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18 de Oct de 2019

Cultura

Gabriela Esplá, la niña que dudó del arte

Su íntima rebelión le permite abrir esporádicas ventanas, y desde allí admira los cuadros del artista panameño Juan Carlos Marcos, curiosidad que le abre la oportunidad a tímidas reflexiones

Gabriela Esplá, la niña que dudó del arte

Nace en Panamá en 1990, entre los olores de la trementina, el óleo de linaza y del barniz. Gateaba en el taller de su padre, donde las coloradas telas y las espátulas manchadas de brillantes colores eran el acogedor nido creado por los anhelos de Nancy y las fatigas de Nacho (sus padres). Allí, en ese lugar se cimentaba en armonía, una joven promesa de las artes panameñas del cual hoy iremos a investigar. Ella: Gabriela Esplá.

En su infantil imaginario —donde las cosas son muy claras— encontramos “los zapateós” de las clases de flamenco, donde sus enseñantes Amalia Tapia y Lil Anguizola donaban la cadencia musical a su crecimiento. También en ese lugar viven las experiencias de “las mixturas catalanas y el sentimiento bogotano”, cóctel emotivo donde una madre colombiana y un padre catalán cultivaron, en territorio panameño, las emociones de su niñez.

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    Gabriela Esplá, la niña que dudó del arte
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El conglomerado de emociones que conserva Gabriela pertenece a muchos jóvenes panameños y la multiculturalidad en la que se ha desenvuelto.

A apenas sus 10 años llegó a Barcelona —tierra paterna—. Allí la fascinación por el impresionismo, los carteles del arte moderno, el Art Nouveau con la arquitectura modernista se quedaron marcados en su memoria.

La cultura catalana se abre a sus primitivos recuerdos y representan un matiz familiar. Pero en ella —que siempre ha vivido entre los caballetes, que ha sido considerada la mascota de las clases de arte, dictadas por su madre— la opción de ser pintora no era una prioridad.

Su íntima rebelión le permite abrir esporádicas ventanas, y desde allí admira los cuadros del artista panameño Juan Carlos Marcos, curiosidad que le abre la oportunidad a tímidas reflexiones, pero son consideraciones momentáneamente, suspendidas.

Alejando el arte de su vida, decidió iniciar la carrera universitaria en Psicología en la USMA de Panamá.

Recoger basuras, sacar emociones

“Entendí que mi decisión para ser psicóloga, no era una buena, pues necesitaba algo que no recogiera la basura emotiva de los demás, necesitaba que me ayudara a deshacerme de las mías”, dice Gabriela.

Las tantas cosas van tomando sus colocaciones, comenzando a ser dirigidas —otra vez— a las primitivas pulsaciones, pues existe una parte oscura en la estimulación temprana de nuestras vidas, que yace inerte dentro de cada uno de nosotros, para sostenernos en nuestras decisiones adultas.

“Soy china, negra, indígena, soy roja, alíen, clandestina, soy pirata, soy mujer. A esta raza mixta y vieja, cholas de 'jeans' y camiseta, que se baila lo que sea y se toma lo que sea: ojalá que me agarre la noche entre ellas, sonando cumbia, con los hombros flojos y los pies pegaditos a la tierra”.

Por esos motivos existe —en esa zona oscura— las premurosas atenciones que el hogar, la familia, los maestros, presta a la belleza sublime que contienen las bellas artes… trasmitiéndolas con júbilo en la temprana edad.

Gabriela viajó a la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, para cursar en la Facultad de Arte y Diseño, una vigorosa decisión que le permitió reconciliar sus intimidades e iniciar el periplo difícil al cual siempre ha pertenecido y que a ella corresponde.

En el 2011 muere Ignacio (Nacho) Esplá. La dolorosa pérdida de su padre sucede cuando está cerrando el círculo de sus reflexiones sobre su identidad multicultural, pues Bogotá es la parte maternal de sus callados recuerdos, narrados por la dulzura de una madre que cultiva la buena literatura y el amor por las Bellas Artes.

