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10 de Jul de 2020

Cultura

Mientras estás en casa, te voy a contar un cuento

Aprovechando el público cautivo que genera la cuarentena, el escritor y narrador oral Carlos Fong ha decidido grabar en videos sus narraciones y ofrecerlas a través de las redes sociales. Una buena excusa para hablar sobre la importancia de la oralidad y las tradiciones

Mientras estás en casa, te voy a contar un cuentoCedida

Carlos Fong tiene unos treinta años de estar contando cuentos. En la década de los 90, como promotor de lectura del Instituto Nacional de Cultura debía, a veces, leer cuentos, libro en mano a grupos de niños en actividades.

“De tanto leerlos ya el cuento se me había quedado en la cabeza y un día probé sin el libro y me gustó”, dice en entrevista telefónica con La Estrella de Panamá.

“Pienso que tal vez lo más importante que aporta el hecho de escuchar un cuento y sobre todo, el arte de contarlo es que cuando ese proceso se está dando, se rescata el valor social de la palabra”.

En estos días de confinamiento Fong graba sus narraciones en video y las ofrece a su público a través de la plataforma Youtube, Algo distinto a lo que inicialmente hacía para promover la lectura hace décadas atrás, pero que le sigue ofreciendo satisfacciones.

Mientras estás en casa, te voy a contar un cuentoCedida

Habiendo dejado los libros a un lado y aportar algo de interpretación a sus relatos, más adelante, el escritor descubriría que en países de la región se gestaba un movimiento fuerte de narración oral. Lo había en países como Colombia, Cuba y México. Y ellí empezó a organizarse algo similar en Panamá.

En el 2010, se había creado la Red panameña de narradores de historias. “Estuve a cargo del grupo, como director de la red por unos cinco años”, recuerda, pero decidió seguir su camino en solitario, aunque el destino no lo permitiría por mucho tiempo.

Con el apoyo de la Biblioteca Nacional se fundó el círculo infantil de narración oral Héctor Collado, “esta propuesta cultural me anima mucho porque me gusta trabajar con niños”, reflexiona. Y llegó el momento también de apoyar al Instituto Nacional de Cultura, con las jornadas internacionales de narración oral.

Mientras estás en casa, te voy a contar un cuento

Con el tiempo, su oficio se ha ido profesionalizando hasta el día de hoy en que Fong cuenta con varios repertorios montados, con diversos temas y públicos que pueden ir desde niños, hasta adultos. Actualmente trabaja con un grupo de mujeres jóvenes en una propuesta que han bautizado Tranvía de cuentos, que al reactivarse las actividades culturales tomará impulso.

La cuarentena

“Nunca me ha gustado grabar mis cuentos ni que me graben cuando tengo una función de narración oral, le pido a la gente que no hagan videos, no me gusta subirlos a Youtube”, admite.

Y es que parte fundamental de la narración oral es justamente ese intercambio directo que se da con el público. Pero en la situación que vivimos todos el día de hoy, las cosas han cambiado.

“Soy promotor de lectura mi trabajo es de campo. Trabajo con escuelas de todo tipo, desde primera infancia hasta chicos de media, cárceles, comunidades campesinas, barrios vulnerables, lo mío es animación socio cultural de la lectura, entrevistar a la gente y hacer talleres de animación y círculos de lectura , pero la situación lo hace muy difícil. Ya no se puede salir”.

Y el cuentacuentos decidió aceptar la invitación del Ministerio de Cultura para formar parte de las propuestas de Cultura en casa.

“Decidí grabar los cuentos, pero como se ve en los videos, son cuentos unplugged, como los llamo. No está todo el montaje con vestuario y ambientación que regularmente se hace, pero el acerbo queda allí, para que la gente vaya conociendo estos relatos”, explica.

Fong graba unos tres cuentos a la semana. En un principio pensaba hacerlo a diario, pero fuera del esfuerzo que esto conlleva hay otra realidad: podría quedarse sin repertorio si la cuarentena se extiende.

