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11 de Aug de 2020

Cultura

El joven cacique que defendió la cultura y el territorio Ngäbe Buglé

El cacique Camilo Ortega Acosta se destapa con naturalidad y hace un repaso de su historia. Un baluarte de nuestra patria que todos deberíamos conocer

El joven cacique
El joven caciqueCedida

Allá arriba en la cordillera veragüense, por los cercanos caseríos indígenas de Alto del Prado, una diminuta maestra con verbo de justicia y libertad enseñaba a un adolescente, que escuchaba con brillantes ojos soñadores, las reglas fundamentales de los derechos de cada individuo. Tan fuertes y motivadoras eran sus lecciones, que marcó a unas de las figuras más sobresalientes de la historia contemporánea de la república de Panamá.

Aristides Ureña Ramos y el cacique Camilo Ortega, durante la entrevista.Cedida

Esa maestra era María Herminia González de Alvarado y ese inquieto muchacho era Camilo Ortega Acosta. “El joven cacique” dirigente indígena, nacido el 10 de noviembre de 1938 en Alto del Prado.

Frente a la historia personal de Camilo, se necesitaría más que esta corta entrevista, pero he esperado casi cinco meses, después de recopilar varias grabaciones con él, para sintetizar con algunos pasajes sus aportes a la lucha por los derechos de todos los pueblos originarios de Panamá. Porque el aporte de Camilo va más allá de los confines veragüenses.

¿Camilo, por qué te llamaban el joven cacique?

Fui nominado cacique en el congreso de 1958, era muy jovencito, apenas tenía 20 años, tiempos de cacicazgos como el de Rafael Pinilla, Concepción Leónidas, y otros.

El joven cacique que defendió la cultura y el territorio Ngäbe Buglé

Háblame de la situación de ese difícil periodo...

La lucha de los caciques, por la tierra, es legendaria y en esos periodos de los años 1940 hasta 1960, el despojo de las tierras indígenas por parte de los terratenientes fue muy agresiva; con la expropiación, cada día nuestras moradas y los lugares donde habíamos vivido por siglos, nos eran arrebatados. Entonces, frente a mí quedaban dos caminos: aceptar esas humillaciones o luchar por nuestros derechos. Entonces escogí la lucha por la tierra de mi pueblo.

Camilo, ¿y el gobierno no hacía justicia?

¿Cuál justicia, cuál gobierno? Esas invasiones de tierras estaban bajo la complicidad de nuestros gobernantes.

Veo a Camilo mirar hacia el horizonte y con un rápido parpadear, me dice con mucha seriedad:

Aquí hubo una represión muy fuerte hacia nuestros caciques, a Rafael Pinilla lo golpearon y lo intimidaron muchas veces. A Concepción Leónidas lo arrastraron a cola de caballo desde Cerro Pelao a Las Palmas. Ellos (los caciques) tenían cierta edad, eran de avanzada edad, por este motivo fue que escogieron a un cacique más joven, que no tuviera miedo a la lucha, que supiera las dificultades que había que pasar, y yo acepté ese reto.

Un momento de silencio... Camilo medita y continúa diciendo:

Cuando las cosas se pusieron duras, pues la lucha comenzaba a estar organizada, entraba y salía de la prisión de Santiago; muchos temían por mi vida. Fue el entonces obispo Marcos McGrath, de Santiago de Veraguas, quien me sacó momentáneamente de la lucha, y me enviaron a Estados Unidos en 1965. Estando allá, nadie me creía que era cacique porque era demasiado joven y tal vez es ahí cuando se alimentan esas anécdotas sobre el cacique joven.

El joven cacique que defendió la cultura y el territorio Ngäbe Buglé

¿Cómo fue que nació la idea de las cuatro comarcas?

Preocupado por dar cuerpo y un plan estructurado a nuestras luchas, me dirigí a la Universidad de Panamá para hablar con Reina Torres de Araúz, y es ella quien nos explica que hay cuatro troncos que componen los pueblos originarios: Guna Yala, Ngäbe Buglé, Emberá y Naso. La lucha tenía que ser combatida junto con nuestros hermanos, porque unidos lograríamos la victoria.

