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12 de Aug de 2020

Cultura

Derechos humanos

Ha habido un recrudecimiento del irrespeto a los derechos humanos en general, con manifestaciones en contra de los derechos de todos los humanos: mujeres, razas consideradas “inferiores”, homosexuales, no creyentes, fieles de otras religiones, extranjeros, inmigrantes... en fin, todos lo que se consideran los “otros”

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El concepto de derechos humanos, que tanto critican los anti-derechos, nos ha vuelto más humanos y nos ha sacado de la barbarie de la Inquisición. Ya no quemamos brujas en la hoguera, se han eliminado las penas infamantes y la esclavitud (por lo menos legalmente). No obstante, últimamente pareciera que ha habido un recrudecimiento del irrespeto a los derechos humanos en general, con manifestaciones en contra de los derechos de todos los humanos: mujeres, razas que se consideran “inferiores”, homosexuales, no creyentes, fieles de otras religiones, extranjeros, inmigrantes, en fin, todos lo que se consideran los “otros”, como los que no tenemos un príncipe de la Iglesia que nos defienda desde un carro refrigerado.

No sé si son los efectos psicológicos de la pandemia, pero además de las plagas del coronavirus, la violencia, la delincuencia, el hambre, las langostas, las lluvias torrenciales y las tormentas eléctricas, estos grupos anti-derechos, fanáticos, dogmáticos, anacrónicos y misóginos han arremetido en todos los países contra los derechos humanos, las Naciones Unidas, los convenios de derechos humanos ratificados por Panamá y las leyes nacionales que los desarrollan. Aunque esto viene pasando desde hace varios años, últimamente, con las plagas que sufrimos, se ha juntado el hambre con las ganas de comer, como se dice vulgarmente.

Hay mandatarios anti-derechos, como el presidente de Estados Unidos, conocido misógino, racista y violador, culpable de que el virus esté fuera de control en varios estados de su país y obsesionado con su muro para detener la inmigración de mexicanos y, para colmo, exige que sea México el que lo pague.

En Brasil, otro presidente ultra conservador ha vetado el uso de mascarillas, a pesar de haber salido positivo con covid-19 por tercera vez, por lo que ha sido multado por un juez de su país. Incumple las recomendaciones médicas paseando en moto, codeándose con cientos de personas, acudiendo a manifestaciones en su favor, visitando establecimientos comerciales, haciéndose fotos y saludando amigablemente a todo el mundo.

Ni qué decir de los “antiguos”, que se han eternizado en el poder, como el presidente de Nicaragua, violador de su hijastra desde que tenía 11 años, que asumió el poder con el apoyo de la Iglesia católica porque prometió y cumplió con penalizar el aborto, aun cuando los embarazos constituyan un riesgo para la vida o sean el resultado de una violación. La prohibición no solo no ha evitado los abortos, sino que ha provocado abortos clandestinos e inseguros, poniendo en riesgo la salud y la vida de mujeres y niñas.

A nivel individual y más recientemente, tenemos el ataque del abogado antifeminista, sospechoso de haber asesinado al único hijo de Esther Salas (primera mujer hispana que sirve como juez federal en Nueva Jersey, Estados Unidos), porque le caían mal los hispanos y las mujeres.

En nuestro país, la Alianza Panameña por la vida y la Familia ataca a dos reconocidos defensores de los derechos humanos que luchan por el respeto y la dignidad humana, porque “adversan públicamente los principios de nuestra fe católica”, con un discurso de odio y discriminación que no puede estar más alejado de las enseñanzas de Jesús, que predicaba amor y no discriminación. Utilizando un razonamiento medieval, cita a Benedicto XVI, para quien el matrimonio igualitario era la “doctrina del anticristo”. Pero cuando B-16 era Papa nunca criticó a los homosexuales de adentro, solo los de afuera eran anticristos. Esto se llama pecado selectivo. ¿Y la matanza y discriminación contra negros en Estados Unidos no es el anticristo? Para mí solo es pecado lo que hace daño a uno mismo o a otros (como la pedofilia, que la Iglesia católica ha tratado siempre de encubrir), no la unión legal de personas adultas del mismo sexo.

A todo esto hay que sumarle la falta de respeto y maltrato físico y de palabra hacia una colega por parte de un diputado de Panamá, lo que también pasó con una congresista en Estados Unidos. Además, todo parece indicar que otro diputado panameño quedará impune por sus delitos sexuales. Con el rechazo a las guías de educación sexual, parece que el gobierno no cumplirá con su responsabilidad frente a la medicina preventiva.

Siempre me he autodenominado feminista, pero como no solo las mujeres somos discriminadas, de ahora en adelante me voy a llamar más bien defensora de derechos humanos, porque todos los panameños somos humanos, solo que de diferentes colores, apariencia, género, sexo, edad y orientación sexual, y como humanos tenemos derechos. Especialmente en Panamá, que estamos tan mezclados, no deberíamos ni usar el término afrodescendientes, sino “todo-descendientes”.