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19 de Jan de 2021

Planeta

Un festival para la salvaguarda de las baula

De febrero a septiembre es la época de desove de esta tortuga en Armila, uno de los lugares de mayor agregación en el mundo de esta especie

La noche del jueves 14 de mayo, cerca de cuarenta tortugas baula llegaron a la playa de Armila, el último pueblo indígena en la costa hacia Colombia. ‘Llegan hasta ochenta', decía con orgullo Yosi Martínez. Esta chica de 16 años de edad sabe que es sorprendente que arriben tantas a un lugar, pues este, el más grande reptil de mar, se encuentra en peligro de extinción.

El lugar de 4.5 kilómetros de largo es un santuario de baula. Para los gunas las tortugas son como su familia, son las hijas de la abuela mar, según cuenta el primer saila de la comunidad, Fidel Martínez. De sus ancestros aprendió a cuidarlas, ellos le enseñaron que cuando los enormes animales (hasta de dos metros de largo) los siguen visitando hay estabilidad. Pero también aprendió que cuando ya no las viera, algo malo iba a pasar.

Ni Yosi ni el saila han estudiado biología ni vida marina, mas entienden a la perfección el equilibrio que debe existir entre hombre y naturaleza. El conocimiento que heredaron de generación en generación los ha llevado a ser todos unos expertos en el tema de conservación ambiental, por lo menos en cuestión de tortugas marinas.

UNA FIESTA DE EQUILIBRIO

Pareciera que estos animales son la razón de ser de los cerca de 700 habitantes del lugar, por lo que han organizado el Festival de la Tortuga Marina, que este año llegó a su VI edición. Hombres y mujeres, docentes y niños tienen tatuados en el alma su conexión con las baula y con la fiesta promueven su cuidado. Ese 14 de mayo fue la primera noche del tributo a la gran tortuga, un emprendimiento de la propia comunidad, organizado por el señor Ignacio Crespo, un armileno que también creció escuchando la importancia de las hijas de la abuela mar.

Armila es uno de los cuatro puntos más importantes en el mundo, de desove de las canal, como también se le conoce al reptil, después de Guyana Francesa y Suriname, Gabón en el oeste de África y Trinidad en el Caribe, y el segundo del Caribe. Se estima que la población actual es de 34 mil, las cuales son consideradas como afortunadas.

Estas anotaciones, Yosi Martínez y el resto de los lugareños, sí las aprendieron de los científicos, como el estadounidense Morrison Mast, quienes han ido llegando a Armila para estudiar a sus visitantes marinos. Lejos de verlos como intrusos, personas como Yosi y su hermana Desidelia se han apegado a los expertos y han aprendido aquello que les hacía falta.

Entendidos estadounidenses y europeos han arribado al sitio para estudiar a esta especie y de paso les han dado algunas recomendaciones a la comunidad. Antes no las molestaban, las dejaban llegar a la playa y las admiraban, pero ahora, con el festival, trabajan en su protección. Todos parecen expertos en el tema, por pequeños o viejos que sean.

LAS DULES QUE MIDEN TORTUGAS

Para cada fiesta, las hermanas Martínez laboran de manera voluntaria como guías. Saben qué se debe hacer y qué no. Conocen el tipo de luz adecuada (las linternas hay que cubrirlas con un plástico rojo) y cómo se debe actuar cuando se ve a una.

‘Apaga la linterna, vamos a quedarnos un rato aquí', indicó esa noche Yosi. En medio de la oscuridad comenzaba a contar un poco de su cultura y de su vida. Ella ama a las tortugas desde siempre, y todo parece ser una herencia de su abuela, a quien no dejaba de mencionar en sus historias.

El monitoreo nocturno es una de las principales actividades del festival. En esta ocasión es dirigido por la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP), entidad que ha tomado una participación importante en esta iniciativa. Aparte de las luces apropiadas, hay que ir vestidos de negro, de esta forma no se perturbará el momento del desove.

‘Alumbra para ver', solicitó la guía. La tortuga ya estaba instalada y empezaba a hacer su hoyo. Hay que dejarlas en completa oscuridad para que se acomoden— enfatizó la chica. En efecto, una vez la canal estuvo acomodada nada la perturbó. Ahí es cuando biólogos, Yosi y Desidelia aprovechan para medirlas. Con mucha seriedad, una toma un extremo de la cinta métrica y la otra la estira. Entre la penumbra miran los números y los anotan en un cuaderno que llevan bajo el brazo. Miden largo y ancho de la criatura y la profundidad del hoyo cuando está terminado.

HAY QUE AYUDARLOS A LLEGAR AL MAR

En esos hoyos ponen desde 80 hasta más de cien huevos, los cuales deben permanecer seguros y secos dentro de la arena, según explican las hermanas Martínez. Entre esos huevos hay unos más pequeños a los cuales les llaman vanos. ‘De ellos no nacerán tortugas, pero ayudarán a los otros a estar mejor', informa una de las jóvenes.

