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03 de Aug de 2020

América

¿Puede (y quiere) Nueva York acabar con la segregación en sus escuelas?

Oficialmente, la segregación racial en las escuelas es ilegal en Estados Unidos desde 1954. En la práctica, continúa dándose en buena parte del país, incluida Nueva York

Escuela pública en Nueva York (EEUU).
Fotografía del 20 de diciembre de 2019 donde se muestra un autobús escolar estacionado frente a la entrada de una escuela pública del Distrito 15 de Brooklyn en Nueva York (EEUU).EFE

Oficialmente, la segregación racial en las escuelas es ilegal en Estados Unidos desde 1954. En la práctica, continúa dándose en buena parte del país, incluida Nueva York, escenario de un encendido debate en torno a la necesidad de crear escuelas más diversas y con oportunidades para todos.

Con más de un millón de alumnos, el sistema educativo público de la Gran Manzana es el mayor del país y también uno de los más segregados.

Así lo muestran las cifras: en una ciudad donde el 70 % de los alumnos de la enseñanza pública son hispanos o afroamericanos, más de un tercio de los estudiantes blancos van a escuelas donde ellos son mayoría.

Del otro lado, alrededor de un 75 % de los estudiantes negros y latinos acuden a colegios e institutos con menos de un 10 % de compañeros blancos.

Y no es porque en Nueva York no haya guetos, que los hay, sino porque incluso en un sistema que facilita que los alumnos accedan a escuelas fuera de sus barrios, las barreras raciales siguen haciéndose notar.

EL RESULTADO DE UNA HISTORIA RACISTA

"Nueva York es el paradigma del constructo estadounidense, que es consecuencia del racismo. Y lo vemos fácilmente en todos los sectores de nuestra sociedad", explica a Efe David E. Kirkland, director ejecutivo del Centro de Investigación sobre Equidad y Transformación de Escuelas de la Universidad de Nueva York (NYU).

Para este experto, la segregación escolar es resultado directo de un sistema que desde la fundación del país ha "concentrado el privilegio" y ha excluido a minorías por el color de su piel.

En el caso del Nueva York actual, Kirkland asegura que confluyen toda una serie de factores históricos y políticos, incluidos los propios criterios de admisión que utilizan la mayoría de centros.

Mientras que en la mayor parte de Estados Unidos lo habitual es que los niños acudan a los colegios e institutos más cercanos a sus hogares, en la Gran Manzana tienen acceso a multitud de opciones.

En la mayoría de los casos, deben elegir centro desde edades tan tempranas como los 10 años y cuando llegan a la secundaria resulta muy normal que viajen a barrios lejanos para estudiar donde les han seleccionado o se les ha asignado.

La Administración del ahora aspirante presidencial Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York entre 2002 y 2013, impulsó un modelo en el que los alumnos pueden, sobre el papel, acceder a cualquier instituto.

La idea era que de esa forma los buenos estudiantes podrían progresar sin importar su situación socioeconómica y que, en paralelo, se combatiría la segregación desvinculando el barrio en el que vive cada familia del instituto al que van los adolescentes.

LA "ELECCIÓN DE ESCUELA" AUMENTA LA SEGREGACIÓN

En una ciudad de desigualdades extremas, con algunos de los centros públicos más prestigiosos del país y otros con resultados desastrosos, era un proyecto cautivador.

Sin embargo, el resultado ha sido el contrario: la enseñanza está hoy aún más segregada, algo que ha ocurrido también en otras ciudades que han optado por el modelo, como San Francisco.

Los mejores centros admiten de forma desproporcionada a estudiantes blancos y asiáticos, mientras que dejan de lado a hispanos y afroamericanos.

"En vez de que los alumnos elijan escuelas, son las escuelas las que eligen alumnos", resume en declaraciones a Efe Leanne Nunes, una estudiante que actúa como directora ejecutiva de Institutos de IntegrateNYC, una organización que combate la segregación.

