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01 de Jun de 2020

Planeta

Eric Flores, un firme defensor de la naturaleza

El investigador es uno de los asociados de la organización Coiba AIP. Subraya la importancia de la ciencia y pide a la humanidad preservar los ecosistemas y dar más atención a la ciencia

El científico Eric Flores durante una de sus exploraciones.Cedida

El doctor Eric Flores de Gracia es un investigador de Coiba AIP desde 2018. Es uno de los 27 investigadores asociados especializados en las 13 áreas críticas de exploración de la organización.

Es veragüense, residente en la comunidad de La Peña de Santiago. Graduado del instituto Urracá, posteriormente obtuvo una licenciatura en ingeniería agrícola de la Universidad Tecnológica de Panamá, luego alcanzó un máster en biodiversidad y conservación en los trópicos, en España, así como una maestría en acuicultura en Taiwan ROC, y posteriormente obtuvo un doctorado en biociencias en el Reino Unido, gracias a una beca de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt).

Flores ha trabajado en la exploración de diversos ecosistemas para incrementar el conocimiento sobre la riqueza y diversidad de anfibios y reptiles que pueden habitar Coiba; una realidad que se ha visto afectada por la falta de muestreos más intensos.

El científico panameño ha observado una especie de rana del género craugastor. Este género no está reportado para el Parque Nacional Coiba (PNC). También ha encontrado una lagartija exótica del continente asiático que tampoco estaba reportada en la isla, pero que ya la ha colonizado.

Se trata de la lagartija de casa común cuyo nombre científico actual es Hemidactylus frenatus. Ya en la organización se ha hecho el reporte científico en el primer volumen de 2020 de la revista Herpetological Review, sin embargo, falta conocer el impacto sobre las poblaciones de otras lagartijas nativas de la isla en términos de abundancia y distribución, uso de nicho y transmisión de parásitos.

Para este investigador, uno de los mayores tesoros que posee Panamá es su biodiversidad. “Somos un país megadiverso en términos de especies. Se trata de una riqueza natural que nos permite tener un reservorio de especies que nos diferencia de muchos otros lugares del planeta”, afirma.

“Somos un hot stop o punto caliente en el planeta, tanto en el medio terrestre como en el medio marino y de agua dulce. La dificultad para medir esa biodiversidad ha desfavorecido su preservación y ha causado a lo largo de la historia su desvalorización”, destaca Flores.

Contar con información científica de manera oportuna es una  herramienta de valor que empodera a los pobladores.

“Recientemente observamos los casos de isla Boná, bahía de Panamá, el propio Parque Nacional Coiba y son muchos los casos donde las comunidades locales se han nutrido con éxito de la ciencia para realizar ecoturismo, y otros han utilizado la información generada en defensa de los recursos naturales, dándole mayor relevancia al trabajo científico”, explica el investigador.

En cuanto a los recursos económicos, el científico reconoce que el dinero es definitivamente un catalizador importante. Sin embargo, señala que se requiere colaboración nacional e internacional.

Se necesita “una plataforma real de apoyo al investigador, disminuyendo trabas burocráticas y papelería, hay que entender que muchos comportamientos y procesos de estudio –ya sea en el medio natural o en laboratorio– toman más de un año”, explica.

“Los medios de comunicación deben abrir espacios para que los investigadores divulguen lo que hacen y la sociedad esté más informada. Las actividades de ciencia y tecnología deben ser democratizadas, es decir, que se desarrollen de forma equitativa a lo largo del país, usando teleconferencias, por ejemplo. En algunas áreas de conocimiento, los centros de educación superior deben fomentar la competitividad científica entre sus profesores, aumentando la calidad y vinculación del proceso de enseñanza con el método científico de forma real”, puntualiza.

Para Flores, el investigador no debe ser visto como un apéndice en una institución o en una sociedad, sino como un colaborador esencial para el desarrollo del país. El aporte más palpable de la investigación científica se refleja en el bienestar sanitario de una nación.

“La investigación científica es un eslabón inherente para el éxito de ese diálogo. La ciencia de la conservación hecha a nivel local, puede aportar en soluciones que permitan mitigar los impactos humanos en especies y ecosistemas”, concluye.