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01 de Ago de 2021

Cultura

¿Licantropía virreinal?

n el virreinato se asociaba la melancolía como una forma de locura que lleva a quien la sufre a creerse transformado en animal, de ahí el término 'locura lupina' o 'licantropía', haciendo alusión al hombre convertido en lobo

Don Narciso Montero, en sus desvaríos, saltaba nocturnamente de tejado en tejado, aullando y olfateando –según decía- un tesoro que llevaba treinta años escondido. Una extravagancia que los vecinos tomaron con poca tolerancia cuando este pintoresco personaje remitió una carta a la Audiencia la que, junto con otros hechos, el diario “Mercurio Peruano” (1791) recogió con humor bajo el título de “Manías”.

"[…] Suelen tener por verdades éstas apariencias los enfermos de locura lupina, que los Árabes llaman 'Chatrab', i los Latinos 'melancolía confirmada'; i estos tales aun sin engaños del Demonio burlada la fantasía, piensan que son i se imaginan perros, leones, toros i otras bestias; […] i así se à de examinar primero al que dice que mira estas figuras, o se persuade a ellas, si padece esta enfermedad melancólica o 'locura lupina'; porque ni esto entra en la ciencia mágica, ni tiene parte el Demonio, sino la flaqueza del celebro, o la dolencia i enfermedad de los umores" (Fray Calancha, 1639, citado por Stucchi, 2019).

En el virreinato se asociaba la melancolía como una forma de locura que lleva a quien la sufre a creerse transformado en animal, de ahí el término 'locura lupina' o 'licantropía', haciendo alusión al hombre convertido en lobo. El investigador Stucchi señala que en el Diccionario de la Real Academia de 1780 se tiene la siguiente definición: "MANÍA LUPINA:Cierta especie de melancolía, con la qual el que la padece suele salirse de casa de noche, y andar alrededor del lugar hasta el amanecer en quatro pies como los brutos, y aullando como los lobos. Busca las sepulturas y saca y despedaza los cadáveres, y de día huye de los vivos. Algunos muerden como los perros". Es decir, la licantropía era considerada una enfermedad, no una situación de novela (Hume, 2002). La 'melancolía' de los siglos XVI-XVIII era entonces entendida como un estado que alternaba entre la aflicción y la pérdida del juicio, o que conjugaba ambas, sumándose a ello toda clase de padecimientos físicos (Sacristán, 2015).

Los considerados como 'locos furiosos' eran recluidos en las 'casas de locos' o 'loquerías' donde “[…] para assegurarnos del es necessario tenerle en prisiones, o en la gauia [jaula] o cepo”. Por ejemplo, en Lima, la capital virreinal peruana, se utilizaba el Hospital Real de San Andrés para ese propósito y concentrar así a los orates en una de sus alas (Cobarruvias, 1611; Stucchi, 2012). El Hospital Real –edificado en 1552 con piedra panameña y otros insumos del istmo- fue el nosocomio más antiguo de Sudamérica. Tiene también su propia leyenda urbana ya que se dice que la momia del Inca Pachacútec fue colocada en los terrenos de dicha casa de salud. La primera ampliación de salas se produjo en 1703 cuando precisamente, en Panamá, iniciaba actividades el hospital Santo Tomás de Villanueva (AGI, Panamá 271).

Caso distinto al de Narciso fue el de Santiago de Cárdenas donde el criterio sobre un equivocado tratado científico se mezcló con un presunto padecimiento de melancolía. En 1761 redactó un documento sobre el vuelo del cóndor, en el cual propuso un mecanismo para permitir el vuelo humano, y lo envió al Virrey Amat. El trabajo fue calificado como "inútil y ridículo" y su autor tildado de “Santiago Volador” pero Cárdenas logró, al menos, que se le retirase el epíteto de 'loco'. Habrá que esperar a las investigaciones de Hipólito Unanue, en 1806, para situar a la melancolía entre las "enfermedades del ánimo", diferenciándola del concepto de locura o de manía (Stucchi, 2019). Dos años después, el término 'psychiaterie' sería introducido por Christian Reil en el campo médico de la época (Marneros, 2008). Se está entonces en los albores de una nueva disciplina que busca articular respuestas a dolencias emocionales que afectaban a ciudadanos de otros siglos. Mientras tanto, la vida cotidiana virreinal se veía esporádicamente alterada por aislados incidentes de demencia, todas las miradas estaban puestas en otra dirección debido a la ebullición política del momento.

El primer estudio histórico-psiquiátrico sobre la locura en los tiempos virreinales fue realizado por Hermilio Valdizán con su artículo "Locos de la colonia" publicado por entregas entre 1918 y 1919 en los "Anales de la Facultad de Medicina" (Stucchi, 2012) y desde entonces se han venido produciendo investigaciones en Panamá y Perú que profundizan en aquellas situaciones somáticas que hacían que el ciudadano común perdiese la lucidez de juicio.

Finalmente, como señaló el periodista R. Mujica en 2017: "No puedes usar categorías del siglo XX para analizar experiencias espirituales, religiosas o incluso psicológicas del siglo XVI. Debemos elevar nuestros niveles de referencia. Aprender a pensar con el otro, no sobre el otro".

Embajador de Perú en Panamá