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12 de Aug de 2020

Cultura

El Caño, la gran necrópolis de Coclé

El sitio arqueológico es un rico legado de los pobladores que habitaron en el istmo hace mil años

Las más recientes excavaciones en el sitio arqueológico El Caño, en Coclé, han puesto en evidencia que el centro ceremonial de esta necrópolis estaba construido en madera. ‘De éste solo se conservan las huellas de sus postes', indica la doctora en antropología Julia Mayo, directora de la Fundación El Caño.

De esta área ceremonial ha quedado una calzada que conecta el cementerio con Río Grande, dos alineamientos de columnas de basalto y un grupo de esculturas.

Mayo tiene más de una década estudiando este sitio arqueológico en donde reposan los restos de una importante necrópolis del pueblo indígena coclé, construida alrededor del año 700 d.C y usada a lo largo de 300 años.

La primeras excavaciones en el lugar datan de 1926, cuando el coleccionista estadounidense Hyatt Verril buscaba piezas para el Museo del Indio Americano, Heye Foundation, en Nueva York.

El material, que incluía cerámicas y esculturas reposa en el Cultural Resource Center del Instituto Smithsonian en Washington D.C.

A finales de la década de 1950, el sitio fue excavado por el estadounidense Gerald Doyle, quien encontró un entierro cerca de uno de los alineamientos de monolitos.

No es hasta 1973, cuando el ingenio azucarero La Estrella preparaba el terreno para sembrar de caña de azúcar, que el sitio vuelve a tomar relevancia debido a hallazgos de material arqueológico.

En ese momento, la Dra. Reina Torres de Arauz intercedió para que el ingenio cediera al Estado las 8 hectáreas que conforman el parque.

Desde entonces, el sitio ha estado abierto a múltiples excavaciones y uno de sus custodios es la Fundación El Caño, una organización sin fines de lucro que se dedica al resguardo y estudio del área.

BAJO LA LUPA

En la actualidad , la directora de la fundación analiza los huesos humanos de las tumbas T4 y T7, para trata de identificar las circunstancias de sus muertes.

Hasta el momento, el análisis de los huesos ha puesto en evidencia la existencia de marcas producto de violencia no ritual - tajos sin patrón- en la T4 y marcas rituales - cortes y tajos que muestran patrones localizadas en el cuello del fémur o próximo a los cónidilos , en el occipital y junto a las apófisis mastoides- en la T7.

Además, Mayo ha observado la relación entre el número de cuerpos enterrados dentro de una misma fosa y dos parámetros de riqueza, la cantidad y variedad de objetos funerarios.

Todo indica que los entierros múltiples y simultáneos de El Caño pueden tener al menos dos orígenes: muerte por confrontación o alguna otra circunstancia violenta no programada, y muertes programadas (rituales).

Mayo también ha observado que en las tumbas que muestran marcas en los huesos que presentan patrones, existe una relación entre el número de individuos y la riqueza de la tumba en términos de variedad de artefactos.

‘Esto significa que la vida humana era por entonces un bien de prestigio', explica la doctora en antropología. El resultado de esta investigación será presentado en el 56º Congreso Internacional de Americanista, que se celebrará en Salamanca del 15 al 20 de julio del año próximo.

‘El análisis al microscopio de los huesos humanos nos ha permitido observar que en las tumbas menos ricas, pero que de igual modo contienen entierros múltiples simultáneos, las marcas en los huesos fueron hechos con hachas o azuelas y están localizadas en las epífisis de los huesos largos del cuerpos o cráneo. Son marcas que no presentan un patrón, aparecen aleatoriamente en diferentes partes de los huesos. Nosotros las interpretamos como producto de enfrentamientos armados, de peleas', afirma Mayo.

Sin embargo, añade, en las tumbas más ricas, las marcas en los huesos muestran un patrón. Son en su mayoría cortes hechos con cuchillos de piedra y aparecen siempre en el cuello de los fémures y en los huesos del cráneo, junto a las apófisis mastoides o en el hueso occipital.

Además la T7, una sepultura especialmente rica, se han encontrado restos óseos de individuos incompletos y miembros sueltos lo que indica que fueron desmembrados. Todas las marcas son posteriores a la muerte y tienen que ver con el tratamiento funerario que recibieron las personas sacrificadas.

RELACIÓN CON SITIO CONTE

El Caño se encuentra a 2.5 km del cementerio de Sitio Conte, en Coclé.

En 1988, el arqueólogo panameño Carlos Fitzgerald, excavó en los montículos M3 y M4 de El Caño y llegó a la conclusión de que éste era parte de un sitio multicomponente y multifuncional, y que junto a Sitio Conte eran probablemente dos aspectos de un mismo centro ceremonial regional.

