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14 de Jul de 2020

Cultura

Un colonense, entre las religiones afroamericanas y la crítica de la heteronormatividad

En su obra 'Queering Black Atlantic Religions', Roberto Strongman ofrece un análisis novedoso de la corporalidad, del alma y del cuerpo, a través de las religiones afroamericanas

Un colonense, entre las religiones afroamericanas y la crítica de la heteronormatividad

Conocí a Roberto Strongman en un congreso de estudios caribeños de Berlín. Colonense de nacimiento, es hoy parte de la academia estadounidense, pues es profesor en la Universidad de California, Santa Bárbara, y ha enriquecido los estudios culturales y literarios con un excelente libro, Queering Black Atlantic Religions (Durham, NC: Duke University Press., 2019), en el que nos ofrece un análisis novedoso de la corporalidad, del alma y del cuerpo, a través de religiones afroamericanas, como el vudú, la santería y el candomblé. Es un estudio que enriquece y problematiza, que muestra cómo estas religiones no pueden ser reducidas a simples manifestaciones o prácticas de shamanismo o brujería. El asunto es mucho más complejo, más rico, y así comprendemos una verdadera cosmogonía que interpela y contrasta con las formas convencionales de comprender el universo del ser humano: más allá de la opresión heteronormativa del ser.

¿Cómo llegaste a las religiones afroamericanas del Caribe y Brasil?

Los caminos que me llevaron al estudio de la santería, el candomblé y el vudú fueron tan múltiples como los innumerables seres que conforman sus vastos panteones de dioses. En primer lugar, está el aspecto biográfico, que siempre ejerce una gran influencia en toda labor intelectual pues todo trabajo parte de una perspectiva local, puntualizada y muy humana. Yo soy colonense. Desde mi infancia, viví una experiencia caribeña deambulando por las arcadas de Calle del Frente / Front Street, vista desde los balcones de una Maison Blanche, que me enlazaba con todo un mundo de islas y costas marcadas por una vibrante cultura afro-diaspórica. Como mano de obra para las construcciones del tren intercontinental, el canal francés y los trabajos del canal estadounidense y su zona, llegaron a Colón afroantillanos de toda la cuenca caribeña, lo cual añadió una nueva sedimentación afro-diaspórica a la ya establecida presencia de poblaciones negras datando de la época colonial española. Además del español, yo crecí escuchando el inglés de jamaiquinos y barbadenses al igual que el francés y el patuá de los martiniqueses y santalucianos que vivían en Folks River. Yo nací inhalando el aire cálido y húmedo de la eterna lluvia de espiritualidades negras de la isla de mangle pantanal rellenada que es Colón: el de católicos de la Catedral y de la Miraculous Medal en calle 4 y Meléndez, el de Christchurch-by-the-Sea por el paseo Washington, el de la iglesia adventista de Bamboolane y del templo metodista de Nuevo Cristóbal que ahora, en ruinas y sin techo, parece más partenón que iglesia. Y compartiendo con todos sus habitantes en el sincretismo emanante del Nazareno de Portobelo, tótem cultural, que aunque resida en una iglesia católica, hasta el más protestante de Colón todavía lo aprecia como evidencia palpable de que Dios también es negro.

Por las vueltas que nos da la vida, sus peregrinaciones y exilios, llegué a Estados Unidos para hacer un doctorado en literatura y subsecuentemente ejercer el cargo de profesor en la Universidad de California en Santa Bárbara, donde ocupo la cátedra de literatura y religiones caribeñas, africanas y afro-latinoamericanas. Me preguntas cómo llegué a las religiones afroamericanas, pero yo me siento más bien que ellas estuvieron siempre en mi. Si puedo responderte con el pensar metafísico que he aprendido de mis investigaciones, no creo en la búsqueda de una vocación: es una pérdida de tiempo tratar de encontrarla cuando lo importante es encontrarse a sí mismo. Lo que buscamos siempre está bajo nuestras propias narices. Tú eres lo que siempre has buscado; ya eres lo que siempre has querido ser y tu única labor es avistarte y manifestarte. Estas son las buenas nuevas, el evangelio de todas las religiones del mundo, en su esencia mística, es la filosofía perenne, el cristianismo gnóstico, la sanatana dharma del hinduismo, que también se encuentra en las religiones de la gran región cultural caribeña, Brasil incluida.

“En vez de conformar el cuerpo un armazón hermético encapsulando al alma, las religiones afroamericanas ofrecen una perspectiva externalizada, en la cual las partes inmateriales del ser son múltiples y residen de forma cuasi-epidérmica a este cuerpo”.

