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22 de Oct de 2019

Cultura

La música es un idioma universal

El violinista y profesor Mario Rodríguez cree que las personas no necesitan conocer sobre compositores ni piezas para poder apreciar la belleza del arte

La iglesia San José de El Valle de Antón estaba repleta de visitantes antes de la acostumbrada misa dominical. Aquél 28 de enero un grupo de jóvenes músicos, integrantes del Campamento Musical Juvenil de la Asociación Nacional de Conciertos (ANC) interpretarían un recital de música clásica.

Niños, jóvenes, adultos y ancianos, unos con vestimentas descomplicadas y otros más casuales, se fusionaban dentro de un público hipnotizado por las sutiles y dramáticas notas musicales. Lo de menos era intentar descifrar qué compositores eran los creadores de aquellas magistrales piezas. Todos se dejaban llevar, en silencio, por la armonía de los vientos y las cuerdas.

Para el violinista costarricense Mario Rodríguez, uno de los profesores del campamento, la música es, en efecto, un idioma universal que une a la gente. Un lenguaje que hace feliz a las personas incluso sin entenderlo, solo sinténdolo.

Esa es la razón por la que cree que las personas deben perder el miedo a escuchar música clásica y abrirse a presenciar más conciertos de este tipo, como los que tiene programado el campamento en su trigésimo tercera versión que culminará el próximo 3 de febrero.

EL ARTE TRANSFORMA

De sus 55 años de vida, Rodríguez lleva 30 como profesor y violinista del primer conservatorio de América Latina, el Conservatorio Sinfónica Juvenil de Costa Rica, y de la Sinfónica Nacional de Costa Rica, que el pasado mes de noviembre mereció un Latin Grammy como Mejor álbum de música clásica con el disco ‘Música de Compositores Costarricenses Vol. 2.'.

UN MÚSICO, UN MAESTRO

El costarricense Mario Rodríguez tiene una larga hoja de vida

Estudió música en Rusia, en los conservatorios de Tchaikovsky, en Moscú, y Rimsky, de San Petersburgo.

Lleva 30 años como profesor y violinista de la Sinfónica Nacional de Costa Rica, que el pasado mes de noviembre mereció un Latin Grammy .

Hace 25 años es profesor de los campamentos de la ANC, en la fase inicial.

Sus dos abuelos tocaban piano y en su familia era prohibido no leer. Creció en un ambiente culto.

Desde las instalaciones de la Escuela Manuel Espinosa Batista, sede de la Escuela Juvenil de Música de Panamá donde este año los músicos realizan los ensayos, antes de iniciar las clases Rodríguez recuerda algunos episodios con la sinfónica de su país que argumentan su tesis de que la música une y transforma.

Junto a sus 79 compañeros de la orquesta, Mario ha llevado su arte a diferentes tipos de comunidades, en especial las de difícil acceso o a las poblaciones más vulnerables, ‘para darles otra visión de la realidad'. ‘Hemos tocado en comunidades indígenas donde muchos de sus habitantes casi ni hablan español, y es extraordinaria la reacción porque la mayoría nunca habían visto instrumentos y menos una orquesta en vivo. Es soprendente el nivel de atención que ponen, la curiosidad que les despierta y cómo algunos se interesan por estudiar el arte', expresa.

También le ha impactado tocar en cárceles, pues siente que a pesar de las circunstancias la gente se deja conmover por las notas musicales. ‘Estábamos con un grupo de reclusas rodeadas de policías y fue increíble ver cómo se les transformaba el rostro a medida que nos escuchaban, parecían otra gente y ya se comunicaban entre ellas sin golpes. Muchas incluso lloraban de alegría', rememora.

Rodríguez opina que la música es una de las formas más efectivas de sacar a la gente de las calles y darles una oportunidad. ‘La educación y la cultura es la salvación del mundo, es la única forma en la que nuestros países latinoamericanos saldrán de las crisis en que están'.

TRABAJAR CON NIÑOS

Rodríguez ha sido profesor del Campamento Musical Juvenil en la fase A o inicial por más de dos décadas.

Este año, dirige junto al profesor panameño Jorge Oliva, un grupo de 60 niños y jóvenes, entre los 7 y 18 años de edad, quienes interpretarán arreglos de música panameña y de grandes compositores como Mozart durante el concierto de clausura, que se llevará a cabo el 2 de febrero en el Centro de Convenciones de Ciudad del Saber.

Comenta que lo difícil de trabajar con cualquier niño es tratar de enseñarle disciplina, que tocar un instrumento exige constancia. ‘No es un asunto, como se pensaba antes, que un día se amanece inspirado y se pone a tocar. Los músculos necesitan entrenamiento para ponerse en forma', expresa.

No obstante, para él significa una satisfacción ser parte del proyecto porque es evidente la importancia y el nivel de interés que se ha despertado dentro de la sociedad. ‘Que ahora vengan más profesores, que haya más estudiantes, que vaya más gente a los conciertos y que haya cobertura en los medios, es fantástico', comenta Rodríguez.

También es más palpable la evolución de los estudiantes, del campamento y de la música clásica en general. ‘Cuando comencé, para preparar una piecita ocupábamos casi una semana entera de trabajo, terminaba uno frustradísimo y los chiquitos salían desesperados porque normalmente no pasaba nada. Hoy la podemos montar en una hora'.

Reconoce que el avance se debe a que los profesores en Panamá tienen un nivel mucho más alto ahora. En gran parte eso ocurre porque muchos de ellos son excampistas y al estar en contacto con profesores de altísimo nivel (que son invitados cada año), tuvieron la iniciativa de también elevar ellos su nivel y la mayoría ha ido a estudiar música a otros lugares.

También destaca que en el país la música clásica ha evolucionado mucho y es más real el concepto de Industria Creativa. ‘Panamá ahora es otro país. Cuando comencé a venir no había tanto interés en la cultura y la educación, ahora lo veo palpable cuando hacen todo tipo de eventos culturales y la gente responde a eso. Nosotros en cierta forma somos parte de eso', apunta Rodríguez.

La iniciativa de realizar un campamento musical de verano fue ideada por Terence Terry Ford, quien quiso fortalecer el nivel musical de los músicos panameños y ayudar a la difusión de la música clásica en Panamá. El primero se hizo del 15 al 23 de febrero del año 1986 en Villa Mary Cruz, en el Valle. Desde ese entonces hasta la actualidad se imparte disciplina, responsabilidad y trabajo en equipo, con ayuda de profesores panameños, en su mayoría excampistas, y de conservatorios reconocidos a nivel internacional.

Alrededor de 4 mil niños y jóvenes han sido beneficiados con el proyecto.