21 de Feb de 2020

América

Expectativa por discursos del papa Francisco en Cuba

Francisco es un papa muy bien visto en Cuba, y no solamente por su interés en la reanudación de las relaciones diplomáticas con EEUU

Francisco es un papa muy bien visto en Cuba, y no solamente por su interés en la reanudación de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, sino por su concepción muy avanzada del mundo actual que, según reiterara en su visita a Ecuador y Bolivia, requiere de cambios profundos.

El sumo pontífice llegará a La Habana este sábado 19 de septiembre, y lo hará en circunstancias particulares cuando la comisión especial creada para la normalización total de relaciones entre Cuba y Estados Unidos estará en pleno funcionamiento, y su encíclica ‘Laudato si' (Alabado seas) presentada el 18 de junio como un alegato revolucionario en favor del planeta Tierra y del hombre que lo habita, seguirá en el centro del debate ecuménico y político.

El martilleo y los ruidos de sierras y otras herramientas resuenan en las plazas de Ciudad Habana, Holguín y Santiago de Cuba, donde se construyen aceleradamente las enormes tribunas donde Francisco oficiará masivas misas, dará su mensaje al mundo y tanteará los temas que abordará después en Estados Unidos y la ONU, hacia donde partirá el día 22.

Aparte del contenido apostólico del viaje, el Papa tratará en Cuba temas políticos de trascendencia ajustados a su óptica de cómo debe ser el mundo de hoy para lograr prepararse para enfrentar con éxito el futuro.

Francisco se reunirá con el presidente Raúl Castro en una audiencia privada, y lo mismo hará varios días después, el miércoles 23, en la Casa Blanca con Barack Obama. Aunque el Vaticano no ha divulgado los temas que abordará con ambos mandatarios, evidentemente el de las relaciones bilaterales y el bloqueo, del que ha pedido su levantamiento, son ineludibles.

Las expectativas de la visita pontificia están dadas en que el papa ha escogido tres escenarios clave para ampliar y perfeccionar los trascendentes conceptos emitidos en la encíclica que ha levantado ronchas en sectores de poder en el mundo, y esperanzas entre los pobres, a quienes exhortó a cumplir su ‘Laudato si'.

En ese texto, cuyo contenido desarrolló en sus discursos en la gira por Ecuador y Bolivia, Francisco aboga por cambios profundos en la sociedad, advierte que el uso legítimo de la naturaleza no puede ser aquel que la ponga al servicio de la acumulación, sino de las personas y de la protección de la casa común, y hace una definición programática y de la base social de lo que llama las tres T: techo, tierra, trabajo.

‘Las famosas ‘tres T': tierra, techo y trabajo, para todos nuestros hermanos y hermanas. Lo dije y lo repito: son derechos sagrados. Vale la pena, vale la pena luchar por ellos. Que el clamor de los excluidos se escuche en América Latina y en toda la tierra', dijo en Bolivia en una reunión con los movimientos populares.

Pero su llamado mayúsculo fue al mundo a admitir la necesidad del cambio y participar en su ejecución. ‘Primero que todo, empecemos reconociendo que necesitamos un cambio', dijo. ‘¿Reconocemos, en serio, que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad? ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando estallan tantas guerras sin sentido y la violencia fratricida se adueña hasta de nuestros barrios? ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando el suelo, el agua, el aire y todos los seres de la creación están bajo permanente amenaza? Entonces, si reconocemos esto, digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio. ¿Reconocemos que ese sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza? Si esto es así, insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana madre tierra, como decía San Francisco'.

En el Vaticano se admite que el papa trabaja intensamente y durante horas en los complejos textos que leerá en Cuba y Estados Unidos. Es un anuncio importante que concita la mayor atención.

¿Cómo reaccionarán en Washington, Europa y otros centros de poder a los que se hace referencia en el ‘Laudato si', a sus razonamientos y exhortos a la periferia? El enunciado está hecho, sin parábolas, y con tanta fuerza como cuando El Nazareno expulsó del templo a los mercaderes. Ahora falta programarlo e implementarlo y su visita de septiembre puede ser un sacrosanto pero terrenal estímulo para ello. ¿Quién y cómo se hará? Eso es harina de otro costal.

ANALISTA