La Estrella de Panamá
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23 de Oct de 2019

Familia

La adopción, un acto de vida y amor empañado por la burocracia y la ‘falta de presupuesto'

La acción jurídica que le brinda oportunidad y felicidad tanto a padres como a infantes sufre carencias que nublan el proceso. Esto no conlleva a que las familias interesadas en adoptar pierdan la esperanza

Alegría, sonrisas, júbilo y hasta un poco de nerviosismo. Todo un cúmulo de emociones y sensaciones que viven en las vísperas del anhelado encuentro. No pocos fueron los días que Jak y Carolina Fonsdal aguardaron para tener en su regazo a su hija adoptiva.

‘Fue maravilloso, tan solo habíamos leído su expediente unas semanas atrás y ya la sentíamos nuestra hija. Al verla por primera vez, no pudimos evitar emocionarnos hasta las lágrimas', rememora la pareja.

La adopción , según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), es una medida de protección que se aplica cuando se han agotado todas las posibilidades para que un niño pueda reintegrarse o permanecer bajo el cuidado personal de sus padres o familia biológica, permitiendo restituir su derecho a vivir en una familia definitiva que le garantice crecer y desarrollarse adecuadamente, en un ambiente de protección y afecto.

Datos del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) recogen que, a julio de 2017, Panamá contaba con una población de 2,083 niños, niñas y adolescentes en 57 albergues, de los cuales el 49.9% es femenino y 50.1%, masculino.

A criterio de Wilfredo Ríos G., abogado de familia, especialista en temas de adopción, la cifra en el 2019 aumentó a ‘cerca de 2,500 infantes huérfanos o abandonados que no pueden ser adoptados'. El letrado añade que ‘hay alrededor de 2,000 familias (entre nacionales y extranjeras) interesadas en adoptar'.

¿Qué impide que más menores puedan volver a tener una familia?

‘A nuestro juicio, la actual Ley (46 del 17 de julio de 2013) carece de simplicidad, tranca y dilata el procedimiento. Todo el proceso es muy burocrático', asienta Ríos.

Jak y Carolina sostienen que ‘cada caso es diferente y relativo. A nosotros nos demoró menos de dos años. Pero hemos conocido una familia a la que le ha tomado hasta ocho años', aseguran.

Cuando los esposos Fonsdal iniciaron el proceso, ya estaba en vigencia la Ley 46 del 17 de julio de 2013.

‘Entendemos que con esta actualización de la Ley se inició una notable mejoría en la agilización de los procesos, ya que no todos los niños que están en albergues se encuentran en estado de adoptabilidad', subraya la pareja. Sin embargo, añaden que falta mucho más ‘para asegurar los derechos del menor sin cuidado parental, se debe garantizar que los niños institucionalizados estén el menor tiempo posible en los albergues'.

Actualmente hay dos proyectos de leyes que buscan modificar la Ley 46 del 17 de julio de 2013, sobre adopción.

Se trata del proyecto de ley 536, general de adopciones de la República de Panamá, y el proyecto de ley 537, que crea y regula el sistema de acogimiento como medida de protección de carácter temporal para los niños, niñas y adolescentes privados de cuidado parental.

BUROCRACIA E INHABILITACIÓN DE LA PATRIA POTESTAD

La burocracia en el proceso no es la única barrera que enfrentan tanto los menores que requieren una familia como los interesados en adoptar.

‘El problema va más allá de una ley', sentencia Ríos. ‘La Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, Senniaf (autoridad panameña encargada para lidiar con las adopciones locales e internacionales) no cuenta con los recursos necesarios para hacer su trabajo', denuncia el miembro de Abogados Familia Panamá (AFP).

Explica que ‘para que un niño esté en estado de adoptabilidad tiene que pasar por un proceso judicial previo denominado inhabilitación de la patria potestad. Actualmente no hay presupuesto para realizar este proceso'.

‘Las familias deben ser conscientes de que al adoptar un niño se adopta también una historia y en la medida que manejes bien esa historia vas a poder tener un buen proceso',

ANELISSE R. DUTARI MORENO

TERAPEUTA FAMILIAR

Añade que pese a tener trámites aprobados no se ha culminado el procedimiento, pues ‘‘no hay niños en estado de adoptabilidad', fue lo último que me mencionó una funcionaria de la institución', asevera.

‘Hemos cumplido con los requisitos y todo lo que dice la ley y tenemos tres años esperando la asignación de un menor; sin embargo, hay 2,500 esperando en albergues. Esto, además de afectar al niño y la familia, recarga de gastos a los albergues que tendrán que vivir por donaciones o subsidios del Estado', indica.

‘Considero que el Gobierno no le da la debida importancia a la adopción porque no es un tema político y hoy vivimos en un mundo que gira en torno a la política, intereses personales y económicos', subraya Ríos.

Al cierre de esta edición, La Estrella de Panamá intentó constatar esta información con directivos de la Senniaf, pero no recibimos respuesta.

ALTIBAJOS EN EL PROCESO

En el caso de la pareja Fonsdal, lo más complejo fue ‘lograr encontrar profesionales idóneos que nos asistieran en la orientación legal, así como para completar informes técnicos (psicólogo, trabajadora social)', expresan. Evocan que ‘casi frustrados por llegar a completar los requisitos, llegamos a una fundación que fue y sigue siendo una ayuda increíble en esta aventura, se llama Clamor del Corazón; sin ellos hubiese sido mucho más difícil'.

‘Hemos cumplido con los requisitos y todo lo que dice la Ley y tenemos tres años esperando la asignación de un menor; sin embargo, hay 2,500 esperando en albergues',

WILFREDO RÍOS G.

ABOGADO DE FAMILIA

Aunque al casarse Jak y Carolina habían hablado de adoptar, tomar la decisión de tener una hija ‘del corazón' fue un proceso de varios años.

