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11 de Jul de 2020

Cultura

Cuidando en tiempos de pandemia

Para quienes tenemos hijos y el privilegio de poder trabajar desde casa en esta emergencia nos ha quedado claro: no le pagamos suficiente a los maestros.

Para quienes tenemos hijos y el privilegio de poder trabajar desde casa en esta emergencia nos ha quedado claro: no le pagamos suficiente a los maestros.

Dos días con los chicos en casa y comprendes lo difícil que es mantener su atención. Nada como enseñar la tabla del 7 mientras lavas ropa e intentas que no se te queme el arroz. Pero la situación también nos está enseñando lo que el trabajo de cuidados aporta a nuestras vidas.

Y, ¿qué es el trabajo de cuidado? Es aquel que hace posible las condiciones para que la vida fuera del hogar continúe: lavar, limpiar, cocinar, cuidar adultos mayores, niños, y enfermos, por ejemplo. A veces ese trabajo es remunerado, como en el caso de las trabajadoras domésticas. En otras ocasiones es trabajo no remunerado: se ejerce sin salario.

El trabajo de cuidado no remunerado es generalmente asignado a las mujeres. Aunque los datos no son recientes, así lo demuestra la encuesta de uso de tiempo que hace algunos años preparó la Contraloría General.

A nosotras se nos enseña que ese trabajo no es trabajo: es expresión de amor. Y así lavamos, cocinamos, fregamos, barremos, sin esperar reconocimiento –salvo quizás el día de la madre, cuando nos regalan otra olla– porque hemos interiorizado que es “lo que debemos hacer” y que lo hacemos “por amor”. Y pocas estamos dispuestas a decir que estamos hasta las narices de tanto amor que damos en la forma de trabajo no pagado.

Crecí viendo a mi abuela despertarse de madrugada y no parar hasta que llegara la noche. Pero si le preguntabas si ella trabajaba, te respondía que no. Esta imagen la mantuve conmigo el 8 de marzo, cuando marchamos por el día internacional de la mujer bajo el lema “Todas somos trabajadoras”. Y sí todas somos trabajadoras, solo que algunas, como mi abuela, son trabajadoras no asalariadas.

Pero, ¿cuál es el problema con que trabajes por amor y sin salario? El asunto es que surgen inequidades. Para muchas mujeres que han sido amas de casa toda su vida, implica dependencia económica. Ante un divorcio, ¿cómo demuestras que el cuidado de hijos, “cuidar la casa” puede ser un aporte a la manutención del hogar y debería considerarse en el cálculo de lo que aporta a la pensión alimenticia? Veinte años trabajando de ama de casa y en el divorcio te dicen que ahora sí “vas a saber lo que es trabajar”, y no has descansado un solo día en tu vida.

Esto también tiene un impacto a nivel macroeconómico: pocos países calculan cuánto de su producto interno bruto es posible gracias al trabajo doméstico, tanto el remunerado como el no remunerado, siendo que es precisamente el trabajo de los trabajadores y trabajadoras domésticas y de las “amas de casa” el que sustenta todo el “otro” trabajo, ese que nos dicen que es el que “vale”, el que “mueve la economía” y el que paga impuestos y que, por ende, puede ser sujeto de crédito.

Algunas contratamos a otras mujeres para que se encarguen de esa tarea de cuidado que, de no ser por estas trabajadoras, tendríamos nosotras que realizar. Es gracias a esas trabajadoras domésticas que muchas de nosotras podemos tener carreras profesionales, salir a cenar con las amigas o ir al gimnasio. Sin esas trabajadoras domésticas la inclusión laboral de la mayoría de las mujeres sería impensable. Sin embargo, no siempre dignificamos su trabajo y, en ocasiones, hasta les ninguneamos sus derechos más básicos.

En otras familias, las tareas de cuidado, principalmente esas que se llevan a cabo a lo interno de las casas. se les enseñan a las hijas, no a los hijos. Sé de adolescentes que es en esta situación cuando han aprendido dónde se guardan las escobas en la casa, y a separar la ropa por colores antes de lavar. ¡Enhorabuena!

Ahora que estamos forzados a quedarnos en casa, ¿qué te dice la manera en la que el trabajo de cuidado está repartido en tu casa? ¿Es equitativa la repartición de tareas de cuidado en tu familia? ¿Enseñas a hijos e hijas por igual a hacer labores de cuidado? ¿Valoras ahora más el trabajo de las trabajadoras domésticas en tu hogar?

Sin hacer de la pandemia algo romántico, ni restarle gravedad al asunto, quizás Covid-19 nos permita replantearnos todo esto del “otro” trabajo que es trabajo, pero que o no se paga, se paga mal, o no se reconoce.

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