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31 de Mar de 2020

Farándula

Ayelén Beker, la voz de la cumbia que reclama cupo laboral trans en Argentina

Beker cantó por primera vez en un escenario hace dos años, una ilusión que siempre tuvo, y que "por fin" puede cumplir gracias a la cumbia.

Ayelén Beker, la voz de la cumbia que reclama cupo laboral trans en Argentina
Aylén Beker.

Si hasta hace dos años Ayelén Beker solo cantaba cumbia en la intimidad, hoy lo hace encima de los escenarios de toda Argentina y ha convertido su historia de superación en todo un himno que reclama la implementación de la ley cupo laboral para la población transexual en el conjunto del país.

"Para mí estamos más cerca de Uruguay que del Brasil de (Jair) Bolsonaro", aseguró Beker en declaraciones a Efe, y agregó que "ya va a llegar".

A través de la Subsecretaría de Diversidad Sexual de Santa Fe, ubicada en Rosario -la única de este tipo en el país- y un convenio con la Asociación de Travestis, Transexuales de Argentina, se ha convertido en uno de los iconos que apuntan a igualar los derechos trans de su país a los conseguidos en Uruguay el pasado 19 de octubre.

"Empecé a vivir cuando hice mi transición", contó la rosarina, algo que sucedió tras 15 años "odiando" su cuerpo.

Beker cantó por primera vez en un escenario hace dos años, una ilusión que siempre tuvo, y que "por fin" puede cumplir gracias a la cumbia.

Defiende que las mujeres transexuales han de retomar hasta finalizar los estudios de secundaria que la mayoría dejó por episodios de abuso en la escuela, para que, una vez Argentina apruebe una ley similar a la uruguaya, puedan acceder a los puestos que se habrán de cubrir.

"En el centro de día les digo a mis compañeras que vayan a estudiar, porque cuando salga el cupo laboral igual no las van a tomar si no tienen el secundario completo", insistió, ya que la mayoría de ellas no terminaron nunca sus estudios.

A principios de la década de 1990 las radios argentinas llenaban sus minutos musicales con temas de cumbia, un género que había ganado popularidad en los años sesenta en diferentes países de Latinoamérica, y que el país austral adaptó hasta llegar a los ritmos que hoy se conocen.

Con la cumbia como vía de escape, hace años que Beker dejó la calle tras una fatídica noche en la que volvió a su casa herida después de que un cliente le propinara una paliza que marcó su salida definitiva de la prostitución.

"Tuve un negocio cinco años gracias a mi mamá, porque una noche llegué, yo trabajaba en la calle, y me habían molido a golpes, estaba toda llena de sangre", narró la cantante.

Con el cambio de Gobierno tuvo que cerrar su negocio y volver a repartir currículums en su ciudad de origen, Rosario, un "horrible retroceso" para ella, que ya había comenzado a estudiar interpretación de comedia musical.

"Pasé de sentirme parte del sistema a que me excluyera de nuevo", lamentó.

Así terminó trabajando en un centro de día, primero unas horas a la semana realizando censos a la población trans y después en un comedor que todavía combina con su lucha feminista.

"Creo que ahora la sociedad es más abierta, está más aceptado, aunque el machismo va a estar siempre porque nos hemos criado así", comentó.

Una ley del cupo laboral trans ya fue aprobada en la provincia de Buenos Aires en 2015, y establece que el 1 % de los puestos en municipios tienen que estar ocupados por personas transgénero, transexuales o travestis.

Sin embargo, numerosas agrupaciones consideran que esta ley no se está cumpliendo en la provincia.

"Nos hace falta visibilización, el colectivo es muy difícil porque estamos en una guerra constante con nosotras mismas y con la sociedad, por eso lo que estamos tratando de crear es la unión", admitió la artista.

Siempre militó con la bandera trans, "de amor" y sin partidos políticos.

A su parecer, "la política es política y es negocio".

"Nosotras avanzamos muchísimo, no nos metamos palos en las ruedas entre nosotras porque si no, no avanzamos", reconoció Beker.

En 2012, Argentina fue también el país que abrió camino en el reconocimiento de derechos de los transexuales, con una ley que permitía a cualquier persona mayor de 18 años elegir su identidad de género, someterse a un cambio de sexo y revisar los documentos oficiales sin aprobación judicial o médica previa.

Los menores pueden hacerlo con el consentimiento de sus representantes legales o por medio de un procedimiento sumario ante un juez.