Temas Especiales

02 de Jun de 2020

Cultura

Un repaso a la política cultural de Panamá

“Ser críticos hacia uno mismo para poder proyectar el futuro. Esto me ayuda a comprender muchas de las producciones artísticas”, destaca el maestro del arte contemporáneo, Ureña Ramos, quien analiza la evolución cultural del país y subraya la importancia del pensamiento determinado y reflexivo

“Crear un nuevo Ministerio de Cultura, era la herramienta que muchos intelectuales panameños estaban esperando”.Cedida

Abriendo mi cuaderno de apuntes, encontré algunos textos en los que reflexionaba sobre la dirección que tomaba el Pensamiento Contemporáneo; ellos eran resúmenes que me sirvieron en el mes de noviembre y diciembre del año pasado, para dictar mis charlas en Bruselas, Suiza e Italia, exponiendo mis consideraciones a un público muy exigente.

Hay partes de esas páginas, donde quedan subrayadas anotaciones en rojo con interesantes apostillas que hoy me llevan a recapacitar y que, sin censura alguna les voy a listar:

1. Necesidad de puntos de referencias. 2. Pensamientos personales no armónicos. 3. La angustia de un presente incierto. 4. La emergencia de un presente perpetuo. 5. La desesperación del presente (redes sociales, propiedades intelectuales, privacidad personal).

¿Catastrofismo? A primera lectura, así parece, pero es uno de los pilares donde se cimienta el Pensamiento Contemporáneo: saber auto interrogarse con severidad para proyectar nuevos valores… y se va más allá (para ir más allá)

Este es uno de los resúmenes que en mis charlas pude recoger: ser críticos hacia uno mismo para poder proyectar el futuro. Esto me ayuda a comprender muchas de las producciones artísticas (en distintas disciplinas) que en la actualidad están presentes en el panorama cultural europeo… y que me alivian, debido a que allá existe -hoy- un soporte intelectual critico, listo para superar los actuales obstáculos.

Entre mis cuadernos de apuntes, también encontré un texto que inicié en Suiza, sobre La Situación Cultural en Panamá, consideraciones que trataban de servir, como pernios de interrogaciones, para aclarar el juicio sobre nuestra situación cultural, ejercicio necesario para cada panameño. Y haciendo el balance entre lo acontecido en el 2019 confrontado al momento actual, me surgieron muchas bizarras respuestas.

En ese texto sostengo lo siguiente: (a) “venimos de tres décadas de abandono institucional. El Inac no eran un ente que sirviera como tracción para operar los cambios necesarios al sistema cultural y educativo del país” y que (b) “la reciente decisión de crear un nuevo Ministerio de Cultura, era la herramienta que muchos intelectuales panameños estaban esperando”. Además, allí siempre en rojo a manera de íntima reflexión, escribía (c) “… teniendo cuidado de no caer en la Masificación Cultural (que es necesaria) e individuar los polos de excelencia educativa”. (d) Siguiendo con el elenco de los 6 polos de intervenciones.

En la primera de esas cuatro reflexiones, me refería a las pocas iniciativas y confusas políticas realizadas, que remarcaban la ausencia de oportunidades en el antiguo Inac. Muchos artistas recordarán, que llegamos a interpretar la búsqueda de un modelo de programación hacia la excelencia a través de complicados módulos, donde los proyectos debían ser seleccionados con burocráticos procedimientos que impedían la oportunidad de abrir posibilidades para aquellas manifestaciones que, por naturaleza, son expresiones anexas al desarrollo del tejido formativo del individuo panameño; por lo tanto, eran obstáculos al espíritu creativo y al desarrollo de la colectividad. Incluso si eran acciones que trataban de dar soluciones al moribundo aparato estatal.

Ureña Ramos, durante una de sus conferencias. #TCedida

Sobre el problema de la masificación de la Cultura, en mis apuntes lo entiendo de la siguiente manera:

La olla a presión

Con el surgir del Ministerio de Cultura, y con la voluntad de sus nuevos dirigentes, se destapó la olla que estaba hirviendo desde hace tres décadas. Las nuevas estrategias por abrir a todos una oportunidad, nos ha llevado al extremo de esa disponibilidad; pero era un hecho inevitable, dejar reventar esa olla de presión y dar respuestas a muchas necesidades que la sociedad panameña anhelaba.