‘Durante muchos años este lugar fue visto como el único cementerio de la jefatura de Río Grande y El Caño era interpretado como su ‘centro ceremonial'. El descubrimiento en El Caño de grandes tumbas con entierros múltiples simultáneos y ricos ajuares funerarios ha puesto en evidencia que fue también un cementerio', explica la doctora Mayo.

Un estudio reciente sobre el orden social en El Caño y Sitio Conte ha demostrado que estos dos lugares pertenecían a dos comunidades diferentes, ya que la manera en que organizaban sus espacios funerarios eran distintos.

En ese sentido, el cementerio de El Caño tenía un área reservada para el entierro personas de estatus alto y un espacio aparte para personas de estatus bajo.

Mientras que en Sitio Conte ricos y pobres compartían los mismos espacios en el cementerio.

Por otro lado, los entierros de niños ataviados con ricos ajuares funerarios encontrados en El Caño indican que ellos heredaban el estatus social de sus progenitores. En Sitio Conte no fueron hallados entierros de niños de estatus alto.

En los últimos años se ha investigado además la forma en que se desarrollaban los rituales funerarios, dice Mayo. Para ello se han analizado los depósitos localizados dentro de las fosas.

‘Gracias a este estudio se ha podido constatar que los familiares de los difuntos no abandonaban sus tumbas, sino que pasado un tiempo, y durante varios años, regresaban a ellas a depositar ofrendas. Éstas tenían como fin el que las almas de los difuntos lograsen transcender y llegar al más allá' .

Análisis comparativos entre El Caño y Sitio Conte indican que aunque diferentes, compartían las mismas tradiciones. Debido al hallazgo de niños enterrados con símbolos de alto estatus, se pudo constatar el segregacionismo socioeconómico de los coclé, la existencia de al menos una sociedad estratificada, fuertemente dividida, entre los que tenían riquezas y poder, y los que no lo tenían.

Para la doctora Mayo, estas dos necrópolis son un indicador de la existencia de una rivalidad competitiva entre estas dos comunidades.

‘La rivalidad competitiva es el tipo de circunstancias que podrían haberles llevado a organizarse como reinos o estados con el tiempo', señala.

A juicio de la investigadora, las necrópolis de la cuenca del Río Grande en Panamá, prometen ser de los sitios más importantes para el estudio de las relaciones políticas regionales entre los grupos que habitaron el istmo y los factores involucrados en el origen de los estados en América.

‘A futuro -puntualiza Mayo- nos gustaría investigar cómo estas dos sociedades se relacionaban porque, como decimos atrás, pensamos que siguiendo esa línea de investigación, podremos a futuro, encontrar en ello información para fundamentar un modelo que explique el origen de los estados y reinos del continente americano. Este será el objetivo principal del proyecto en los próximos años'.

EL CAÑO EN CIUDAD DEL SABER

El Centro de Investigaciones Arqueológicas del Istmo está ubicado en Ciudad del Saber. Es un pequeño laboratorio donde se analizan y restauran los materiales rescatados en las excavaciones de la Fundación El Caño. Es la plataforma que el grupo de investigadores y algunos estudiantes usan para poder trabajar, asegura Julia Mayo. El producto de su trabajo allí es accesible al público desde otra plataforma del proyecto, una virtual, el repositorio de datos y se puede acceder a través de www.oda-fec.org/nata

2021

A FUTURO

La Fundación El Caño tiene como plan continuar las excavaciones e investigaciones en el área ceremonial al menos hasta el año 2021. ‘Pretendemos reconstruir esta parte de la necrópolis una vez conozcamos cuales eran las dimensiones y formas de las estructuras de madera que hace 1,000 años se construyeron allí. Además queremos recuperar el museo del sitio, administrado por la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico, para convertirlo en uno de los mejores museos del país. Esperamos que la colaboración conjunta entre miembros de la fundación y los funcionarios del museo dé como resultado un mejor rendimiento en su desempeño y que el caso de El Caño sirva de modelo para otro museos regionales administrados por el Estado. Nuestra ilusión es ver conseguidas las metas propuestas a SENACYT, y su plan de Investigación + Desarrollo, de convertir a El Caño en una comunidad fortalecida en lo social y en lo económico, gracias a la arqueología y demostrar con ello al Estado que merece la pena invertir I+D y en cultura'.

Para conocer más sobre el proyecto del nuevo museo o hacer alguna donación puede escribir a alexahancock@fundacionelcano.org