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28 de Mar de 2020

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Esperando a Obama con desesperación

El pasado miércoles compareció en la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso de los Diputados de España Félix Sanz Roldán, jefe del ...

El pasado miércoles compareció en la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso de los Diputados de España Félix Sanz Roldán, jefe del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). El general que dirige el servicio secreto español fue a dar explicaciones tras la alarma social creada por las revelaciones de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de los Estados Unidos, sobre su colaboración con los servicios secretos españoles para la obtención de metadatos y la realización de escuchas telefónicas.

Fue la propia NSA la que informo de su colaboración con el CNI, con el fin de descargar o compartir su responsabilidad en el espionaje sin control que la agencia estadounidense ha llevado a cabo durante años. La maniobra informativa de los servicios secretos norteamericanos salía al paso de las últimas revelaciones de los papeles de Snowden. En los mismos se pone de manifiesto que la NSA no sólo ha espiado a enemigos y a potenciales terroristas o grupos que puedan poner en peligro el orden democrático, la paz o la seguridad, sino también a países aliados y a sus propios jefes de gobierno, entre otros a la canciller alemana Ángela Merkel o la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. El responsable de los servicios secretos españoles dejó muy claro que el CNI jamás ha trasladado datos de sus investigaciones en España a servicios secretos extranjeros. De ahí que el problema siga estando en el tejado del gobierno de los EEUU, ya que algunos de sus aliados históricos del viejo continente, como Alemania o España, y países americanos amigos, como Brasil, están indignados por las escuchas injustificables que la NSA ha practicado sobre los máximos dirigentes de esas naciones. Resulta inaudito que los servicios de inteligencia de la gran democracia americana, a la que muchos siguen considerando un modelo en el sistema de controles y contrapesos de poder, haya tenido durante tanto tiempo unos servicios de inteligencia descontrolados.

El Gobierno del presidente Obama se debería comprometer a controlar la actividad de inteligencia norteamericana para impedir ataques a la privacidad y a las comunicaciones tanto de sus aliados como de ciudadanos corrientes que no tienen nada que ver con ninguna actividad ilícita o irregular.

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