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23 de May de 2022

Cultura

¿Cuánto conocemos a nuestros hermanos?

En la más reciente novela de Juan David Morgan, la repentina muerte de un periodista quien había participado en las investigaciones de Los Papeles de Panamá despierta las suspicacias de su hermana, una abogada que se percata que pese a la gran cercanía que le unía a su único pariente, no llegó a conocerlo completamente

¿Cuánto conocemos a nuestros hermanos?
¿Cuánto conocemos a nuestros hermanos?

La postura del abogado y escritor panameño Juan David Morgan, sobre los resultado de la investigación emanada de la filtración de los 11 millones de documentos de la firma Mossack Fonseca que se conoció en el mundo entero como Los Papeles de Panamá, fue claramente plasmada en una serie de artículos publicados en medios locales y que su autor llamó “El regreso del Péndulo”. En ellos cuestionó Morgan situaciones muy concretas, por ejemplo, que no hubo una filtración de documentos, sino más bien un robo; que el nombre de la investigación había sido seleccionado de forma maliciosa, en tanto muchos de los implicados, así como los bancos que los representaban no estaban relacionados con el país y que los organismos que controlaban el tema fiscal se ensañaban contra Panamá, mientras que en otros territorios donde la actividad que les podría hacer llamar paraíso fiscal, no existía tal persecución. Además, ponían en relevancia el ánimo de lucro que parecía haber animado al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación.

Más tarde, se daría la filtración de los Papeles del Paraíso, que tan sorpresivamente como apareció, luego de 3 semanas no se supo más de ella.

Aunque años más tarde y luego de una película y un libro, pareciera estar agotado el tema de Los Papeles de Panamá, a Morgan no se le quitaba la idea de utilizarlo en una de sus historias, ya no como una colección de pequeños ensayos, sino como el telón de fondo para una de sus novelas.

“Con motivo de la pandemia, me puse a pensar '¿qué escribo?, tenía en mente una novela histórica, pero no sabía cuánto tiempo iba a durar la situación de la pandemia, cuánto tiempo me iba a permitir tener más tiempo libre para escribir”, comenta.

¿Cuánto conocemos a nuestros hermanos?
¿Cuánto conocemos a nuestros hermanos?

Así, nace la novela La muerte de Daniel.

Daniel Puentes, periodista de investigación de El Comercio del Perú, apareció muerto en la habitación del hotel de Madrid donde se hospedaba. Había viajado para realizar una entrevista a los separatistas catalanes y antes de llegar a Bruselas, se había detenido en Madrid para hacer otras entrevistas relacionadas con ese tema. El periodista había participado activamente en la investigación de los Papeles de Panamá, como miembro del Consorcio Internacional de Periodistas Investigativos.

Anabela Puentes, socia de un importante bufete de abogados de Lima, y hermana de Daniel, recibió una llamada que la distrajo de una reunión. Le comunicaban que su hermano había fallecido, víctima de un infarto. Único familiar de la abogada y con un vínculo muy fuerte, debió volar inmediatamente a España para encargarse de los trámites de repatriación. Una de las personas con quien Anabela se comunicó fue con una colega de su hermano quien le comentó que Daniel estaba preocupado por alguna razón. Ambas discutieron el hecho de que el periodista cuidaba su salud y no tenía antecedentes de problemas cardíacos. ¿Habría alguna razón para dudar que el fallecimiento de Daniel no se debiera a una muerte natural?

Aunque los Papeles de Panamá y los Papeles del Paraíso fueran parte de la trama, no lo serían de manera central. “Este es un tema que conozco, que domino porque lo he estudiado mucho, pero al mismo tiempo no quiero escribir sobre ese tema en particular. Ya se hizo una película, que fue malísima, ya se escribió una novela en Estados Unidos que tampoco fue buena. Escribir sobre los papeles de Panamá no es tema, pero aunque sean 20 páginas, de las 200 que tiene el libro, el 10% que se le dedique a hablar de eso es suficiente para tenerlo ya en cuenta como parte d e la trama que es lo que traté de hacer”, admite Morgan.

La decisión de Anabela de cremar el cuerpo de su hermano hace que sea imposible verificar la causa de su fallecimiento. De eso se arrepentiría luego, al verificar que había algunos cabos sueltos cuando hizo un seguimiento en las últimas horas de su vida.

Morgan se inclinó por una novela negra que generara ciertas suspicacias por el asunto de la investigación internacional y señalara el dilema moral que la acompaña, pero que realmente está mucho más centrada en la relación de los hermanos que, al quedar huérfanos en la adolescencia se convirtieron el uno, en el pilar del otro.