Cuentos del mundo

El cuentacuentos estima en su haber, una colección de 90 relatos, acervo muy importante en su condición de encargado de la Oficina de Promoción del Libro y la Cultura de MiCultura. “A la mayoría de ellos los llamo 'cuentos del mundo' porque son parte de la tradición popular de diferentes países. Los saco de libros, tengo muchos libros de cuento, uno que otro los he escuchado de otros narradores, en los festivales donde he participado”, detalla.

Esto en muy contadas excepciones pues cada narrador es muy celoso de su material. “Es de muy mal gusto encontrarte con un narrador que haya copiado tu trabajo, algunos hasta con ademanes”, sostiene.

Aun así puso manos a la obra con las grabaciones que un público fiel sigue y que cuando ya ha tardado varios días en presentar una nueva, no dudan en enviarle un mensaje: ¿qué pasó con el cuento?

Esos reclamos y el apoyo de su esposa y sus hijos le hacen continuar aunque en algunos momentos el cansancio le quiera ganar la jugada.

También de la mano de Micultura se sumarán a esta iniciativa un ciclo de charlas y conferencias sobre la lectura y oralidad. Esta semana que inicia tendremos más noticias al respecto.

La oralidad, su importancia

“Pienso que tal vez lo más importante que aporta el hecho de escuchar un cuento y sobre todo, el arte de contarlo es que cuando ese proceso se está dando se rescata el valor social de la palabra”, afirma Fong.

Este proceso se da cuando las personas interactúan de tú a tú sin ningún otro canal como un teléfono, tablet o computadora. El valor social de la palabra lo da ponernos a conversar. Cada vez que contamos cuentos, de alguna forma redimensionamos la realidad y la gente comienza a interactuar de muchas formas”.

De acuerdo con el escritor, cuando escuchamos un cuento, estamos compartiendo de alguna forma nuestros problemas; los cuentos son el reflejo de la realidad. “Los cuentos nos ayudan a pensar y a resignificar lo que estamos viviendo”, asegura. Otro de los aportes de los cuentos es que cuestionan tus valores y tu ética. “Y estas conexiones se hacen de manera interna, sin que te des cuenta. Y así, sin darnos cuenta, estamos construyendo ciudadanía, estamos haciendo identidad, estamos haciendo pertenencia, estamos creando resiliencia, empatía, solidaridad, cooperación. Todo eso se logra a través de un cuento”, indica.

Y no necesariamente tiene que haber una moraleja literal, al final de la historia como en las fábulas que hicieran famosas la pluma de Esopo o de Iriarte.

“La moraleja está implícita. Es como un iceberg que de la historia se ve solo la punta y l a moraleja está sumergida, no se ve. Uno no tiene que dárselo todo al lector, No hay que explicar los cuentos; el que lo va a leer o escuchar tiene que encontrarlo por sí mismo”, afirma.

Sobre los aportes de la oralidad, dice Fong, hay libros enteros escritos, pero el principal es el rescate del valor social de la palabra.

Muy buena memoria

Relatar no es lo mismo que recitar. Y para contar un cuento no hay que aprendérselo de memoria aunque, en algunas ocasiones, se torna necesario. “ Hay cuentos que me aprendí de memoria porque el mismo cuento es tan hermoso, por ejemplo los cuentos de Eduardo Galeano, o los del cubano Onelio Jorge Cardoso, que están tan bien escritos, cada palabra está tan bien usada, que si le llegas a cambiar algo, lo dañas”, confiesa.

Pero con otros, no es necesario. “Lo que tienes que aprenderte es la anécdota. Cuando leo un cuento descubro dónde están los nudos de acción. Si te aprendes esos nudos de acción, el cuento se te queda en la cabeza y entre nudo y nudo, saber qué información incluir en las inercias para que la gente pueda entender lo que sucede. Es lo primero que enseño en mis talleres de narración oral: cómo tomar un texto y contarlo pero con tus propias palabras”.

Faltan algunos días todavía para que se flexibilicen las actividades que hasta hace poco considerábamos cotidianas. La vida, muy probablemente no volverá a ser igual. Mientras tanto, toca esperar.

“Podemos resistir a través de la cultura, a través del arte, la lectura y los cuentos. Pronto salimos de esta”, dice Fong con optimismo antes de concluir la entrevista. Cerramos el teléfono, apagamos la grabadora y colorín colorado, este cuento ha terminado.