30 de Nov de 2021

Cultura

Para cambiar hay que salir de la zona conocida

El cambio puede ser planificado y trabajado. Lo primero es desear el cambio verdadero, y lo segundo es implicarnos en él y trabajar para conseguirlo

Para cambiar hay que salir de la zona conocida
Ansiamos el cambio, pero no hacemos nada para conseguirlo.Pixabay

Todos queremos mejorar nuestra vida y, a menudo, nos planteamos qué tenemos que cambiar para lograrlo. Los verdaderos cambios en personas se han dado como producto de una necesidad, de un estado de “lo hago porque no me queda otra opción”, de una incomodidad tal que la persona no podía continuar como estaba.

Conozco muchos casos, situaciones en donde las personas aprenden a estar solas y a empoderarse luego de un engaño, o de que los echen de su trabajo o como producto de una enfermedad.

Sin embargo, el cambio puede ser planificado y trabajado. Lo primero y esencial es desear el cambio verdadero, y lo segundo, y no menos importante, es implicarnos en él y trabajar para conseguirlo.

A veces queremos recoger los frutos de una verdadera transformación, pero no estamos dispuestos a dar los pasos necesarios para lograrlo y mucho menos a ser pacientes y amables con nosotros en ese proceso. Aspiramos a una mayor serenidad, a una satisfacción duradera y a lograr la felicidad que creemos que nos corresponde, pero lo deseamos como una recompensa justa que nos merecemos, como una salvación que viene de fuera, y que no requiere ningún esfuerzo por nuestra parte.

Ansiamos el cambio, pero no hacemos nada para conseguirlo, sobre todo si implica abandonar nuestra zona de confort interior.

Un día estaremos obligados a despertar de nuestro letargo y a tomar las riendas de nuestra vida, porque lo cierto es que nadie nos puede salvar de nosotros mismos.

Nosotros construimos nuestra realidad. Y el verdadero reto empieza por trabajar nuestro yo, por responsabilizarnos de nuestros pensamientos, por escuchar los mensajes que nuestras emociones nos transmiten, y buscar deshacernos de todos los desechos mentales que hemos ido acumulando con el tiempo y que se interponen entre nosotros y la plenitud de la vida.

Para conseguir cualquier tipo de transformación, necesitamos reconfigurar nuestra mente y luego fortalecer las nuevas conexiones neuronales que hemos establecido, y esto solo se logra mediante la práctica constante y focalizada.

De esta forma, con el tiempo podremos adoptar nuevos hábitos mentales, que cada vez aparecerán con mayor frecuencia y menor esfuerzo.

Cuando son los pensamientos positivos y la inspiración los que alimentan nuestra mente, nos sentimos bien. Sin embargo, cuando son las creencias y las pasiones negativas las que nos inundan, sus efectos tóxicos nos envenenan.

Sirve tener pensamientos negativos para invitarnos a cambiar, muchas personas han iniciado procesos de cambio para salir del dolor, eso requiere de entrenarnos en gestionar la mente. Al final del día, todo lo que los seres humanos buscamos es el bienestar y la felicidad, encubierto en cosas materiales, en relaciones, en cosas que nos provean felicidad.

Cuando nuestra mente se acostumbró al dolor, se hace necesario trabajar en forma consciente para salir de ahí, ya que sin darnos cuenta generamos ese dolor por acostumbramiento.

Esta tarea es un camino sin fin. No se trata de llegar a la meta y relajarse para siempre. El crecimiento interior es un camino de ida constante, por eso la invitación es a disfrutar de ese proceso mientras lo incorporas como un nuevo hábito.

El verdadero reto empieza por responsabilizarte de tus pensamientos y por escuchar los mensajes que te transmiten tus emociones y comenzar un plan de desarrollo personal adecuado.

Paula Cabalén @paulacabalen

Coach de vida y negocios| Consultora y conferencista