06 de Dic de 2022

Economía

El estancamiento de los jornales y la carencia de puestos

El pasado año, la economía estadounidense agregó 2.6 millones de puestos de trabajo, lo que impulsó a la tasa de desempleo caer un 5.9%

Si uno cree en la ley de la oferta y la demanda —y yo lo hago— no hay gran misterio en el estancamiento de los jornales, aún cuando el desempleo esté cayendo. En el pasado año, la economía agregó 2.6 millones de puestos de trabajo; la tasa de desempleo cayó un 5.9%. Pero a pesar de los puestos extra, debe haber demasiados trabajadores potenciales en busca de demasiados pocos puestos de trabajo. Por lo tanto, el aumento en los jornales es escaso y la recuperación sufre. ¿Caso cerrado? En realidad, no. Sabemos lo que está ocurriendo, pero no sabemos por qué. Ésa es la intriga.

Una teoría es que hay cantidad de trabajadores potenciales listos para entrar de nuevo en el mercado laboral. El mercado estuvo tan débil durante tanto tiempo que hay 6 millones de individuos, dice la Oficina de Estadísticas Laborales, que dicen que desean puestos de trabajo pero que dejaron de buscarlos. A ellos hay que agregar 9.3 millones de personas oficialmente desempleadas y otros 7 millones de trabajadores de tiempo parcial que dicen querer trabajo de tiempo completo. Todos esos trabajadores potenciales mantienen el equilibrio de la oferta y la demanda a favor de los empleadores, sostiene ese argumento.

Parece plausible, aunque hasta el momento las pruebas de hordas de trabajadores que se reincorporan a la búsqueda de trabajo son escasas. Pero incluso si se confirma esa teoría, sospecho que hay algo más en juego: Los trabajadores se sienten tan inseguros que temen dejar sus actuales puestos por otra cosa mejor; por lo tanto, las empresas no tienen que pagar jornales más altos para retenerlos. No es de sorprender que la compensación por la mano de obra —jornales y beneficios— apenas si ha mantenido el ritmo de la inflación, a alrededor de un 2% anual desde mediados de 2009.

El poder de negociación ha virado a los empleadores, sobre la base del temor de los empleados de perder un trabajo permanentemente. Ahora tenemos un nuevo estudio de Macroeconomic Advisers, una importante firma de pronósticos, que sugiere justo eso. Desde 2000, señala, la porción de trabajadores que cambia de trabajo es cada vez más pequeña.

En la jerga económica, los mercados laborales tienen ‘menos fluidez’; los trabajadores se ‘mueven menos entre puestos’ de lo que lo hacían antes. Al reducir el recambio, esa acción defensiva afloja la presión sobre los empleadores para aumentar la compensación.

El estudio halla que la tendencia a cambiar de trabajo ha caído casi un tercio, de alrededor de un 13% de la población de 16 y más años en 2000 a un 9%, en 2013.

El aumento más lento de las remuneraciones a su vez ha reducido la porción de la mano de obra en el ingreso nacional. Desde la Segunda Guerra Mundial, la porción de la mano de obra generalmente fluctuó entre un 62 y un 66% del producto bruto interno (PBI), dice el estudio.

En 2014, representa un 58 por ciento. (La diferencia entre un 58 y un 62% representa unos 700,000 millones de dólares de ingresos anuales perdidos. En el ingreso nacional se incluyen también las ganancias corporativas, los ingresos de pequeñas empresas y granjas, los intereses, los alquileres y algo de gobierno).

Las explicaciones tradicionales de la porción menor de la mano de obra en el ingreso nacional se han concentrado en sindicatos más débiles y un jornal mínimo bajo. Pero las causas más profundas podrían depender de la ansiedad generalizada sobre la seguridad de empleo, basada en la nueva tecnología, la globalización (especialmente la capacidad de las empresas de mudar la producción fuera del país), el temor a perder el seguro médico y el peligro de otra crisis financiera. Una población que envejece podría también magnificar esas inquietudes.

La gente mayor ‘se vuelve más arraigada a su trabajo’, dice el economista Ben Herzon de Macroeconomic Advisers y autor del estudio. ‘Se establecen [en sus comunidades] y no se quieren mudar.’ Otro factor que fortalece el poder de negociación de las empresas es el aumento gradual en la proporción de puestos de trabajo representada por las grandes empresas, alega Herzon. En 1992, las empresas con más de 500 empleados representaban el 42% de todos los trabajadores; para 2013, representaban el 46%.

Hay un cambio histórico aquí. En la década de 1970, se decía que las empresas acumulaban trabajadores durante las crisis económicas —se quedaban con trabajadores que no necesitaban inmediatamente, porque suponían que la economía se reactivaría pronto y estarían en mejor situación con trabajadores con experiencia, en lugar de tener que contratar gente nueva y entrenarla. Ahora, la mentalidad parece ser justo la opuesta: ¿Quién sabe lo que el futuro traerá? Así pues, las empresas parecen actuar rápidamente con los despidos y lentamente con la contratación. Ese temor podría estar atando a los trabajadores a sus puestos.

THE WASHINGTON POST