Según la bióloga Samira Kiwan, de la Autoridad de los Recursos Acuáticos (ARAP), llegar a la vida adulta no es fácil para estos animales. Una vez una baula adulta deposita sus huevos, estos deben mantener las condiciones naturales adecuadas para que lleguen a neonatos. Desde que las madres emprenden su camino hacia a alguna orilla, en este caso la de Armila, en el mar se enfrentan a depredadores como los tiburones.

Pero los necesarios tiburones (en el equilibrio natural) no son los peores males de las tortugas marinas, es el hombre el principal enemigo. En el caso de esta comunidad guna no hay quien se interese en comerse los huevos, mas la huella humana es visible al observar los alrededores. Cuando las baula comienzan a cavar para depositar los huevos, lo que sacan son desechos inorgánicos.

Y si no son las bolsas plásticas o enseres viejos, ellas empiezan a hacer sus nidos en lugares donde hay agua. Kiwan aclara que esto no es culpa de los gunas, la erosión de las costas provocada por el cambio climático acorta las orillas y así los sitios seguros para desovar. Si los huevos son depositados en un sitio donde hay agua, las tortugas no nacerán.

Una baula pone huevos tres veces durante el periodo de desove que inicia en febrero y termina en septiembre (la época actual es la mejor para avistar baula), dice Desidelia, lo que representan cerca de 300 huevos. Aunque la cifra suene interesante, las estadísticas científicas han demostrado que de cada mil, solo una llega a la vida adulta, pues los neonatos emprenden una lucha titánica para alcanzar las aguas del mar. Perros, pelícanos, gallotes están a la espera de que los huevos revienten y cuando los ven salir, ven ahí un manjar inigualable.

EDUCACIÓN Y CONSERVACIÓN

En Armila, por suerte, hasta los más pequeños están en ‘modo baula' y en cuanto ven a un neonato lo ayudan a llegar a salvo al agua salada. Las maestras, como la veragüense Dayra Díaz (que lleva cuatro años trabajando en esa comunidad), les han enseñado lo que deben hacer en cuanto ven una y como constancia solo hay que ver sus cuadernos: hay dibujos de ‘las hijas de la abuela' por todos lados.

Hasta las 1:30 de la madrugada del 15 de mayo se avistó a las canal. Aunque todos estaban agotados y el frío azotaba, Yosi y Desidelia parecían llenas de fuerza. ‘Nos quedamos hasta las 4 de la mañana muchas veces', confesaron las especialistas en tortugas.

En esta ocasión todos debían reponer fuerzas para participar de las siguientes actividades del festival, entre ellas, justo estuvo la liberación de neonatos: ese momento casi mágico cuando se le da un empujón a las pequeñas tortugas para que lleguen al mar.

PANAMÁ EN LA LISTA DE ‘BUENAS PRÁCTICAS DE SALVAGUARDA'

Limpieza de playa, encuentros deportivos, reuniones entre comunidad e instituciones participantes fueron parte de la agenda de este 2015 en Armila. Todos los temas abordados guardan relación con la conservación de la tortuga y cada iniciativa ha nacido de los armilenos. Una vez pensado e iniciado cada proyecto, entonces han solicitado a los diversos entes de Estado que les apoyen. Así lograron que la Arap tuviera un acción tan importante. Ahora contaron con la presencia del Ministerio de Comercio e Industrias (MICI), específicamente del Proyecto Salvaguardia, a través de ellos le solicitaron a la Unesco incluir al Festival de la Tortuga Marina de Armila en la lista de ‘Buenas prácticas de salvaguarda' y así darle reconocimiento a este patrimonio inmaterial que ellos están cuidando de manera colectiva.

También le pidieron al Ministerio de Ambiente y a la Arap ayuda para mejorar el tratamiento de los perjudiciales desechos inorgánicos, factor que está trastocando la sana relación de hombre y naturaleza.

TURISMO CIENTÍFICO

Desde que empieza la temporada de desove de las baula (en febrero) hasta septiembre, Armila recibe decenas de visitantes, en su mayoría extranjeros, casi siempre son grupos de treinta personas que compran paquetes turísticos que incluyen el avistamiento de las canal. Entre los curiosos, visitan el pueblo entendidos en materia científica que viven por meses entre los originarios para estar más tiempo con los animales marinos. Dada la concurrencia de las personas, el sitio cuenta con lugares dónde dormir y comer para los foráneos.

Con cariño natural, reciben los armilenos a los que llegan, a sus abuelos le atribuyen ese buen trato. Ellos siguen las indicaciones de sus ancestros, quienes les enseñaron a respetar y a cuidar a sus parientes del mar y a los hermanos de tierra que los saludan.

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LAS BAULA O CANAL

Armila es el cuarto lugar de mayor arribo en el mundo de estas tortugas

En una noche pueden llegar hasta 80 a desovar.

Un enemigo de las baula son los plásticos, los que llegan al mar son confundidos con medusas, su alimento favorito.