07 de Oct de 2022

Economía

Lo bueno, lo malo y lo feo

Ya varios sectores productivos y ciudadanía en general han empezado a sentir y entender que es contraproducente,  exigir el cumplimiento de obligaciones estatales mediante la violación sistemática y orquestada de los derechos constitucionales al libre tránsito 

Las pasadas 6 semanas han sido especialmente caóticas para nuestro istmo. Un inicio del segundo semestre del año protagonizado por protestas, cierres de vías, pérdida de clases escolares, desabastecimiento de alimentos e insumos de primera necesidad, múltiples mesas de pseudo diálogo, negociaciones y acuerdos fracasados, mediocridad y como cereza en el pastel se empiezan a sentir y ver los enfrentamientos de pueblo vs. pueblo.

El estado actual de la crisis nacional post COVID-19 lo podemos resumir con tres adjetivos:

Lo bueno

Ya varios sectores productivos, PYMES, consumidores, sociedad civil y ciudadanía en general han empezado a sentir y entender que es contraproducente, estéril y peligroso exigir el cumplimiento de obligaciones estatales sobre seguridad alimentaria, educación y transporte/combustible mediante la violación sistemática y orquestada de los derechos constitucionales al libre tránsito de personas-mercancías, a trabajar y el de todo ciudadano a obtener bienes y servicios de calidad.

La iniciativa (aunque tardía) de trasladar las conversaciones que se llevan a cabo en la Mesa Única de Coclé al Consejo de la Concertación Nacional para el Desarrollo, espacio de diálogo y consulta legalmente constituido, mediante Ley 20 de 2008, donde convergen todos los sectores de la sociedad que deben participar en la creación de soluciones a los temas nacionales que hoy no aquejan.

Luego de 27 años de incumplimiento del artículo 266 de la Ley 34 del 6 de julio de 1995, que modificó la Ley Orgánica de Educación, el Gobierno Nacional se ha “comprometido” en ejecutar gradualmente un gasto público anual del 6% del PIB en educación que actualmente a duras penas recibe entre un 3.5 % a un 4.0% del PIB anual.

Quedó demostrado por las acciones reaccionarias y populista del gobierno que siempre que si exista voluntad política se puede rápidamente en tiempo récord elaborar y acordar un decreto de gabinete, un decreto ley, inclusive aprobar una ley en la asamblea general, para hacerle frente a una situación.

Lo malo

A medida que el pseudo diálogo populista que se lleva a cabo en Coclé se prolonga, la población y la ciudadanía pierde interés y se repite la historia donde solo se brindan soluciones superficiales a medias a los problemas profundos de la población. Esta prolongación concluye en más incertidumbre y desasosiego que ya empieza a ser evidente al ver el Índice de Confianza del Consumidor Panameño (ICCP) el cual indica que la confianza de los consumidores panameños registró 76 puntos porcentuales en la medición de julio, marcando así una caída de 11 puntos, comparado con la medición de mayo del presente año, cuando alcanzó 87 puntos.

Los pocos y frágiles acuerdos llegados en la Mesa Única de Diálogo carecen de sustento económico, logístico y legal; carencias hacen que su ejecución sea nula o casi imposible. Las soluciones impuestas por esta mesa para mitigar el alto costo de la canasta básica han demostrado en la últimas dos semanas ser confusas generando desabastecimiento, desconfianza y la pérdida de actividad económica en el sector alimenticio. Este horror de gestión lo vemos repetirse en el tema de medicamentos donde como un truco de magia el gobierno se saca del sombrero un abaratamiento del 30% del costo de un listado de medicamentos, sin profundizar en cómo se ejecuta y con 0% de preocupación por los daños directos y/o colaterales que esta política inconsulta genera.

En ninguno de los puntos de la mesa de dialogo se menciona o hace alusión al tema del desempleo. El Índice de Confianza del Consumidor Panameño (ICCP) demuestra que existe una merma en la percepción del empleo donde el 46% de los encuestados considera que es poco probable obtener un empleo en lo que resta del año, mientras que, el 43% indica que no tendrá empleo; estos números no son solo una “percepción” son una realidad. Es imposible disminuir el desempleo y la informalidad si no hacemos cambios contundentes a la legislación laboral, si no incentivamos la inversión privada-extranjera y si no garantizamos el funcionamiento de la libre empresa, sin cierres de calles, huelgas infundadas y ni chantajes de organizaciones sociales de corte anarquista.

