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13 de Jul de 2020

Cultura

'A la concreta' no hacemos nada

Lo que nos convirtió para bien o para mal en la especie dominante en este planeta, es nuestra capacidad de coordinación, el hecho de ordenar nuestros esfuerzos en el tiempo

Ser creativo o innovador no es lo mismo que ser un improvisado. La gente tiende a confundir estos conceptos, lo que genera una distorsión sobre la cual quiero hacer mis comentarios en este espacio.

El jazz, que es el más “libre” de los géneros, es un excelente ejemplo de cómo funciona el asunto: los músicos de jazz estudian escalas y estructuras durante años, de esa forma pueden crear cosas nuevas y “creativas” que no salen de la nada, surgen del estudio y la planificación.

He escuchado muchas veces, tanto en el sector privado como en el público, a los líderes decir cosas como “a mí eso de planificar no me gusta, yo soy un líder de acción, de hacer”... vamos “a la concreta”. Detesto cuando me dicen esa expresión, el concepto subyacente a esta aseveración es que “planificar” es lo opuesto a “hacer”, idea tan arraigada y extendida que ha logrado meternos en una espiral de improvisación, falta de orden y planificación que nos tiene donde estamos... al final “a la concreta”... no hacemos nada.

Lo que nos convirtió para bien o para mal en la especie dominante en este planeta, es nuestra capacidad de coordinación, el hecho de ordenar nuestros esfuerzos en el tiempo y tener una visión del camino y cómo lo queremos lograr.

Tener la capacidad de juntar la información disponible, analizarla y luego crear un plan de acción, para después probarlo y hacerle los ajustes del caso hasta que las cosas funcionen, es lo que hace que la ciencia avance y las sociedades mejoren, y si encima somos capaces de documentar lo que hicimos, estaremos creando además conocimiento para quienes nos precedan.

Los japoneses tienen un dicho que aplica a este tema: “con el tiempo, la disciplina vencerá a la inteligencia”; el líder más inteligente, carismático y creativo no logrará sus objetivos a menos que logre crear a su alrededor un equipo dedicado, meticuloso y detallista, además de un plan que todos puedan seguir, apoyar y adaptar.

¿Cómo nos afecta que nuestra sociedad crea que planificar y hacer son opuestos? Hay pistas por todos lados. Por ejemplo, si vemos que un día pavimentan una calle y luego a la semana la rompen para poner un tubo; cuando vemos a una empresa invirtiendo en aparatos o en tecnología, pero no en las personas que van a usarlas; cuando hablamos del futuro del país, pero no invertimos en educación; cuando pensamos que las cosas deben cambiar, pero no queremos cambiar nosotros; en fin, cuando queremos llegar a alguna parte, pero no queremos vivir el proceso que se necesita para llegar, en todas estas cosas podemos ver las pruebas de lo que nos pasa como sociedad, cuando creemos que planificar es mala palabra.

Cuando la planificación se hace correctamente, la ejecución es parte del plan. Invito a quienes leen este artículo a tomarse un cafecito consigo mismos, revisen su hoja de ruta, miren bien hacia dónde van, hagan su plan a todo nivel...y luego salgan con toda la pasión del mundo a ejecutarlo, pues uno sin el otro, no tienen sentido.