08 de Ago de 2022

Cultura

Horarios y prioridad para la familia

Lograr el equilibrio es de suma importancia; irse al lado opuesto puede afectar la independencia personal y a la empresa

La familia y la empresa familiar: o mejor dicho, el respeto a los horarios... te hago la pregunta, ¿cuál crees que es prioridad?

Una tarde de sábado, mientras trabajaba en este libro, una amiga, madre divorciada de dos hijos, me llamó por teléfono para pedirme consejo. Me contó que su exesposo tenía un buen trabajo, pero como no le gustaba, renunció. “Ahora qué responsabilidad tendrá con sus hijos, ¿quién pagará las cuentas de ellos?”, me decía muy preocupada.

Culpamos al tiempo (nuestros horarios) por el aumento en los índices de divorcio. La importancia de compartir en casa, en familia, ¿es algo del pasado?

Con frecuencia, los padres disculpan a los hijos que no participan con la familia porque tienen demasiadas tareas escolares o universitarias para hacer. A estos niños se les está enseñando que el trabajo tiene más importancia que la familia.

Reconozco que me criaron así. La empresa siempre fue prioridad. Papá, al llegar, siempre hablaba de trabajo, y no recuerdo un viaje juntos todos en familia, ya que siempre tenía que quedarse uno de nosotros cuidando el negocio.

Cuando llegué a la adultez, permanecía más tiempo en la oficina y descuidé mi lado personal y familiar, ya que solo veía a la familia como un proveedor y no me sentía parte de ella. Solo como un equipo de trabajo.

Sin embargo, lograr el equilibrio es de suma importancia; irse al lado opuesto puede afectar la independencia personal y a la empresa. Muchos hijos anidan todavía bajo el techo de sus padres, años después de haberse graduado. Suelo decir que “ahí hubo exceso de familia” y no se enseñó al hijo a volar.

Si preguntamos a los jóvenes adultos y a sus padres por qué esta tendencia, dirán que todo ha subido de precio y uno no puede arreglárselas con los salarios de hoy, y por eso quieren trabajar en la empresa familiar.

Por otro lado, parece que muchos adultos jóvenes también arrancan dándole prioridad a la empresa familiar, porque quieren un carro nuevo, apartamento, dinero. Los padres quieren lo mejor para ellos y, sin embargo, es un error.

En mi caso, al graduarme, me fui a la capital de mi país, viví por mi cuenta: no anidé bajo el techo de mi padre. Desarrollé independencia. Pero, si bien aprendí a darle prioridad al trabajo, tal como me enseñó mi padre, a la larga cometí el mismo error, no respeté el horario para la familia.

La vida está formada por muchas cosas que podemos disfrutar al margen de lo que nos da para vivir. Tenemos una sola oportunidad para hacerlo. Poco a poco he ido llegando a la conclusión de que no debemos depender de la empresa para tener felicidad.