Así como llegó Barcelona a su vida, los oníricos macondos de Nancy Calvo se derretían en sus profundas fantasías. Gabriela inicia a pintar trabajos con el frenesí, del cual marcan una atención inusual, que son los frutos de muchas experiencias trasmitidas.

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Las obras performáticas como 'Maraña', pictóricas como 'Evicción 2014', sin olvidarnos de sus iniciales presentaciones en la exposición colectiva “Poéticas Sociales” en la galería Neebex en Bogotá, son la anti-sala que anuncian el carácter firme y decisivo de esta artista panameña.

Para entender en lo profundo el trabajo de Gabriela, los invito a que recorramos el texto (de su autoría) para la presentación de la obra: “Isla al revés”- 2014, donde imagina un país —Panamá— como un opuesto lugar… sigámosla:

—“Del limbo brotó en el mar, una isla al revés, un lugar de paso. Esta condición le otorgaba, a quienes la visitaban, ese encanto de los lugares donde no quedan huellas. La isla está sometida a nueve meses de invierno duro y caliente. Cuando escampa, tras las fuertes tormentas, emergen del suelo vapores densos de humedad y calor. Esta larga estación es contrarrestada por tres meses de verano paradisíaco, de brisa salada y atardecer de colores. Sus playas no son un atractivo turístico. A esta porción de tierra la rodea, la mayoría del año, un mar verde, picado, la arena circundante, lejos de ser nacarada, esta´ teñida de negro ónix que puede convertirse luego en un gris sucio, según lo revuelto de la marea. Enseguida de la arena moteada oscura, comienza el manglar: una enredadera que va creciendo casi de repente sobre el agua salada que crea una especie de pared natural entre la playa y la selva. El palo de mangle va enganchándose a los troncos y sube hacia el interior del territorio”.

Aquí, en su exposición, su obra pictórica es un claro espejo de su narración; continuando con una sutil denuncia:

—“La selva fue quemada y talada. Otro paraíso perdido. Pero a pesar del hombre y el cemento, sigue creciendo. No solo crece, se enreda, trepa, rompe, sigue estirándose sobre la tierra. Esta fuerza tropical crece constantemente. Es brava y va tomándoselo todo. Es la resistencia misma de la naturaleza frente al cemento de la ciudad. Salen matas entre los carros estacionados, por las ventanas de entre los vidrios y sobre los techos de zinc. La jungla invade la invasión”.

Sin duda, la capacidad para usar múltiples lenguajes artísticos y para expresar sus proyectos denotan una suficiencia adquirida, que bien fue notado en su primera exposición personal en la Galería Arte Consult —Panamá—, donde presentó sus intervenciones con murales, que fueron tapados tras intercambios de opiniones con sus jóvenes visitantes.

Gabriela en su intimidad pictórica

Ella no piensa sus obras, más bien se focaliza en el contenido de sus proyectos, es así que piensa en color (celeste con naranja, para lo más curiosos). Su trabajo evoluciona poco a poco, siguiendo su propio gesto pictórico… que no debe ser confundido con el abstractismo, más bien la íntima búsqueda experimental. Su camino es, en síntesis, el de una sincera pintura que al atento observador no escapara.

Cuando realizaba esta entrevista, le pedí a Gabriela que me mandara un Whatsapp, con la respuesta de ¿quién era Gabriela Esplá? Y me envió un documento en PDF, donde había varias reflexiones, el cual terminaba con las siguientes palabras, que cerraran esta jubilosa entrevista.

“Soy china, negra, indígena, soy roja, alíen, clandestina, soy pirata, soy mujer. A esta raza mixta y vieja, cholas de jeans y camiseta, que se baila lo que sea y se toma lo que sea: ojalá que me agarre la noche entre ellas, sonando cumbia, con los hombros flojos y los pies pegaditos a la tierra”.