Temas Especiales

17 de Ene de 2022

América

El Vaticano tacha de "triste" las críticas por limitar las misas en latín

La Congregación que vela por los sacramentos respondió a las dudas remitidas por algunos obispos acerca de la carta apostólica "Traditionis custodes"

Papa Francisco
Papa FranciscoEFE

La Congregación para el Culto Divino del Vaticano tildó este sábado de "triste" la división que suscitó el documento con el que el papa Francisco puso coto el pasado julio a la misa en rito antiguo, la tridentina en latín.

"Es triste ver cómo el vínculo más profundo de unidad (...) se convierte en motivo de división: es tarea de los obispos salvaguardar la comunión, condición necesaria (...) para poder participar en la mesa eucarística", se lee en una nota.

La Congregación que vela por los sacramentos respondió a las dudas remitidas por algunos obispos acerca de la carta apostólica "Traditionis custodes", con la que en julio Francisco limitó las misas de rito antiguo previas al Concilio Vaticano II (1962-1965).

Una acción que entonces se entendió como un nuevo frente con el ala más tradicionalista y conservador de la Iglesia católica.

La congregación ve "un hecho innegable" que aquel histórico concilio "sintió la urgencia" de reformar el misal para que los fieles participaran "plena, activa y conscientemente de la celebración litúrgica".

"Como pastores no debemos prestarnos a polémicas estériles, capaces sólo de crear división, en las que el hecho ritual es a menudo instrumentalizado por visiones ideológicas. Más bien, todosestamos llamados a redescubrir el valor de la reforma litúrgica salvaguardando la verdad y la belleza del Rito que nos ha dado", apuntó el prefecto de la Congregación, Arthur Roche.

En 2007, Benedicto XVI declaró que el misal salido del Concilio Vaticano II "es y permanece" como el "normal" de la liturgia, aunque facilitó recurrir al "tridentino", en latín eclesiástico, de forma "extraordinaria".

Trece años después el papa argentino estableció como "única" forma ceremonial del rito romano el misal salido del Concilio Vaticano II, promulgado por Pablo VI y Juan Pablo II, y limitaba sobremanera la celebración de misas en latín.

Entre otras cosas, estas deben ser autorizadas por el obispo y no podrán realizarse en una iglesia parroquial, con el objetivo de evitar divisiones en el rito eucarístico.