23 de Feb de 2020

Economía

Derecho a un ambiente saludable

Implica a su vez un deber, tanto de las autoridades llamadas a velar por el cumplimiento de este derecho, como también del propio consumidor

El derecho a un ambiente saludable está reconocido como un derecho humano universal, contemplado igualmente en el artículo 118 de la Constitución Política de nuestro país, al constituirse en un deber fundamental del Estado el garantizar que la población viva en un ambiente sano y libre de contaminación, en donde el aire, el agua y los alimentos satisfagan los requerimientos del desarrollo adecuado de la vida humana.

De igual forma, el derecho a un ambiente sano es uno de los derechos que poseen los consumidores, lo que implica a su vez un deber tanto de las autoridades llamadas a velar por el cumplimiento de este derecho, como también del propio consumidor. Ello es así tomado en cuenta que toda actividad ligada al consumo, tiene además un efecto o resultado en el ambiente en que vivimos.

Desde el momento de la elección de un producto para su consumo y disfrute personal o familiar, hasta su disposición final al desecharlo, conllevan un impacto en el ambiente que nos rodea, por lo que estamos llamados a ser consumidores responsables, al determinar con nuestras decisiones de consumo diarias, la forma en que ello impacta el ambiente, no solo a corto sino también a largo plazo, lo que se traduce en el consumo racional de los recursos naturales y reducir la contaminación, ligado al deber de conciencia ambiental.

El tema no solo abarca la elección que hacemos al comprar determinado producto, sino también la forma en que consumimos los recursos naturales para satisfacer nuestras necesidades básicas, como por ejemplo del agua para el aseo y alimentación; o el consumo diario que hacemos tanto en el hogar como en el trabajo, de energía eléctrica, en actividades que probablemente efectuamos de manera casi inconsciente sin tomar en cuenta el efecto que puede tener en nuestro entorno.

Sin embargo, no cabe duda que para el mejor ejercicio de este derecho y el deber que implica también, se requiere un cambio de actitud, tanto de los proveedores de los distintos bienes y servicios, en cuanto a la elaboración de los productos ofrecidos en venta posteriormente, como de los propios consumidores, a fin de no solo reconocer que todo acto que efectuamos para satisfacer tanto necesidades básicas como de disfrute diarias, conllevan un impacto ya sea positivo o negativo en nuestro ambiente, sino también al modificar nuestros hábitos de consumo para que el mismo sea sostenible. Actividades como el reciclaje y la reducción del uso de plástico, son algunas de las formas en que podemos contribuir a mantener un ambiente saludable.

Lo anterior también conlleva una mayor información, ya que solo en la medida en que somos conscientes de los efectos que nuestras actividades de consumo generan en el ambiente, es que podemos cambiar nuestros hábitos y actuar como consumidores responsables.

ABOGADA