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17 de May de 2022

Economía

¿Se puede reducir el déficit sin afectar la recuperación?

EEUU. En el centro del exasperante debate sobre el presupuesto, en Washington, yace una confusa contradicción. Por un lado, debemos redu...

EEUU. En el centro del exasperante debate sobre el presupuesto, en Washington, yace una confusa contradicción. Por un lado, debemos reducir enormes e interminables déficits, que, según se dice, amenazan una crisis financiera futura. Las últimas proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) —que se dieron a conocer esta semana— calculan 7 billones de dólares en déficits en el curso de la siguiente década, una cifra que podría, bajo circunstancias plausibles, exceder los 9 billones de dólares.

Por otro lado, se nos advierte que no actuemos apresuradamente para reducir el déficit, porque profundos recortes de gastos o aumentos fiscales podrían socavar la débil recuperación económica. Efectivamente, se nos aconseja a la vez reducir el déficit y no reducirlo. Esa contradicción es uno de los motivos por los que el debate sobre el presupuesto desconcierta y paraliza a los norteamericanos. Nos están dando muchos consejos contradictorios. ¿Pueden reconciliarse ambos objetivos? La respuesta es ‘sí’ —por lo menos en papel, aunque tal vez no en el mundo real. En una reciente sesión informativa, el director de la CBO, Douglas Elmendorf, explicó muy bien la manera de hacerlo.

El análisis de la CBO es el epítome del dilema ‘por un lado una cosa, por el otro, otra’. La CBO ha advertido constantemente que la gran deuda federal presenta peligros en el largo plazo. Su último informe repite esos temores. Para 2023, proyecta que la deuda pública federal alcanzará casi los $20 billones, casi el doble de los $11.3 billones de 2012. La deuda como porción de la economía se elevaría del 73% del producto bruto interno en 2012, al 77%. En 2007, la proporción deuda/PBI era del 36%. El aumento de la deuda, expresa la CBO, presenta tres peligros.

ADVERTENCIAS

El primero es una crisis financiera: Las entidades crediticias podrían evitar comprar la deuda del Tesoro. Segundo, los grandes préstamos que obtuviera el gobierno podrían desplazar las inversiones privadas y poner en peligro avances futuros en el estándar de vida. Finalmente, la gran deuda podría limitar la capacidad del gobierno para pedir grandes préstamos, si surgiera una nueva necesidad —una guerra, una crisis económica o un desastre natural.

Así pues, el mensaje es claro: por muy doloroso que sea, controlen esa deuda.

Pero la CBO también advierte que drásticas reducciones de la deuda podrían tener un efecto negativo al perjudicar la recuperación. Hasta las medidas relativamente suaves promulgadas para 2013 retardarán el crecimiento, expresa la CBO.

Recordemos cuáles son: la anulación del recorte del 2% en los impuestos a la nómina del Seguro Social; los recortes en los gastos discrecionales de Defensa y no-Defensa ordenados por la Ley de Control del Presupuesto de 2011; y los aumentos fiscales impuestos sobre las familias de altos ingresos (principalmente solteros con ingresos de más de $400,000 y parejas casadas con ingresos de más de $450,000).

CRECIMIENTO

En 2013, la CBO proyecta que la economía crecerá un 1.4%. Sin las medidas para reducir el déficit, el crecimiento sería alrededor del doble, calcula. La diferencia equivale a unos 2 millones de puestos de trabajo en 2013, según Elmendorf.

La salida de este dilema, sugirió Elmendorf, es sincronizar la reducción del déficit con una recuperación más fuerte del sector privado. A medida que los gastos privados mejoren, los recortes del gasto público o los aumentos fiscales serán una menor amenaza para la economía.

Elmendorf sostuvo que la transición de la demanda generada por el gobierno a la privada está teniendo lugar ahora. Los norteamericanos han pagado sus préstamos; tienen más margen para aumentar los gastos diarios. La subida en los precios de la vivienda y de las acciones ha reforzado la confianza.

El trabajo está aumentando. Los gastos de los gobiernos locales y de los estados se están estabilizando. ‘Vemos que se está generando un impulso,’ dice Elmendorf.

La CBO considera que el crecimiento económico aumentará a un 2.6% en 2014 y que después promediará en alrededor de un 4 por ciento hasta 2017.

El desempleo caerá del 8.1% de 2012 a un 5.6% para 2017 (promedios anuales).

Entonces las contradicciones pueden reconciliarse, con un gran ‘si’.

La recuperación del sector privado debe ser suficientemente vigorosa para que los efectos nocivos de la reducción del déficit puedan absorberse sin causar una nueva recesión.

Después de casi cuatro años de un crecimiento deslucido —aún con masivas dosis de ‘estímulo’ del presupuesto y la Reserva Federal— ese factor sigue siendo una incógnita esencial.