Surgen toda clase de manifestaciones, al punto que, ya nos encontramos desorientados de tantos festivales, ferias, encuentros de las cosas más disparatadas de esta tierra. De las cuales el sarcasmo no logra imaginar: Festival de la yuca y del poroto, Festival de las miles de tuliviejas, Encuentro Popular para discutir el color de la corbata del ministro, de cómo leer un libro o cómo tener éxito pintando un cuadro.

Todo esto, para demostrar que ahora las cosas han tomado un nuevo rumbo, y de cómo la cultura debe ser vehículo de Integración social. Y esa es una gran verdad, al menos en las intenciones de nuestros dirigentes. Un ensayo general que trata de utilizar los medios de comunicación virtual, con cursos sobre los disparates menos imaginables, interrogándose sobre la real oportunidad que brindan las redes de manera educativa.

“La cultura es considerada desde los años ochenta, un sistema de engranajes productivo, de interés económico para el desarrollo de cada país”

También surgieron los copartidarios de la Economía Naranja, criolla versión, que en su minimalista interpretación se desarrolla en 7 mesas con ventas de prendas y 8 caballetes con pinturas en un frecuentado mall; hasta encontrarnos al otro extremo, con serias pequeñas empresas que tratan de organizar las manifestaciones artísticas dentro de las gestiones culturales, en una lucha que proviene desde muchos años y que, en la actualidad son escuchadas y bien dirigidas por el ministro de Cultura.

“Lo importante es exponer con más frecuencia al criterio colectivo”.Cedida

La cultura es considerada desde los años ochenta, un sistema de engranajes productivo, de interés económico para el desarrollo de cada país. Hay un sin número de propuestas a nivel mundial, entre ellas la Economía Naranja, interés que no debe ser sacralizado, ni mistificado, más bien, ser punto de reflexiones para incorporar a nuestras evaluaciones de dichos proyectos.

El atento observador verá que, cierto mecanismo de empresa cultural ha convivido (anteriormente) en nuestro Panamá. En el sector empresarial de la música típica, en la de la video publicidad y ciertas galerías privadas, museos no gubernamentales y otros… colocados fuera del mecanismo estatal, pero que son frutos del ingenio de solitarias personas que supieron interpretar las necesidades de nuestro sistema, siendo un fenómeno único, que se ha sostenido en el tiempo pese a las adversidades.

Inicié este texto con la pregunta: ¿Hacia dónde se dirige el pensamiento contemporáneo? Respondí 1. Necesidad de puntos de referencias. 2. Pensamientos personales no armónicos. En este empuje masivo de participación colectiva, nadie viene excluido, llevando el pensamiento de muchos creadores panameños, que interpretan -a su manera- lo que entienden como arte en sus diferentes expresiones. Podríamos sostener que, al explotar esa olla de presión, se ha masificado la cultura, bajo criterios no uniformes, con proyectos claros, que justifican su validez, donde - a muchos de ellos - no les entendemos dónde irán a atracar.

Esta apreciación que va leída en su parte positiva, debido a que es cónsono al pensamiento colectivo actual y que son sostenidos bajo un criterio de cultura de “integración de todos y donde nadie es excluido”; pero no resolutivo dentro una visión educativa hacia una excelencia global… siempre y cuando se entienda con exactitud las dinámicas que sostienen los procesos formativos, en donde la excelencia es un importante bastión.

Si pensamos que los entes gubernamentales para la Cultura en cualquier país, en los momentos favorables, expresan la excelencia de esos momentos a través de sus expresiones artísticas frutos de sus políticas culturales, me surge una pregunta espontánea: ¿Qué pasará ahora que sobrevivamos al coronavirus? Y pienso sinceramente que, a nivel cultural en Panamá, sucederán cosas interesantes. Ya que son pocos meses en que Carlos Aguilar, ministro de Cultura, estaba tratando de aplicar nuevas medidas, preparando el terreno para indicar las líneas base donde se cimentarán las acciones… y todos estamos esperando con júbilo esas indicaciones. Carlos, nuestro ministro, conoce muy bien cada una de las preocupaciones que hasta aquí he expresado y está dotado de sabios conocimientos para optar en sus decisiones con las justas direcciones.

Regreso a mi cuaderno de apuntes, sin poder desarrollar - en este artículo - todas las apostillas en rojo mencionadas aquí arriba, y que con seguridad seguiré presentando. Lo importante es la necesidad de que nos expongamos con más frecuencia al criterio colectivo… y este ha sido el ánimo con el cual decidí desnudar parte de mis intimas preocupaciones.