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21 de Jan de 2020

Cultura

Grima

Como cuando escuchas una tiza arañando la pizarra, como cuando alguien en un carro vomita y el hedor llega a tu nariz y te provoca bascas. .

Como cuando escuchas una tiza arañando la pizarra, como cuando alguien en un carro vomita y el hedor llega a tu nariz y te provoca bascas.

Así me siento hoy, porque el domingo pasado aullé en la columna llamando la atención de las feministas y feministos de morondanga y morondango. Tratando de señalar lo que estaba ocurriendo, lo que está ocurriendo, lo que ocurre cada día, en lo escondido. Cosas asquerosas que no siempre tienen nada que ver con un bofetón, con un ojo morado o un asesinato.

Porque a veces los asesinatos no los comete un arma, porque a veces basta con ser lo suficiente hijo de la gran puta y tener la suficiente paciencia y el suficiente poder como para que el arma asesina la empuñe el que está retorciéndose de dolor debajo de la bota que tú presionas cada día un poco más.

Hoy, mientras golpeo el teclado con un poquito más de rabia de la que las teclas soportan, la recuerdo a ella. A esa mujer a la que no conocí, a la que voceaba su angustia a principios de diciembre por las redes sociales, y que a mediados de enero consideró que no tenía otra alternativa más que la muerte. Pienso en esa mujer al funeral de la cual el que la empujó a la muerte llevó a sus niños, esos niños a los que no pudo ver en sus últimos días viva y que ya no va a ver nunca más.

Pienso en bailes de moda, y en violadores, y en lo a gusto que se quedan los y las que bailan, mientras estas tragedias pasan.

Es muy fácil decir 'Hay ONG's que se encargan de eso', pero cuando eres extranjera, cuando el panameño tiene el poder y el dinero, ¿cómo llegas a esa ONG? Cuando el que ha secuestrado a tus hijos y no te los permite ver te amenaza con que no los vas a ver nunca más ¿cómo denuncias? ¿A quién acudes si te han metido en la conciencia que, por haber nacido en un lugar diferente a aquel en el que has formado tu familia, no tienes ni derechos ni amigos?

No, no deberíamos dormir tranquilos por las noches pensando que hacemos todo lo que podemos, por lo menos yo no puedo. Y no puedo porque sé de lo que hablo, sé cosas, he visto casos, casos en los que la mujer ni siquiera tiene cómo llegar a la embajada del país en el que nació para poder pedir ayuda. Casos en los que gracias a un par de funcionarios una mujer logra escapar de una situación de muerte en vida. Pero es ella, es una, una sola, y hay cientos, y no hay recursos ni funcionarios para todas.

No, un baile no es suficiente. No es suficiente una pinche orden de alejamiento. ¿Alejarse de dónde si no tienes casa? ¿Cómo empiezas una vida siendo extranjera en un país en el que no es que seamos ciudadanos de segunda, sino de quinta, y no podemos acceder a más de 50 profesiones? ¿Cómo empiezas una vida si ya mediaste los cuarenta y estás desactualizada y nadie te quiere dar trabajo? ¿Cómo puedes pelear si no tienes recursos para competir en los tribunales con la vida que le ofrece tu torturador a tus hijos y por eso se los van a entregar a él, o eso te hacen creer a base de repetírtelo?

No. No me sirve de nada un bailecito, ni la chorrada de decir 'todos y todas y todes' mientras haya alguien que muera sin poder ver a sus hijos.

Columnista