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19 de Jan de 2021

Economía

El regalo de Putin para Estados Unidos

Los estadounidenses les encantan los aparatos y la tecnología, pero odian la amenaza a su privacidad y los peligros de la piratería

Quizás sea una expresión de deseos, pero es posible que Vladimir Putin nos haya hecho un gran favor. Nos alertó sobre la verdadera amenaza de una guerra cibernética, en forma tal que —nuevamente, sólo posiblemente— nos inste a considerarla como un peligro nacional serio y a tomar medidas eficaces contra ella.

Por supuesto, los norteamericanos conocen los peligros de los ataques cibernéticos. Muy frecuentemente, parece, nos encontramos con piratería de alto perfil que, típicamente, involucra el robo de cantidades masivas de datos personales o corporativos. Un ejemplo reciente es la revelación de Yahoo de que en 2013 sufrió pirateo cibernético y perdió datos de alrededor de mil millones de usuarios.

Pero la respuesta habitual a estas infracciones ha sido tenue. Consideramos los ataques cibernéticos ‘más que nada como molestias —inconvenientes, quizás hasta un poco perturbadoras, pero nada con lo que no podamos vivir', dice Jeffrey Eisenach, del American Enterprise Institute. En realidad, esta complacencia no es totalmente equivocada.

Hasta ahora, los ataques cibernéticos no pusieron en peligro nuestra economía. Las violaciones representan principalmente una nueva forma de delito, cuyos costos son exasperantes pero manejables. La verdad es que la mayoría de los ataques cibernéticos fracasan.

‘Para la mayoría de las empresas, hay miles o hasta millones de ataques diarios. Sólo un pequeño número de ellos logra entrar en el sistema atacado —y un número aún menor logra obtener información de esos sistemas', expresa Robert Knake, experto en cibernética que trabajó en la Casa Blanca de Obama y está ahora en el Council of Foreign Relations. Un informe de Verizon da una lista de 2.260 incidentes con pérdida confirmada de datos, en 2015.

LAS AGENCIAS QUE VIGILAN EL CIBERESPACIO DEBEN SER EFICIENTES. LA NATIONAL SECURITY AGENCY PUEDE, PERO CARECE DE LA AUTORIDAD LEGAL PARA HACERLO.

Otros estudios indican lo mismo. Un informe de 2014 del Center for Strategic and International Studies calcula el costo mundial del crimen cibernético en $400,000 millones. Aunque es mucho dinero, representa sólo alrededor de la mitad de un 1 por ciento de la producción mundial, que el Fondo Monetario Internacional estimó en $78 millardos, en 2014.

Hasta ahora, Internet principalmente creó nuevas vías para conductas antiguas. Aproximadamente nueve de cada 10 violaciones de computadoras involucran robo o espionaje de empresas, según el estudio de Verizon. Para los individuos, puede ser devastador. Para las empresas, representa una competición desleal que, para algunas firmas, puede ser fatal. Aún así, en un mundo imperfecto, éstos son males conocidos.

Lo que Putin y los piratas rusos presuntamente hicieron destroza ese patrón. Su pirateo —tal como lo interpretaron la CIA y el FBI— puede calificarse como una agresión patrocinada por un estado. Pone en peligro nuestro estilo de vida. Socava la integridad de nuestras instituciones políticas y la fe popular en ellas. Más que eso, nos advierte que nuestra seguridad física está en peligro. Piratas hostiles pueden apropiarse de nuestras redes energéticas, redes de comunicaciones, sistemas de transporte y mucho más.

No se puede realizar un análisis de costo-beneficio de algo que pone en peligro los cimientos económicos y políticos de la sociedad. El costo plausible es infinito. El surgimiento de los ataques cibernéticos, dice un informe reciente del American Enterprise Institute (AEI), está a la par de tres grandes virajes estratégicos en la historia militar--primero, el surgimiento del poder marítimo; después, el advenimiento del poder aéreo; y la apertura del espacio.

La emergencia del espacio cibernético ‘presenta el desafío de mayores proporciones… [porque] sus implicancias son más abarcadoras', afirma el AEI. Toca casi todos los aspectos de la sociedad y altera la naturaleza del conflicto global. (Omitido, inexplicablemente, de la lista del AEI está también el poder nuclear.)

Hay medidas que podemos tomar para protegernos.

NO SE PUEDE REALIZAR UN ANÁLISIS DE COSTO-BENEFICIO DE ALGO QUE PONE EN PELIGRO LOS CIMIENTOS ECONÓMICOS Y POLÍTICOS DE LA SOCIEDAD ESTADOUNIDENSE.

Podemos transferir algunas redes de datos esenciales fuera de línea--es decir, podemos crear sistemas independientes de Internet. No ofrecerían una seguridad a prueba de balas, pero probablemente sería más difícil piratear muchas redes energéticas, de transportes y financieras.

Otra posibilidad es imponer normas de seguridad en la ‘Internet de las cosas' —la etiqueta para conectar automóviles y electrodomésticos a Internet. Ahora, una seguridad relajada significa que expandir la Internet de las cosas promueve más piratería al multiplicar los puntos de acceso. Una comisión presidencial recomendó normas determinadas.

También es posible lograr que las agencias que supervisan el espacio cibernético sean más eficientes. La National Security Agency tiene la capacidad de proteger sistemas internos importantes pero carece de la autoridad legal para hacerlo, sostiene el AEI. Mientras tanto, el Departamento de Seguridad del Territorio tiene la autoridad, pero carece de la capacidad de hacerlo. Una fusión parcial tendría sentido, dice el AEI.

Pero no actuaremos hasta que comprendamos la seguridad de la amenaza. Los norteamericanos tienen sentimientos ambivalentes sobre Internet. Les encantan los aparatos, desde los medios sociales hasta los teléfonos inteligentes. Mientras tanto, odian la amenaza a su privacidad y los peligros de la piratería. El regalo de Putin a Estados Unidos es obligarnos a enfrentar las contradicciones. Nos ha demostrado, concluyentemente, que Internet es un potente instrumento de poder nacional que puede blandirse contra nosotros.

El Congreso tiene la intención de investigar el pirateo ruso. Pero si la investigación se centra sólo en Rusia, fallará antes de comenzar. El problema no es sólo la mala conducta de Rusia. Es la naturaleza de Internet. Si no reconocemos ese hecho, nos convertiremos cada vez más en su víctima.

ANALISTA DE WASHINGTON POST WRITERS GROUP