24 de Sep de 2022

Cultura

Gracias y buen viaje, maestro Francisco Velásquez

Un homenaje al guitarrista que deja una vasta obra poco conocida y que supo alimentar el talento de toda una generación de estudiantes

Gracias y buen viaje, maestro Francisco Velásquez
El Maestro Francisco Velásquez falleció el pasado 18 de septiembre.

Resulta imposible hablar de guitarra clásica en Panamá sin mencionar el legado que ha dejado el profesor Francisco Velásquez. El maestro dejó de existir físicamente el 18 de septiembre de 2018, a los 70 años de edad. Su fecunda obra y sus enseñanzas lo mantendrán entre nosotros por siempre.

Francisco Velásquez, guitarrista clásico, concertista, violoncelista, arreglista, compositor, gestor cultural y docente, plantó las bases de varios proyectos emblemáticos para la guitarra en Panamá. Uno de ellos, la Academia Científica y Moderna de la Guitarra, fue un movimiento clave y de fuerte influencia para muchos de los que, siendo sus estudiantes, sorbimos el sentimiento que guardaba hacia la guitarra: la entendía como una forma de expresión y visión de vida; la expresión del alma propia.

Conocí al maestro en esa edad determinante de la adolescencia, tiempo en el que se forja el carácter y se definen con mayor claridad los propios perfiles. Había crecido escuchando las sonoridades de la guitarra clásica a través de la colección de discos de mi padre, los cuales despertaron en mí una curiosidad por acercarme a este instrumento.

A los 16 años, motivada por mi madre, llegué a estudiar a la Academia de Francisco. Se aplicaba allí un sistema diseñado por él, en el que los estudiantes recién llegados (novatos) eran recibidos y guiados por estudiantes de mayor nivel (asistentes). Sólo después de haber completado diversos requerimientos técnicos y de repertorio, se nos permitía estudiar con el maestro. Recuerdo esa sala donde concurrían guitarristas de diversos niveles, en un incesante intercambio de sonidos, pasajes repetidos, digitaciones, piezas en proceso de montaje.

Así, Francisco facilitó un espacio en el que se generaba entre los estudiantes un sentido de admiración y hasta una sana competitividad, no sólo por llegar a estudiar con él, sino también por ser audiencia de los asistentes o estudiantes avanzados, quienes tocaban piezas que hasta el momento únicamente habíamos escuchado en los discos de Alirio Díaz, John Williams o Segovia.

Sus asistentes de esos tiempos, Joaquín Rodríguez, Fernando Almanza y en ocasiones hasta su hermano Luis Velásquez, se encargaron de mostrarme el camino para llegar a estudiar con el maestro. Casi un año después, y luego de tres libros de Pujol, mi esfuerzo obtuvo recompensa.

Sus clases marcaron mi historia personal y aún desafiando opiniones contrarias, quise dedicarme de lleno al estudio de la guitarra clásica. En los años siguientes, junto a un grupo de jóvenes estudiantes, entusiastas de la guitarra, participé en varios de sus proyectos y eventos.

¡Cuántos de nosotros recordamos el trabajo de producción y puesta en escena del Festival de Guitarra Manuel López, creado por Francisco y presentado en el auditorio del extinto Museo del Hombre Panameño!

Personalmente, recuerdo con afecto entrañable, la oportunidad que representó para mí a los 18 años, el presidir la organización de estudiantes de guitarra y conducir el primer festival como maestra de ceremonia.

Lo destacable de Francisco era no solo su dedicación como maestro de guitarra, sino también su liderazgo, su capacidad de empoderar e infundir en sus estudiantes la disciplina y el sentido de compromiso y proporcionar las estrategias de organización para hacerle frente a desafíos como éste.

Francisco Velásquez fue formador de una generación entera de guitarristas que a su vez continúan su labor docente (Gabriel Tapia, Teresa Toro, Antonio José Benítez y Gelasio Morales (q.e.p.d), entre otros).

‘Lo destacable de Francisco era no solo su dedicación como maestro de guitarra, sino también su liderazgo, su capacidad de empoderar e infundir en sus estudiantes la disciplina y el sentido de compromiso...'.

Invaluable es también su aporte como arreglista y compositor. En una ocasión, siendo parte del Conjunto de Cámara Guitarras Panamá, tuvimos la oportunidad de tocar en el Teatro Nacional su transcripción y arreglo para siete guitarras y requinto del concierto para cuatro clavecines y cuerdas de J.S. Bach en La menor BWV 1065. Su labor cruzó las fronteras del país y le llevó a realizar varios conciertos y seminarios internacionales.

Tuve el honor de acompañarle en una de esas giras, como parte de un trío formado por él y el Dr. Disney Fajardo, que ofreció siete conciertos en importantes salas y escuelas de las Antillas Holandesas (Aruba, Bonaire y Curacao). Sus constantes recitales y conciertos como solista, a dúo, o con la Orquesta Sinfónica, se transformaban también en grandes espacios de docencia; ya que convertía los ensayos con destacados músicos como el maestro Luis Efraín ‘Pin' Castro y el maestro Eduardo Charpentier, en clases magistrales de apreciación musical.

Después de su estadía en Panamá, el maestro decidió instalarse en Boquete, Chiriquí. Allí Francisco le apostó a la educación pública y social como fundador de la Escuela de Música de la Unachi y de la Escuela Gatma Internacional, una herramienta de formación y proyección cultural a la comunidad.

La inmensa obra de Francisco Velásquez se nutre de la tradición clásica y de las formas del folclor panameño y latinoamericano. Compuso no menos de ochenta trabajos para guitarra sola, guitarra y orquesta, orquesta de cuerdas, grupos de cámara, grupos corales, etc. Caracteriza su obra la riqueza del lenguaje armónico, su pensamiento melódico y contrapuntal, que explora a profundidad los recursos técnicos y sonoros de la guitarra de seis cuerdas, ofreciendo un delicioso desafío a sus intérpretes.

En Paraguay, hay un Agustín Barrios Mangoré. En Panamá, nos queda el legado de Francisco Velásquez; un legado que se presenta ante nosotros casi como un bosque virgen, para servirnos como referente y ser apreciado en toda su magnitud.

Francisco me enseñó el valor y el respeto por la música, dejándome como legado una fascinación por ese instrumento que hasta el día de hoy conservo. Gracias y buen viaje, maestro. De seguro estará con su guitarra representando a la tierra en ese recital interestelar con el cual soñaba.

La autora es guitarrista, productora y consultora en mercadeo y gestión del conocimiento.