Temas Especiales

13 de Apr de 2021

Mónica Miguel Franco

Cultura

Un circo

El circense es un espectáculo coreografiado y calculado en cada milésima de segundo, el que salta del trapecio debe confiar en que el que estira las manos va a hacerlo en ese instante preciso...

Pico por delante diciendo que no me gustan nada de nada los circos. Jamás he podido soportar ver animales enjaulados, domeñados y obligados a hacer cosas que no harían por sí mismos. Baste decir que no soporto el espectáculo de los payasos, que jamás me han hecho gracia las caídas, los tropezones y demás. Y que cuando la cosa ya va de varios payasos persiguiendo a otro para hacerle maldades, esta que suscribe llega a momentos de furia paroxística.

Que los circos siempre me parecieron espectáculos deprimentes y denigrantes, vaya. Pero vamos, entiendo que para humores, ofertas y que el que quiera subirse al trapecio merece tener público que pague por ver cómo se estoza.

La cosa es que es el circense un espectáculo coreografiado y calculado en cada milésima de segundo, el que salta del trapecio debe confiar en que el que estira las manos va a hacerlo en ese instante preciso, ni justo antes ni en el segundo que viene porque cualquier destiempo significa que el espectáculo no va a poder continuar, cada uno sabe cuál es su lugar y donde está su puesto. La cosa funciona porque nadie improvisa y todo el mundo sale de la pista cuando viene entrando el siguiente.

“Al circo de Mi Cultura le están creciendo los enanos”.

Al circo de Mi Cultura le están creciendo los enanos.

Por más que lo pienso no sé si es por improvisación, por dejadez o por miopía del jefe de pista, pero su espectáculo tiene en pie de guerra a todo el mundo. Varios grupos han enviado cartas abiertas mostrando su descontento por el reiterado olvido al que los han condenado y si bien la excusa de la pandemia funcionó al principio, a estas alturas y viendo que para algunos privilegiados no ha habido penurias, ni pandemias y que mientras la mayoría de los bailarines, los músicos, los actores, los escritores y tantos otros han tenido que ver cómo sobreviven, el director de pista los ningunea desde su nuevo despacho de medio millón de dólares.

Mientras alguno tiene en sus manos sus prebendas, otros a quienes por ley, esperen, voy a repetir esta parte haciendo énfasis en ella: por ley (por favor, léanlo con retintín como si estuviera en cursiva y en negrita), deben publicarles sus obras, están arrinconados y esperando desesperar.

Vamos a refrescarle un poquito la memoria al jefe de pista para así hacer más sencilla su ardua tarea de mantener el circo funcionando, ya que parece que los asesores que lo asesoran no lo asesoran como deben asesorarlo: ¡que se les viene encima la nueva convocatoria del concurso de poesía Gustavo Batista Cedeño! Y que, estimado dueño del circo, ustedes no han cumplido el mandato legal de imprimir el poemario de Jaiko Jiménez, premiado en 2019. Y recuerde que ya debería estar impreso el de David Ng, premiado en 2020. ¡Que le crecen los enanos, señor ministro! Y la desobediencia de la ley le puede traer, como ya le está trayendo, demandas legales y demás quebraderos de cabeza... ¡si es que la gente no comprende lo fragoso que es ser ministro!, ¿verdad?

Y como en este país lo que faltan son carpas y lo que sobran son payasos, aprovecho que ando por aquí para decirle al responsable del circo del IPEL que estamos esperando que ustedes también cumplan su obligación y saquen a la luz las obras ganadoras de los premios de los años 2017, 2018 y 2019, o, en el caso de haberlas sacado a la luz, que las pongan un poco más visibles, porque algunos lerdos como yo solo encuentran en su página la memoria de 2020.