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13 de Apr de 2021

América

Bolsonaro centra su centésimo día en el poder en la reforma de las pensiones

La reforma de las pensiones es una de las más impopulares en Brasil, es rechazado por el 51% de los ciudadanos según Datafolha

Bolsonaro centra su centésimo día en el poder en la reforma de las pensiones
La reforma plantea endurecer gradualmente el acceso al actual régimen de reparto, en el que el Estado gestiona las contribuciones de los trabajadores y las distribuye entre los jubilados, de manera que toda la masa laboral activa sostiene a quien deja de trabajar.

El ultraderechista Jair Bolsonaro completó este miércoles 100 días en el poder y dedicó la jornada a la discusión de una polémica reforma del régimen de pensiones, que es su principal carta para recuperar la maltrecha economía del país.

Poco más de tres meses después de su toma de posesión el pasado 1 de enero, el mandatario está dedicado a la construcción de una base parlamentaria a fin de garantizar el apoyo a esa polémica reforma, que enfrenta una muy dura oposición de los sindicatos y la alicaída izquierda, que perdió terreno en las elecciones del año pasado.

Para intentar allanar el tortuoso camino de ese proyecto en la Cámara baja, Bolsonaro recibió a diputados de siete partidos, todos del arco de centro y derechas y favorables a esa reforma, que según el Gobierno es la única forma de equilibrar las cuentas públicas y poner fin a un crónico déficit fiscal.

El proyecto, presentado por el Gobierno como una enmienda a la Constitución, tramita actualmente en una comisión de la Cámara de Diputados y deberá pasar por un comité similar antes de llegar al pleno de ese organismo.

En esa instancia, serán necesarios tres quintos de los votos (308 de 513) para que el proyecto avance al Senado, donde pasará por un trámite similar y se prevé que puede enfrentar resistencias.

El problema radica en la impopularidad del proyecto, que según un sondeo publicado este miércoles por la firma Datafolha es rechazado por el 51 % de los brasileños y respaldado por el 41 %.

La reforma plantea endurecer gradualmente el acceso al actual régimen de reparto, en el que el Estado gestiona las contribuciones de los trabajadores y las distribuye entre los jubilados, de manera que toda la masa laboral activa sostiene a quien deja de trabajar.

En un plazo de unos diez años, la propuesta de Bolsonaro avanza hacia una sustitución total de ese sistema para adoptar un polémico régimen de capitalización individual privado, similar al chileno, en el que la vejez solo dependerá de lo que cada trabajador haya podido ahorrar a lo largo de su vida.

Según el Gobierno, la reforma propiciará al Estado un ahorro de unos 265.000 millones de dólares en una década, con lo cual acabaría el déficit fiscal y serían liberados recursos para la inversión en áreas esenciales y con ingentes problemas, como salud y educación.

También sostiene que la "nueva jubilación" propiciará un retorno de la inversión extranjera, estancada en los últimos años y a la que también el Gobierno se propone tentar con un ambicioso programa de privatizaciones que en estos primeros 100 días ha comenzado a dar algunos frutos.

Aunque fue en licitaciones preparadas durante la gestión de Michel Temer, antecesor de Bolsonaro, desde enero pasado el Gobierno ya le ha adjudicado a la empresa privada las operaciones de 12 aeropuertos, una decena de puertos y una importante vía férrea.

La recaudación total fue de unos 7.000 millones de reales (1.842 millones de dólares), con fuertes inversiones comprometidas para los próximos años, lo que puede aliviar unas cuentas fiscales que para este año prevén un déficit de 139.000 millones de reales (36.578 millones de dólares).

La recuperación de la economía es fundamental para el país y para el propio Bolsonaro, cuya gestión durante sus primeros 100 días solo ha sido aprobada por un 32 % de los brasileños, frente a un 33 % que la consideró "regular" y un 30 % que la tildó de "mala" o "pésima", de acuerdo con una encuesta difundida el pasado fin de semana.

Tal vez para intentar poner freno a esa pérdida de respaldo, el gobernante, que ganó las elecciones el año pasado con un 55 % de los votos, se ha comprometido a oficializar esta misma semana una de sus promesas para los más pobres, que es la concesión de un "aguinaldo" a las familias que subsisten gracias a los subsidios estatales.

Será el primer guiño a los más necesitados que haga el Gobierno de Bolsonaro, que ha estado marcado en sus primeros 100 días por grandes polémicas que, en su mayoría, fueron alimentadas por el propio mandatario con su febril actividad en las redes sociales.