¿Qué hace a estas religiones diferentes del modo de pensar occidental?

Las religiones de la diáspora africana se distinguen de las grandes religiones abrahámicas en su oralidad y en su énfasis en la multiplicidad. Contrastan con el judaísmo, el cristianismo y el islam en que estas no son religiones de libro y con un solo dios masculino. En la santería, el candomblé y el vudú existen un sinnúmero de deidades asociadas a rasgos personales, arquetipos, o fuerzas de la naturaleza. Ellas trascienden los binarismos: no hay diferencias entre lo bueno y lo malo, no hay cielo ni infierno, no existe un diablo que sirva de antítesis a un dios. En ellas solo existen posibilidades, Privilegian la praxis a la doxis: No es tan importante lo que creas, pero sí lo que haces. No hay necesidad de preservar una ortodoxia o hacer una profesión de fe. Es más, favorizan la adaptación y la criollización o sincretismo, que es la producción de analogías entre el material cultural suyo con el de la ideología dominante, como método de supervivencia. Sin credo ni biblias ni papas, estas religiones han mantenido una gran constancia a lo largo de los cinco siglos de la modernidad y a través del vasto Atlántico. Ellas nos enseñan que no es necesario tener un centro para crear coherencia; también una estructura modular apoyada por redes y nodos / nudos puede preservar y reproducir ideologías y prácticas culturales, filosóficas y espirituales.

¿Por qué son estas religiones 'queer'?

Estas religiones brindan una conceptualización de la corporalidad que es marcadamente diferente a la forma en que se conoce en el mundo filosófico Cartesiano-Occidental. En vez de conformar el cuerpo un armazón hermético encapsulando al alma, las religiones afroamericanas ofrecen una perspectiva externalizada, en la cual las partes inmateriales del ser son múltiples y residen de forma cuasi-epidérmica a este cuerpo. El hecho de que estas partes inmateriales residan fuera de la solidez del cuerpo implica que ellas pueden ser desplazadas por otras personalidades, lo cual explica el trance de posesión que tanto caracteriza los rituales de la santería, el candomblé y el vudú.

Roberto StrongmanCedida

Los estudios queer (del inglés: raro, homosexual) suelen ser traducidos al español como cuir (por su homofonía y por significar cuero en francés, que resalta alianzas con el sado-masoquismo). Para utilizar más de lleno el potencial que nos brinda nuestro idioma y no recaer en términos y conceptos importados, yo propongo como neologismo al castellano que repensemos lo queer / cuir como lo c/hueco, no tanto ni solamente como referente al barrio gay madrileño de Chueca, sino más bien a la aglutinación y contracción de la palabra chueco y del panameñismo e insulto reclamado 'cueco', aludiendo también a vínculos solidarios con lo hueco, homosexual en el argot de Chile y Guatemala, en su función de apertura crítica y de llenar lagunas filosóficas. Esta teoría es cueca, o maricona, en que se enfoca en los sujetos LGBTIQ+ y chueca por ser un modo de análisis cultural dislocante y políticamente zurdo –que quiere decir que es alternativo y decididamente de izquierda y siniestra– que trastorna, interroga y deconstruye procesos patriarcales, machistas y sexo-reproductivos que los sistemas sociales dominantes definen como normales e inmunes a todo cuestionamiento.

Mi trabajo estudia la manera en que la externalidad del ánima y su sacramental reemplazo por otras abre caminos para la recategorización sexual de sus practicantes al igual que inquieta y carcome a discursos hetero-dominantes y opresivos que proponen limitar la máxima expresión del Ser.

¿Podría ayudarnos el estudio de las religiones afroamericanas a ser más diversos y tolerantes?

El trance de posesión que detalla a estas religiones esclarece cómo lo divino se encarna en lo humano, no solo en un hombre heroico o mesiánico, pero en todos. Contemplar este evento transcendental nos ayuda a todos a comprender que lo divino no está fuera del alcance, sino que está ya dentro de nosotros. Si aprendiéramos esta verdad íntimamente veríamos a todo ser humano como un ente de gran valor. Nos veríamos reflejados en él/ella/ello/elle pues todos somos uno. Entonces amaríamos a nuestro prójimo, así como enseñó Jesús, al igual que todos los demás hombres y mujeres que en cualquier religión y época han visto el destello de su propia esencia divina reflejada en los rostros de sus semejantes.

Para conocer más sobre el profesor Dr. Roberto Strongman, favor de acceder a su pagina web: https://www.blackstudies.ucsb.edu/people/roberto-strongman