“El auge que ha tomado [la novela negra] es porque ya no es tan negra, como era al principio la novela del crimen. Se trataba de crímenes violentos, eran tramas más fuertes. Ahora la novela negra comprende cualquier tipo de novela donde haya suspenso, donde haya algún tipo de investigación, pero es quizá más social, más psicológica y envuelve otros temas”, explica el también abogado. “A mis novelas negras no las llamo negras sino grises, porque realmente mi ánimo no es de ser tan truculento, como son muchas veces las novelas del crimen”, agrega.

La novela histórica, por su parte, es un proyecto más complejo y que toma más tiempo. “Resulta, a veces, agobiante porque exige mucha investigación, exige mucho tiempo, y no ves el resultado sino después de que ya has terminado no solamente de investigarlo sino de escribirlo. Es un libro que te toma quizá más años y cuando ya lo tienes listo, todavía sigue el trabajo del editor que tiene que darle su propia leída”, detalla. De ese vistazo se pueden sugerir cambios, lo que extiende más el proceso.

“El auge que ha tomado [la novela negra] es porque ya no es tan negra, como era al principio la novela del crimen... Ahora la novela negra comprende cualquier tipo de novela donde haya suspenso, donde haya algún tipo de investigación, pero es quizá más social, más psicológica...”

Mientras que en la novela negra, la investigación no es tan rigurosa, “aunque yo siempre pretendo ser auténtico en las cosas que escribo a pesar de que sean ficción”, acota el escritor. Y, lo más interesante de todo, le da más espacio al escritor para usar su imaginación.

“En la novela histórica ya sabes qué va a pasar, la historia no cambia y el autor tiene que ingeniárselas para mantener la atención del lector, a pesar de que este ya sabe qué es lo que va a ocurrir. No es ese el caso de la novela negra donde ya te puedes dar más lujos de imaginarte cosas, de hacer ficción. Y te toma mucho menos tiempo. Francamente, es mucho más fácil, entre comillas, escribir una novela negra que una novela histórica y esto lo digo sin demeritar el género, sino todo lo contrario”, se explaya.

También da la oportunidad al escritor de tocar temas de mucha más actualidad. “En la novela histórica, según Walter Scott, tienen que pasar unos 60 años antes de que pretendas escribirla. Tres generaciones porque si no, ya no es histórica”, señala Morgan.

Anabela trata de seguir adelante con su vida, luego de la pérdida de su hermano, pero un encuentro con un investigador que llega a su bufete de abogados a discutir un tema sobre uno de sus clientes, le revela que él conoció a su hermano y poco a poco se van revelando datos que Anabela, aunque muy cercana con Daniel, desconocía.

“El tema central de esta novela es el amor fraternal y hasta dónde puede llegar sin afectar a las relaciones de esos hermanos con el resto de la sociedad”, destaca.

“Estos eran tan unidos, crearon un mundo tan de ellos que les costaba relacionarse [con los demás]. La relación eran mucho entre ellos y dependían mucho el uno del otro. Así es que esa es realmente la trama”, agrega.

El mundo de Anabela se complica cuando empieza a conocer detalles de la vida de su hermano que le eran completamente ajenos.

“Y junto a esa trama incluí algunas cosas de actualidad y que pueden interesar a un editor, porque el editor a lo mejor va a decir, mira, tramas como estas puede haber cien, pero si tenía un elemento novedoso, a lo mejor les interesaba más”, sostiene.

Un borrador inicial de la trama de La muerte de Daniel da fe de los giros que tuvo con respecto a la obra publicada. “Antes de la pandemia tenía unas 50 páginas escritas y cuando dictan las medidas de confinamiento, decidí dedicarme a terminar el libro. Me dediqué mucho más a estudiar el tema, a verlo desde más de una perspectiva, más global y así fui creando”, asegura. En dos o tres meses que estuve encerrado, feliz por la oportunidad de ser escritor a tiempo completo, terminé la novela”, afirma.

Y no fue sino a pocos días de terminarla, que realmente se estableció cual sería el final.

Morgan ha establecido que en adelante, dedicará más tiempo a la literatura. De hecho, el confinamiento también le valió el recopilar una serie de poesías que ha ido escribiendo a lo largo del tiempo y que ha publicado en un libro que tituló Hay días tan azules. “No he hecho ni presentación ni divulgación, pero está en El Hombre de la Mancha y me dicen que se ha vendido…”, dice. “Y sigo trabajando en otros libros y proyectos”, agrega.

El escritor pertenece a varios círculos de lectura, “Pertenezco a todos los que me invitan, voy aunque sea virtual, y de esos hay muchos más ahora”, reconoce. “La gente se reúne y se puede conversar muy sabroso también”.

La muerte de Daniel se presentará hoy en La Feria del Libro, a las 5:00 de la tarde en el Salón virtual Hersilia Ramos de Argote.