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18 de Sep de 2020

Planeta

Las plantas que vienen de América

MADRID. . Cuando el girasol —el chimalatl de los aztecas—, llegó a Madrid, era la flor más grande nunca vista en España. La piña, un re...

MADRID.

Cuando el girasol —el chimalatl de los aztecas—, llegó a Madrid, era la flor más grande nunca vista en España. La piña, un recuerdo de la expedición a Nueva España (México), era una infrutescencia exótica, igual que la planta del tabaco, originariamente una medicina tradicional con la que los indios trataban los dolores de cabeza. Espigada y con unas flores violetas a modo de corona, la planta del tabaco se utilizó también con fines ornamentales, como la fuchsia magellanica —planta llamada popularmente pendientes de la reina—, originaria del Estrecho de Magallanes, o la dalia, flor emblemática de México.

Girasoles, piñas, plantas de tabaco, dalias o pendientes de la reina son algunos de los tesoros del Real Jardín Botánico de Madrid, fundado en 1781 por Carlos III.

“Si el otoño se muestra clemente, la dalia excelsa, la de mayor tamaño de la familia, florecerá a finales de octubre”, explica la botánica María Cervera, guía de la visita. El parterre dedicado a esta flor es una explosión de colores que contrasta con la fronda tímidamente teñida de amarillos y ocres, apenas otoñal, de la arboleda. En secreto, en el edificio que sirve de archivo al recinto diseñado por Juan de Villanueva —una magna intervención urbanística que plantó el jardín al lado mismo del Museo del Prado—, se conserva más de un millón de pliegos de flores y plantas, muchos de ellos procedentes de las expediciones botánicas del siglo XVIII a América, ligadas a descubrimientos científicos cuyo propósito inicial fue, sin embargo, más prosaico: hallar nuevas posibilidades comerciales, y en contadas ocasiones dirimir con otros imperios, como el portugués, lindes y dominios. “El propósito comercial de las expediciones científicas era averiguar qué había en el Nuevo Mundo que se pudiera comercializar”, explica Cervera. “Ése fue el caso de la canela, por ejemplo. José Celestino Mutis, que dirigió la expedición a Nueva Granada, iba buscando un sucedáneo de la canela, cuyo monopolio ostentaban holandeses o portugueses, y que tenía mucha demanda en la época”. En lugar de cinnamomum zeylanicum, los expedicionarios españoles sólo pudieron encontrar drimys winteri, o canelo del páramo, un arbusto que vegeta en una esquina del Botánico como triste recordatorio de un empeño frustrado.

Similar fue el caso del árbol de la quina, un tesoro buscado con insistencia en la época para remediar los estragos de la malaria, pues de él se extrae la quinina. Esta vez, la búsqueda se vio rematada por el éxito, “y España tuvo el monopolio de la quina durante algún tiempo”. El de la quina es el árbol nacional de Ecuador y figura también en el escudo de Perú.

A la entrada del invernadero donde se concentra el mayor número de especies de origen latinoamericano (plantas de café, mimosas, piña, etcétera) se expone un cajón del siglo XVIII, en perfecto estado de conservación, que se utilizó para el transporte de plantas recolectadas en América Latina. Es un arcón con rejillas superiores, para facilitar la transpiración, y tapas que se cierran con hermosos herrajes. Todo el material vivo recolectado tenía que sobrevivir en un viaje a través del océano Atlántico de hasta 18 meses de duración.