07 de Dic de 2022

Cultura

'Conocí a un muchacho...', la frase con la que inicia un embarazo precoz

Eugenia Rodríguez Blanco, autora principal de la investigación “Nosotras no somos una cifra” –una etnografía sobre el embarazo adolescente en Panamá–, brinda detalles del estudio. En el país la tasa de fecundidad en adolescentes (nacimientos por cada 1.000 mujeres entre 15 y 19 años de edad) es de 70, mientras que en Latinoamérica está en 59 y en el mundo en 40 (2020)

'Conocí a un muchacho...', la frase con la que inicia un embarazo precoz
Algunas adolescentes optan por atención de salud privada para evitar malos tratos, según una investigación.Shutterstock
'Conocí a un muchacho...', la frase con la que inicia un embarazo precoz
“Las adolescentes tienen más riesgo de muerte materna y generan más gastos en salud”, UNFPAcredito
'Conocí a un muchacho...', la frase con la que inicia un embarazo precoz
xxxxx xxxxFotógrafoLa Estrella de Panamárempore t

Casi todos los relatos empiezan diciendo: “conocí a un muchacho...”. Allí se inician las historias marcadas por la exclusión, estigmatización e incluso la violencia, según la antropóloga Eugenia Rodríguez Blanco, autora principal de la investigación 'Nosotras no somos una cifra', una etnografía sobre el embarazo adolescente en Panamá.

“Normalmente, en los estudios que se han hecho hasta ahora se dice que el embarazo en la adolescencia es un problema social y de salud porque genera una cantidad de secuelas negativas, es cierto; pero no suelen ser las adolescentes las que participan en esa interpretación del problema”, dice Rodríguez.

'Nosotras no somos una cifra' centró sus esfuerzos en conocer el tema de la mano de ellas, de las adolescentes. Lo que implicó preguntarles cómo fue su experiencia y cómo la valoraban. Para ello se realizaron entrevistas testimoniales y grupos sociales en los que las adolescentes hacían un análisis de manera colectiva. Abordaban las causas, consecuencias, y realizaban una valoración de cuáles deberían ser las recomendaciones.

“Con todo ese diagnóstico, estructurado por la información que surgía en los grupos y las historias de vida, analizo el tema, desde la visión de ellas”, asegura Rodríguez.

Una de las conclusiones de la investigación, según la antropóloga, es que “sus historias nos dicen que en las causas de embarazo en la adolescencia hay situaciones que tienen que ver con sus contextos socioeconómicos, familiares y culturales. Esos contextos están marcados por el abandono, la exclusión, la discriminación, la marginación y la pobreza”.

Responsabilidad individual, familiar e institucional

El discurso del embarazo precoz está enmarcado en la falta de información sobre salud sexual y reproductiva, y la falta de acceso a métodos anticonceptivos ¿Qué información se debe compartir con los niños y adolescentes sobre el tema?, quién la debe decir, cuándo y cómo son aspectos que generan controversia en la sociedad. Sin embargo, un aspecto indiscutible es que la problemática compete a todos.

“Las muertes maternas en adolescentes generaron un costo social para la economía panameña de $1,05 millón, mientras que los costos asociados a la atención de salud de los embarazos adolescentes fueron de $14,3 millones”

“Hay que ver más allá de la responsabilidad individual de la chica o el chico que tuvo un comportamiento irresponsable... hay que reconocer otro tipo de responsabilidad que es familiar, social e institucional”, asevera Rodríguez.

Y es que cuando hablamos de embarazo en la adolescencia regularmente la responsabilidad recae sobre el menor y las secuelas que saltan a la palestra es el abandono escolar, problemas de salud materno infantil, estos últimos, sobre todo, en el caso de las más jóvenes.

“Ahora bien, ¿qué responsabilidad tiene el trato que ellas reciben en las instituciones de salud, de educación, en el hogar, en la calle?”, cuestiona Rodríguez.

“El estudio demuestra que tienen un alto grado de responsabilidad, porque ellas, muchas veces, abandonan la escuela no porque están embarazadas, no es el embarazo en sí el que las expulsa del colegio. No es que ellas decidan una vez quedan embarazadas no continuar con su proyecto de estudio, porque quieren ser madre y dedicarse a esa vida, no es así. Ellas, en la mayoría de los casos, quieren seguir estudiando, pero no lo hacen porque cuando van a la escuela reciben malos tratos, discriminación, comentarios y miradas con las que no se sienten cómodas. Abandonan la escuela por el trato que reciben en mayor medida, que por el propio embarazo”, detalla la antropóloga.

En el caso de la salud, Rodríguez, doctora en antropología social y magíster en género y desarrollo, reseña una situación similar. “¿Por qué tienen malas condiciones de salud?, obviamente para las más jovencitas es un tema biológico, clínico, pero las que no son tan jóvenes tienen problemas de salud porque no van a los controles pues los profesionales que las atienden a veces las tratan de manera discriminatoria, les hacen comentarios... es entonces cuando deciden no regresar y algunas toman la decisión de atenderse en clínicas privadas”.

