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23 de Oct de 2019

Economía

La 'paz silenciosa' de los cultivos de café

Campesinos colombianos han cambiado sus cultivos prohibidos de coca por los cafetales tan emblemáticos del país

Omar Jiménez seca granos de café en su finca, en Briceño, al norte de Colombia.

Como muchos campesinos colombianos, Omar Jiménez dejó los cultivos de coca en el noroeste del país para volver a sus orígenes y sembrar café, un producto con el que ayudan a construir lo que llama ‘una paz silenciosa'.

También como muchos campesinos de esta región de Antioquia, Jiménez cultivó coca a finales de los 90 y comienzos de este siglo, los años de mayor bonanza, pero se cansó de la vida en la ilegalidad y de los riesgos que entrañaba esa actividad y decidió regresar a lo suyo.

Hoy vive en su pequeña propiedad cerca de la aldea de Las Auras, del municipio de Briceño, en el departamento de Antioquia, una región donde los modos de vida son definidos por las agrestes montañas de la cordillera de los Andes que dominan el paisaje y donde las mulas siguen siendo el principal medio de transporte de los productos del campo.

‘Se erradicó la coca y se sembró el cultivo de café (...) y a eso es lo que estamos apostándole, a una reconversión, o sea a unos cultivos que al menos nos den un sustento más digno y no sean ilícitos. Esto es lo que se llama una paz silenciosa, le estamos apostando a lo bueno y no a lo malo', dijo Jiménez mientras mostraba su plantación.

Por su difícil orografía y ubicación estratégica para el paso de drogas hacia el golfo de Urabá, en el Caribe, la zona de Briceño ha sido escenario del conflicto armado entre el Ejército y la guerrilla, paramilitares y más recientemente las bandas criminales, que ha dejado cerca de seiscientas minas antipersona en su territorio.

‘Yo trabajé también con la coca y son cosas que no lo llevan a uno a ningún destino, sino que siempre generan más violencia, y me dio por cambiar a los cultivos buenos', agrega Jiménez sobre el cafetal donde trabaja con su mujer, Luz Dary Tapias.

El trabajo es duro porque los Jiménez Tapias trabajan sin la maquinaria adecuada, para producir un grano de calidad superior que venden en una cooperativa de la Asociación para el Desarrollo Productivo, Económico, Social y Ecológico de Briceño (Asdesebri).

Esta cooperativa, que beneficia a 332 familias de veinte zonas rurales del área de Briceño, funciona con apoyo del programa Colombia Responde, financiado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid).

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‘Yo trabajé también con la coca y son cosas que siempre generan más violencia'

OMAR JIMÉNEZ

CAMPESINO