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01 de Dec de 2020

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‘Maravilla’ Martínez, el caballero audaz

BUENOS AIRES, ARGENTINA. Sergio ‘Maravilla’ Martínez, el argentino que retuvo la faja de campeón de los medianos del Consejo Mundial de ...

BUENOS AIRES, ARGENTINA. Sergio ‘Maravilla’ Martínez, el argentino que retuvo la faja de campeón de los medianos del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), es un caballero audaz, carismático y lector de libros que supo ganarse la vida como obrero metalmecánico y bailarín nocturno.

Su estampa de estilista exquisito y noqueador trae a la memoria a James Corbett, el estadounidense campeón de los pesados y padre del boxeo moderno, inmortalizado en el filme ‘El Caballero audaz’ (Gentleman Jim), interpretado por Errol Flynn.

Segundo de tres hijos de un trabajador metalúrgico, a los 14 años ‘Maravilla’ tuvo que abandonar el estudio y aprender el oficio de su padre para ayudar al sostenimiento de la familia.

Los Martínez, oriundos de Quilmes, una populosa ciudad industrial y comercial a 30 km al sur de Buenos Aires, fueron migrantes internos entre ciudades en busca de trabajo.

‘En aquella época empecé a conocer lo que era una cena’, relata el boxeador, cuya ración de comida se limitaba a pan y mate cocido, una infusión criolla que es metáfora de la pobreza.

Sergio jugaba bien al fútbol en juveniles, el deporte rey en Argentina, pero un tío fanático del boxeo lo inició a los 21 años con los guantes y deslumbró tanto con sus fintas y golpes que lo apodaron ‘Maravilla’.

Tras una serie impresionante de triunfos en los rings argentinos y un par de títulos, decidió dar un salto profesional cuando se fue a vivir a España y recaló en Alovera, una localidad de Guadalajara en Castilla La Mancha.

Vivió sin papeles y se convirtió en un sudaca, como tantos otros, discriminado.

Pero ‘Maravilla’ es un seductor por naturaleza y supo conseguir empleo como entrenador de empresarios o guardaespaldas.

‘Trabajé bailando arriba de una tarima en una disco en Madrid, algo que preferiría olvidar. Y había domingos que iba a Cáritas (asistencia católica) a pedir comida junto a los mendigos. Comía de a saltitos, como un caballo de ajedrez’, evoca el púgil argentino.