“Ellas sienten que son castigadas social e institucionalmente por haber quedado embarazadas y fallarle a la sociedad porque no era el tiempo para ser madres”, lamenta Rodríguez.

Consecuencias socioeconómicas del embarazo en la adolescencia en Panamá

'Nosotras no somos una cifra' La investigación realizada por la antropóloga Eugenia Rodríguez Blanco como investigadora principal y la epidemióloga Amanda Gabster como coinvestigadora, fue financiada por Senacyt. La investigación “Nosotras no somos una cifra”, una etnografía sobre el embarazo adolescente en Panamá, se inició en marzo de 2020 y fue financiada por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), con la antropóloga Eugenia Rodríguez Blanco como investigadora principal y la epidemióloga Amanda Gabster como coinvestigadora. Las investigadoras parten de la posición teórica de que las perspectivas de las propias jóvenes no solo son fundamentales para entender en toda su profundidad y complejidad el embarazo en la adolescencia, sino que constituyen un insumo determinante en la elaboración de políticas para prevenirlo y atenderlo. Esta etnografía, realizada con participantes de Colón, ciudad de Panamá y las comarcas Ngäbe-Buglé y Emberá-Wounaan, revela aspectos hasta el momento poco problematizados en Panamá: Responsabilidades institucionales, problemas estructurales preexistentes en las vidas de las jóvenes, estigma, discriminación y violencia de las que son objeto una vez que quedan embarazadas. Todo surgió porque yo vivía cerca de un albergue de embarazadas y ocurrió un episodio en mi vida que me vinculó a ese albergue y a las cosas que pasaban en ese lugar. Decidí que yo quería abordar este tema desde donde yo podía, desde la antropología. Ese albergue no quiso que yo hiciera el estudio allí, pero encontré otras personas dispuestas a colaborar.

Las madres adolescentes panameñas son protagonistas de cifras que ubican al país en una posición en la que el accionar debe ser prioridad para las autoridades, familias y sociedad en general. La tasa de fecundidad en adolescentes (nacimientos por cada 1.000 mujeres entre 15 y 19 años de edad) está por encima de la regional y la global. “En Panamá es de 70, mientras que a nivel latinoamericano está en 59, y si lo comparamos con el mundo está en 40 (2020). Eso indica que debemos tomar acción sobre todo en planificación”, asegura Geneva González, jefa de salud sexual y reproductiva de la dirección general de Salud Pública del ministerio de Salud (Minsa).

Si trasladamos estas cifras al aspecto económico, ¿cuál es el costo del embarazo precoz para la sociedad panameña? La oficina para América Latina y el Caribe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) creó una metodología para estimar el impacto económico del embarazo y la maternidad adolescente, a la cual denominó 'Milena 1.0'.

Esta metodología calcula el costo de oportunidad entendido como el valor de las opciones de las que se priva una persona cuando hace una elección sobre la educación, la participación laboral y los ingresos.

“Los resultados obtenidos indican que el costo de oportunidad total asociado al embarazo en la adolescencia y la maternidad temprana en Panamá asciende a $495,4 millones, es decir, 0,74% del producto interno bruto, según datos del año 2019”, anota el informe 'Consecuencias socioeconómicas del embarazo en la adolescencia en Panamá', (septiembre 2021).

Al igual que la investigación realizada por la profesional en género y desarrollo, desde la óptica de las adolescentes, el informe del Unfpa hace hincapié en las razones por las que las adolescentes abandonan los estudios. “La consecuencia más inmediata del embarazo en la adolescencia y la maternidad temprana es la interrupción de las trayectorias educativas de las mujeres. Esto es porque las mujeres que son madres desde la adolescencia suelen ser expulsadas de forma prematura del sistema educativo, debido a la dificultad para conciliar sus estudios con las tareas de cuidado”.

De manera errónea, al pensar superficialmente sobre el embarazo precoz se puede concluir que las secuelas impactan solo a la joven madre, su familia y entorno. La realidad es otra. Los estudios demuestran que la huella trasciende al país, a la sociedad en su conjunto.

Prueba de ello son los datos arrojados por el estudio del Unfpa: “las muertes maternas en adolescentes generaron un costo social para la economía panameña de $1,05 millón mientras que los costos asociados a la atención de salud de los embarazos adolescentes fueron de $14,3 millones. Las adolescentes tienen más riesgo de muerte materna y generan más gastos en salud, ya que suelen necesitar mayor atención médica que el resto de las mujeres que atraviesan por un embarazo. Por último, los efectos del embarazo en la adolescencia también repercuten sobre la recaudación fiscal, porque las condiciones socioeconómicas precarias de las madres tempranas generaron un costo económico de $15,6 millones en 2019 por impuestos no percibidos”.