El ejemplo más claro son los nueve institutos "especializados" de Nueva York, centros públicos de élite a los que únicamente acceden los estudiantes con mejores notas en un examen especial.

Entre ellos figura el instituto Stuyvesant, situado en el exclusivo barrio de Tribeca y enfocado en matemáticas y ciencias. En este curso, de las 895 plazas que ofreció a nuevos alumnos, únicamente 7 fueron para estudiantes negros.

SE EXIGEN CAMBIOS

La chocante cifra fue un argumento más para quienes exigen cambios, incluidos el actual alcalde, Bill de Blasio, y su responsable de Educación, Richard Carranza.

Sus planes, pese a la creciente atención en torno a este asunto, por ahora no han logrado muchos resultados.

De Blasio planteó este año eliminar los exámenes de entrada a las escuelas especializadas, pero su propuesta murió en el legislativo estatal, en medio de una fuerte oposición de la comunidad asiática -la mejor representada en Stuyvesant- y de varios grupos de presión.

Carranza, que tras una larga carrera llegó a Nueva York en 2018 con la lucha contra la segregación como su gran prioridad, ha ido rebajando la ambición de sus esfuerzos tras encontrarse con numerosos obstáculos, sobre todo por parte de padres.

En los últimos meses, medios como el tabloide conservador New York Post, uno de los más influyentes en los debates locales, han publicado repetidos artículos y editoriales contra estos proyectos

Entre sus argumentos destaca la teoría de que cambiar los criterios de acceso a los mejores centros hará que las familias con más recursos -principalmente blancas- terminen optando por la escuela privada.

Es algo que, en buena medida, ya hacen, pues mientras alrededor de un tercio de la población de Nueva York es blanca, los alumnos de esta raza suponen aproximadamente un 15 % en el sistema público.

Pese a los obstáculos, el movimiento para impulsar escuelas más diversas sigue ganando fuerza, incluso entre los estudiantes de centros de prestigio como el instituto Beacon de Manhattan, donde los propios alumnos han protagonizado varias protestas contra la segregación.

"Es bonito", apunta Nunes sobre las quejas de adolescentes que, precisamente, están entre los beneficiados del sistema. "No esperas escuchar a gente diciendo 'tenemos demasiado'", señala.

LA PROMESA DEL DISTRITO 15

En Brooklyn, mientras, el Distrito educativo 15 ha decidido dejar de esperar por el resto de la ciudad.

La zona es un área de lo más diverso, que engloba acomodados barrios mayoritariamente blancos como Park Slope, áreas más deprimidas y con fuerte presencia afroamericana y un gran enclave de inmigrantes mexicanos y chinos.

Desde este curso, las escuelas intermedias (de sexto a octavo grado) han eliminado en este distrito todos sus criterios de acceso y los han sustituido por un sistema que garantiza que cada uno de los centros tenga al menos un 52 % de alumnos de familias con pocos ingresos, que están aprendiendo inglés o que no tiene hogar.

Ese porcentaje, que es el que esos grupos representan en el conjunto del distrito, busca asegurar colegios que reflejen la realidad de la zona.

El resto de plazas se reparten en base a una lotería, que si bien tiene en cuenta las preferencias de cada alumno, no asegura nada.

Así, en una situación sin precedentes, algunos niños blancos que viven en carísimos barrios como Cobble Hill viajan ahora al humilde Sunset Park para asistir a escuelas que antes estaban ocupadas casi en exclusiva por estudiantes de origen mexicano o centroamericano.

A cambio, muchos de esos inmigrantes van a prestigiosos centros del distrito que ponen a los estudiantes en camino de los mejores institutos públicos y en los que tradicionalmente eran una diminuta minoría.

Toda la ciudad sigue con atención el experimento del Distrito 15, de cuyo éxito o fracaso puede depender en buena medida el futuro de la integración en Nueva York.