Es evidente la desconexión que tiene la Asamblea Nacional con la situación económica social y cultural del país. Abandonar en la formulación de soluciones estructurales al órgano ejecutivo que está conformado por el mismo partido (PRD) que constituye la mayoría de la curules envía un mensaje de que la relación entre copartidarios es tóxica y las consecuencias de esa toxicidad la sufrimos los ciudadanos de la misma manera que sufre un niño en un hogar disfuncional. Ni hablar de la justicia (Órgano Judicial) y del estado de derecho los cuales brillan por su ausencia.

Lo feo

Panamá es el país N°6 con mayor nivel de desigualdad en el mundo y N° 2 en América, esta desigualdad ha generado un efecto efervescente de estallido social que lleva a los medios internacionales a comprarnos, con mucha preocupación, con países latinoamericanos de gobiernos fallidos como los son Nicaragua, Venezuela y Perú. Esta situación hace que Panamá sea menos atractivo para la inversión extranjera directa, estancando el progreso de la población, el crecimiento económico y la generación de empleo formal.

Panamá logra ser considerado el lugar N°1 para jubilarse en el mundo; lo anterior siempre y cuando te jubiles en el extranjero y decidas mudarte a Panamá para vivir tu jubilación. El sistema de pensiones de la Caja del Seguro Social está quebrado según la poca información con la que contamos los ciudadanos y las perspectivas de que la CSS mejore o solucione su situación financiera se ven cada vez más como un problema del siguiente Gobierno ya que el actual mediante voceros a comunicado su interés de patear la lata. Solo por chantaje el Gobierno Nacional está mostrando disposición de discutir este tema en las pseudo mesas de diálogo existentes.

En televisión estatal, redes sociales y en el internet quedó demostrado para la posteridad el nivel de ineficiencia, desinterés y mediocridad de muchos funcionarios de alta jerarquía, especialmente los que han participado de las diferentes mesas. Esto es consecuencia de seleccionar para puestos públicos importantes personas por su afiliación política y apoyo clientelar ($$$) en vez de profesionales en base a sus capacidades, expertise y trayectoria demostrada. No podemos pretender que instituciones multinacionales, gobiernos de la comunidad internacional y otras organizaciones nos respeten y tomen en serio como nación si muchos de nuestros representantes de gobierno manchan con su ineptitud la imagen de Panamá.

La pseudo mesa de diálogo se ha utilizado como trampolín de campaña política para organizaciones sindicales con aspiraciones radicales autodestructivas. Estas organizaciones han utilizado esta plataforma (pagada con recursos del estado) para vociferar una posición sin sustento donde dicen ser los supuestos legítimos representantes del pueblo, que se encuentran en pie de lucha contra los que ellos acusan y señalan de manera general, sin especificar nombres, como “los monopolios, oligopolios, empresarios y 115 ultra-millonarios”. Organizaciones “Sociales” cuyas medidas inescrupulosas e ilegales de presión y chantaje afectan mayor y más profundamente a los grupos más vulnerables de la sociedad que dicen defender y representar. Hemos llegado al punto donde su discurso de odio y de lucha entre clases sociales solo ha logrado que los enfrentamientos ahora sean pueblo contra pueblo: Productores vs. Pueblos Originarios, Padres de familia/Estudiantes vs. Educadores y Trabajadores asalariados vs. Obreros.

Si prestamos atención a nuestros vecinos de Costa Rica y Colombia podemos observar que el verdadero cambio se dará cuando como ciudadanos responsablemente ejerzamos nuestro derecho y obligación al sufragio. Debemos aprender de esta experiencia y ser muchos más meticulosos a la hora de elegir nuestras alianzas y nuestros representantes de gobierno. Concluyo con mencionar lo positivo, Panamá es un país de enorme potencial que solo requiere que la gente buena, que es la mayoría de los Panameños, se involucre de forma activa y comprometida en la búsqueda de soluciones.