‘Fue al momento de orar, entender y aceptar que teníamos un propósito diferente al ser padres de esta manera, y después de varios años buscando un hijo biológico, nuestro corazón se abrió completamente al milagro de la adopción. Le dijimos al Señor: decide cómo quieres que seamos padres, y llegó nuestra hija', detallan.

Los padres no deciden a cuál niño o niña adoptar. Existe un comité especializado en la asignación del menor. ‘Pensamos que el que los padres tengan algunas condiciones influye también en el tiempo que dure el proceso. En nuestro caso, no hubo condición de género, grupo étnico ni edad en específico, nos abrimos a un amplio rango de edad. Dejamos que el Señor la escogiera para nosotros', aseguran.

El primer encuentro con su hija Camila es imborrable en la memoria de los esposos Fonsdal.

La directora del albergue la entregó a los brazos de su madre diciendo: aquí están tus padres. Mami la cargó, y le sonrió; ella no entendía, mientras su padre le decía lo bonita que era. ‘Fue caóticamente hermoso y en tiempos de Navidad, ha sido el mejor regalo que hemos recibido', recuerdan.

‘La adopción no es un plan B, también es un milagro. Cambia la vida de los padres y del menor institucionalizado. Los padres que desean adoptar deben abrazar la esperanza y estar convencidos de que el menor tiene derecho de vivir en familia. No se trata de las expectativas de la pareja, sino de las necesidades del menor', puntualizan Jak y Carolina.

CLAMOR DEL CORAZÓN MINISTERIO A LOS NIÑOS

En 2007, Matt y Misty Hedspeth viajaron a Panamá para el que pensaron sería un viaje de dos partes: en primer lugar, para hacer trabajo voluntario, y segundo, una escapada de vacaciones. Misty estaba utilizando su título de abogada para ayudar a una agencia de adopción en Estados Unidos que se enfocaba en unir a los niños privados de cuidado parental con familias amorosas y dispuestas. La experiencia impactó la vida de los esposos.

La segunda parte del viaje nunca se completó, sino que la pareja decidió vender su casa, dejar sus puestos de trabajo y mudarse a Panamá para seguir el llamado de Dios de ayudar a los niños en riesgo social de Panamá. Así nace Clamor del Corazón Ministerio a los Niños.

Actualmente, Clamor del Corazón tiene tres programas que están diseñados y enfocados de forma estratégica. Servicios a las Familias: acompaña, capacita y ofrece representación legal de forma gratuita, a las familias en Panamá que proveen un hogar a un niño, niña o adolescente en riesgo social, a través del programa de familia acogente o a través de la figura de la adopción.

Casa Providencia: casa y centro de terapias para niños con discapacidad privados de cuidado parental. Esta facilidad proporciona terapia física, ocupacional y atenciones médicas, a los niños más necesitados en riesgo social.

Mientras su situación familiar es resuelta, se les brinda las mejores atenciones y cuidados para sus necesidades especiales. Cuidado a los Niños en riesgo social: fomenta, apoya y conecta voluntarios y grupos misioneros con los niños en albergues y hogares temporales, mostrándoles el amor de Dios y su cobertura paterna sobre ellos.

‘EL AMOR TODO LO PUEDE'

Con paciencia, cariño y guiados por profesionales, los padres logran insertar a los hijos adoptivos a la familia

Los primeros meses de Jak y Carolina junto a su hija fueron difíciles.

‘Hubo mucho cambio en poco tiempo. Nos costó mucho el no poder expresarle amor y cariño tan efusivamente. Nuestra hija lloraba para que no la abrazáramos o estuviésemos cerca', evoca la pareja. Sin embargo entendían que debían ser pacientes y pronto cosecharían lo que estaban sembrando en su hija. ‘Sentimos rechazos, nos negaba sonreír aun cuando algo le hacía sentir bien, y aunque nos hacía saber que no nos deseaba cerca, siempre estuvimos diciéndole cuanto la amábamos', indican.

Poco a poco, la infante empezó a desear las demostraciones de cariño. Dejó de llamar tía a su mamá adoptiva; y la llamó mamá; su padre adoptivo ya no era tú u oye, sino papá. ‘Tuvimos consejos de una psicoterapeuta especializada en la fundación Clamor del Corazón para hacer más llevadera la etapa de transición', dicen.

La terapeuta familiar del Instituto Panameño de Terapia Familiar y de Pareja, Anelisse R. Dutari Moreno, resalta que ‘las familias deben ser conscientes de que al adoptar un niño se adopta también una historia y en la medida que manejes bien esa historia vas a poder tener un buen proceso'.

Dutari destaca que el padre adoptante ‘no es un reemplazo del otro padre, sino que continúa la labor'. ‘Es decir —apunta Dutari— el padre biológico dio la vida y yo continúo la labor de la crianza'. Los niños adoptados experimentan el dolor de la separación de sus padres biológicos cuando nacen. La especialista cita que ‘el mensaje del padre biológico no debe ser dañado. No se le debe hablar negativamente de la familia biológica al infante o adolescente'.

Además, se debe reafirmar permanentemente su lugar en la familia. Esto ayudará a calmar posibles temores y miedos. ‘Hay que crearles ese sentir de pertenencia. Que se sientan parte del sistema familiar '.

Al igual que en toda familia, se le debe guiar a que exprese y comparta sus sentimientos, dudas e inquietudes. ‘Entre los padres y los hijos debe haber y construirse la confianza; si el menor lo requiere, conversar del tema, siempre de manera natural', subraya la terapeuta familiar.

Es ‘importante' hablar del tema con el infante desde el comienzo. ‘Nunca el saber es más malo que el no saberlo', sustenta Dutari.