'El embarazo en la adolescencia compromete la inversión en capital humano' Entre los desafíos más importantes para asegurar el crecimiento y el desarrollo sostenido del país está la reducción del embarazo precoz El estudio Consecuencias socioeconómicas del embarazo en la adolescencia en Panamá, del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), reseña que: “si bien el ATLAS de Desarrollo Humano Local de 2015 ha situado a Panamá como el país con el Índice de Desarrollo Humano más alto de América Central, aún persisten fuertes desigualdades que afectan el bienestar de la sociedad en su conjunto”. Según el documento los jóvenes son quienes se ven mayormente afectados por estas desigualdades, especialmente las mujeres indígenas y las que viven en el medio rural. Entre los desafíos más importantes para asegurar el crecimiento y el desarrollo sostenido del país, la investigación señala la reducción del embarazo en la adolescencia, “el cual compromete la inversión en capital humano y el aprovechamiento del bono demográfico”. América Latina y el Caribe es la región con más madres adolescentes por cantidad de habitantes, luego de África Subsahariana. “Si bien la fecundidad global ha descendido significativamente en los últimos años, no ha sucedido lo mismo con la fecundidad en adolescentes, que ha disminuido a un ritmo mucho más lento (Tobar, 2015), recoge el estudio. Para el período 2015-2020 la tasa de fecundidad adolescente (TEFA) fue de nacidos vivos cada mil adolescentes 63 en la región, mientras que para África Subsahariana fue de 95nacidos vivos cada mil (World Population Prospects, 2020). “Panamá registra una tasa de fecundidad adolescente alta y su reducción en el período 2000-2020 ha sido lenta. De forma similar ocurre con países como Ecuador, Argentina y México. Por otro lado, países como Honduras, Guatemala y Colombia, combinan alta fecundidad adolescente y reducciones relativamente rápidas en el último período”, enfatiza el documento.

¿Y en la madre? ¿Cuál es el impacto socieconómico? “En Panamá, ser madre en la adolescencia implica una probabilidad de obtener un grado universitario que equivale a la tercera parte de la probabilidad registrada por una mujer que fue madre en su vida adulta (11,7% versus 32%). El menor nivel de escolaridad se traduce luego, al incorporarse en el mercado laboral, en un menor nivel de remuneración. Los ingresos de las mujeres que alcanzan un título superior (licenciatura completa) triplican a los de las mujeres que solo tienen educación primaria completa en el país y duplican a los de quien solo tiene educación primaria”, asegura el Unfpa.

Accionar: prevención del embarazo precoz

La problemática es real y los expertos urgen a tomar acciones. Una de las formas de enfrentar el problema, concuerdan los especialistas, es la prevención por diversas vías. En el análisis que las participantes de la investigación 'Nosotras no somos una cifra' hacen del tema, concluyen que hubo fallas en relación a la gestión de su sexualidad. Ante ello, la antropóloga manifiesta que “el concepto cuidarse incluye varias cosas: primero tener información, segundo tener acceso a los métodos anticonceptivos y tercero tener el poder de utilizarlos, son tres pasos en los que se encuentran obstáculos”.

“Puedes tener información y luego te encuentras con las barreras del acceso que son una realidad..., luego viene la tercera barrera, que es el uso. Tú puedes tener la información, puedes haber conseguido un preservativo para poder tener una relación sexual segura, pero luego tienes que negociar con tu pareja, estar de acuerdo para usarlo; allí en muchos casos, ellas cuentan la resistencia del compañero”, manifiesta Rodríguez.

González, jefa de salud sexual y reproductiva de la dirección general de Salud Pública del Minsa, recomienda como prevención métodos anticonceptivos de larga acción. “La evidencia científica dice que los métodos de larga acción modernos tienen un impacto más positivo en la prevención de embarazo en el grupo de adolescentes y de adultas jóvenes, en comparación con los métodos tradicionales”. Llámese método tradicional a las pastillas e inyecciones anticonceptivas. “Pero los métodos de larga acción (dos o cinco años) como los implantes ... tienen un impacto más positivo para la prevención del embarazo, en términos generales, por un lado. Por otro lado, le permite a la paciente planificar realmente...”, dice González.

Al abanico de anticonceptivos, la psicóloga Laura T. Pinilla agrega la comunicación familiar o del adulto a cargo del o la menor como método de prevención. “El tema de los anticonceptivos es sumamente importante, sin embargo, no debemos dejar a un lado el conversar con nuestros menores; no es solo labor de los padres, un tío, una abuela, un adulto responsable lo puede hacer. Transmitirles a ellos el valor de esperar que tu cuerpo fisiológicamente y emocionalmente esté preparado para ese paso”, dice Pinilla.

Cuestiona que “en los últimos años parte de la sociedad se ha abocado a solo hablar de anticonceptivos, ello saca del radar las secuelas emocionales que puede tener un menor al estar activo sexualmente”.

En línea con las recomendaciones internacionales para prevenir el embarazo en la adolescencia, Unfpa Panamá recomienda: la promoción de la educación sexual integral en todos los niveles educativos, la contención y prevención de situaciones de violencia basada en género, la eliminación de barreras en el acceso a métodos anticonceptivos, la creación de un sistema de cuidados fuerte, y la participación de los jóvenes en la creación de políticas y monitoreo.

La prevención del embarazo adolescente es tarea del país, según los especialistas.

Desde la óptica de las protagonistas, es importante ampliar la visión de responsabilidad en el abordaje del tema.