Desde ese momento que iniciamos la lucha, apuntamos a conseguir reconocimiento legal sobre la propiedad de nuestros territorios. El abuso de los latinos de expropiarnos nuestras tierras, se debía a que no había una jurisdicción que defendieran nuestros derechos elementales de educación, nuestra cultura y nuestros territorios. En las constituciones hasta el año 1969, nuestros derechos eran inexistentes, muchas veces vagos, como si nosotros los pueblos originarios no existiéramos.

¿Te acusaron de comunista?

Sí, muchas veces, pero yo no era ni soy comunista. Esa era la manera de justificar los atropellos y los encarcelamientos con que nos sometían. Era la manera de callar nuestra justa lucha, de no darnos la manera de revindicar nuestros derechos dentro la sociedad panameña, de no reconocernos como personas. Así han sido las muchas lágrimas que, con sacrificio, han mantenido viva la cultura originaria de esta nación. Nunca pensé, pese a los ultrajes, arbitrariedades e injusticias, abandonar mis ideales.

Háblame de esos ideales...

Crear nuestras comarcas con jurisdicción propia, que estuvieran por escrito en la Constitución y en las leyes panameñas, edificadas por la carta orgánica que establezca la forma como funcionarán y se organizarán los congresos generales, regionales y locales, así como la forma de elegir a sus dirigentes. De igual manera, tener lista la carta orgánica que disponga, ajustada a la Constitución y a las leyes de la República, los deberes, funciones y derechos de las autoridades tradicionales comarcales y electas.

Que el Estado reconozca las siguientes autoridades tradicionales de la comarca Ngäbe-Buglé: el cacique general, el cacique regional, el cacique local, el jefe inmediato, el vocero de la comunidad... y que sus funciones sean las que disponga la Constitución Política, la ley y la Carta Orgánica. Y eso lo logramos.

¿En qué sentido lo lograron?

Con la Ley No. 10 del 7 de marzo de 1997, donde el Estado reconoce la existencia del Congreso General de la comarca como máximo organismo de expresión y decisión étnica y cultural del pueblo Ngäbe-Buglé. Nos reconocieron, los congresos locales comarcales para conservar y fortalecer las tradiciones, lenguas, culturas, la unidad e integridad de sus habitantes, para el desarrollo económico y social. Y que nos rigiéramos por las normas emanadas de la Constitución Política, la ley y la Carta Orgánica.

Esto no fue regalado, es el fruto de una larga batalla por la justicia y reconocimiento de los derechos fundamentales de los pueblos originarios y de cada panameño honesto.

Camilo, ¿cuál es la estrella que te conduce a tus 83 años?

El convencimiento de que todos los hombres somos iguales delante de los ojos de Dios, que debemos estar educados para brindarnos respeto mutuo. Que la política debe ser para el servicio del pueblo y no para el beneficio personal. De que existe la corrupción y el mal manejo de los intereses de nuestros pueblos.

Un buen dirigente indígena es aquel que pone sus intereses personales lejos de los intereses de la comunidad, no se aprovecha, ni malgasta el dinero, y se mantiene firme y claro para ayudar a su comunidad a resolver sus problemas… Esa es la estrella que tendría que conducir a cada dirigente.

¿Qué significa el temor al hombre murciélago?

(carcajadas)

El murciélago no es gato y no es pájaro. Hay hombres que nunca sabremos de qué parte están... son los más peligrosos.

El chorro mágico

Camilo se mantiene muy bien de salud. Pasando frente a su rancho (en Alto de Jesús) rumbo al caserío del Murciélago, hay un chorro de agua llamado Salto de Jesús, que cae de manera caudalosa. Ese agua es de un frío polar, pero cada mañana –desde siempre–, Camilo se sumerge en ella.

Esa imagen me aparece cuando mengua el ímpetu de este escrito, para creer que la clave del misterio del joven cacique nunca morirá, porque se encuentra enclavado dentro de aquellos ritos y leyendas de los fieros caciques de las tierras de Urracá. Y la vida de “El cacique joven” es un baluarte de nuestra patria que todos deberíamos conocer.

Los invito para que me acompañen el próximo lunes por las tierras del Tuira y de la cultura Emberá. No te lo pierdas... ¡Los espero!