolucionario que mantuviera viva la política revolucionaria.

Y no se refiere tanto a una imagen o a una ilustración. ‘Si la revolución te rompe los esquemas tradicionales, conservadores, el arte está para romper los esquemas perceptuales conservadores, tradicionales, y liberarte, en todos los niveles'.

IDEALIZACIÓN DEL HOMBRE

Por eso es que le interesa el conceptualismo. Pero aquí hay otra limitación: la creencia en el poder del individuo.

‘Por un lado, sí, puede catalizar a otros individuos, pero no necesariamente cambia la cultura', dice. Cada artista, para Camnitzer, es un granito de arena en la montaña que junto a otro granito de arena hacen la montaña.

Pero en nuestra cultura le asumimos un poder al granito de arena a través de la autoría y la firma. ‘La cultura es una actividad colectiva y, en última instancia, anónima', advierte.

‘Estamos viviendo el mito del individuo competitivo, que le gana a los otros individuos —desglosa— pero eso no tiene nada que ver con la realidad. Tiene que ver con el mercado, pero no con la realidad'.

En 1972 presentó la obra ‘Pintura Mura Original' que exhibe dos rectángulos grises gigantes pintados en una pared blanca. En uno, se ve una factura que cobra los materiales y la mano de obra. En el otro, está la firma de Luis Camnitzer y una lista de valores como ‘comisión para el galerista' y ‘honorarios del artista'. El primero vale unos cientos de francos suizos, el otro varias docenas de miles. Con esto el autor trataba de desmitificar esa parte artística a la que se le atribuye un valor desmedido.

El arte hoy

En términos técnicos, para Luis Camnitzer el arte está menos en una camisa de fuerza. ‘Un asunto es que la obra de arte hoy tiende a requerir menos márgenes de atención, o sea, más espectacular, la ves y ya está, y en ese sentido te hace más pasivo no más activo', menciona sin el ánimo de generalizar.

Cuando había una narrativa compleja y el cuadro era más ilustrativo, te obligaba a pararte en el cuadro y a entender la narración. ‘Eso no me interesa como arte, pero como relación, la contemplación me parece que está bien, y eso se está perdiendo', adiciona.

‘El problema hoy también es que el arte es muy referente del arte, entonces si no conocés las referencias, te quedás afuera, y si las conoces estás bien', plantea.

Pero lo más importante, destaca, es que todo el mundo asume que hay ‘un público distinto', en lugar de entender que hay infinitos públicos. Para entender una obra, muchas veces hay que pasar por el decantamiento de toda la historia del arte que acontece hasta esa obra.

FORMAS LIBERADORAS DE EDUCAR

La base del modelo educativo que propone Camnitzer, y que vino a compartir a Panamá, lo ejemplifica mencionando las escuelas italianas de la ciudad Reggio Emilia

‘Hay que aprender sin tener miedo a desaprender —sintetiza—. No es una frase usual en la enseñanza, pero para mí es como muy reveladora'.

Para el maestro es como cuando uno compra un programa para computadora. Ese poder ‘desinstalar' cuando ya no te sirve, es el núcleo. ‘En la enseñanza no te dejan desinstalar, y como es muy difícil desinstalar, mejor que te enseñen en una forma que no haya necesidad', define.

Con eso resume la filosofía, y para eso hay que cuestionar constantemente. Parece utópico, pero esto no es ningún problema para él.

‘La utopía es importante no para lograrla sino para saber qué es lo que estás haciendo —sentencia—. Una cosa importante es saber a qué le sirve lo que estoy haciendo, ¿me sirve a mí o le sirve al otro? ¿si le sirve al otro me importa que le sirva al otro o me jode? Y esas preguntas no te las enseñan, pero ese proceso es fundamental ya en el jardín de infantes: ¿por qué me hacen hacer esto?'.

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ARTISTA

La evolución de un maestro contemporáneo

Su primer recuerdo con el arte es el desconocimiento. En la escuela primaria, una maestra le asignó un proyecto y él no sabía qué hacer.

Hace una pausa y suelta una carcajada. ‘Era muy frustrante, nada, realmente no sabía qué hacer, quedé congelado'.

Luego iría amasando plastilina y figuras. A los 16 años entraría a Bellas Artes, en Uruguay, país en el que creció, porque sus padres creían que le ayudaría a desenvolverse mejor en Arquitectura, la carrera que en realidad querían para su hijo nacido en Lübeck, Alemania.

‘A los 17 años más o menos vi, bueno, esto (el arte) no es la habilidad manual. Hay luz, hay volúmenes —estaba en una clase de escultura—, y ahí fue que diferencié lo que es artesanía manual, y lo que es creación artística'.

En una conversación en la capital istmeña, cuya arquitectura definiría el arquitecto Darién Montañéz como ‘feoclásica', Camnitzer recordaría una ‘consciencia' que tuvo en su etapa académica.

Cuando estaba en la facultad de arquitectura en Montevideo, había una jardín en el que el arquitecto había hecho con mucho cuidado los caminos con piedra laja, pero al lado tenía los caminos de pasto con huellas de pisadas de la gente.

‘Eso me ilustró el problema', dice. ‘Me di cuenta que la arquitectura no se trataba de diseñar espacios para otros, sino de más bien enseñar a otros a diseñar sus propios espacios'.

Para el maestro del arte conceptual, la rebeldía de quien cruza un camino por las áreas verdes, es el rechazo a la imposición. ‘Y para eso no había mercado en Uruguay', añade riendo. En 1964, después de cuatro años en Arquitectura, se muda a Nueva York, se había desprendido del arte figurativo, y se sumerge de lleno al arte conceptual y la educación, labor que hoy se le reconoce a nivel mundial.

Sobre el arte conceptual, explica: La obras conceptuales son participativas no en el hecho de que el que lo ve haga algo, pero participativas en el sentido que la obra se resuelve en la mente del espectador y no en la obra misma. Ahí hubo un quiebre en la historia del arte porque hasta ese momento el dialogo era entre el artistay el material o entre el artista y el objeto