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26 de Oct de 2020

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Siete años después de la revolución egipcia, sus protagonistas pierden la voz

La plaza Tahrir (Liberación, en árabe), epicentro de las protestas en El Cairo, ahora está vacía y los coches pasan sin problemas

Siete años después de la revolución egipcia, sus protagonistas pierden la voz
Fotografías del actual presidente egipcio, el mariscal Abdelfatah al Sisi.

Los revolucionarios egipcios han perdido la esperanza de recuperar su voz en la vida política, tras la retirada de su candidato a las elecciones presidenciales, Jaled Ali, coincidiendo con el séptimo aniversario hoy del estallido de las protestas que derrocaron a Hosni Mubarak en 2011.

La plaza Tahrir (Liberación, en árabe), epicentro de las protestas en El Cairo, ahora está vacía y los coches pasan sin problemas, después de que los manifestantes la llenaran una y otra vez en los meses posteriores al levantamiento popular de 2011, así como cada 25 de enero en los años siguientes, hasta el golpe de Estado de 2013.

En la jornada de hoy, blindados y efectivos de las fuerzas de seguridad egipcias están desplegados en Tahrir y sólo se retiran durante unos minutos cuando empieza a caer la inusual lluvia, antes de regresar de nuevo a sus posiciones.

De vez en cuando, por la rotonda pasa un coche con una fotografía del actual presidente egipcio, el mariscal Abdelfatah al Sisi, que llegó al poder a través del golpe militar de julio de 2013 y, un año más tarde, ganó las elecciones con más del 96 % de los votos.

Desde ayer, Al Sisi es el único candidato que de momento va a concurrir a los comicios previstos para finales de marzo, tras la retirada de Ali, que decidió abandonar la carrera presidencial tras el arresto de otro aspirante, el exjefe del Estado Mayor Sami Anán, quien fue descalificado por las autoridades y llevado ante la Fiscalía militar por "irregularidades".

Muchos de los jóvenes que participaron en la revolución del 25 de enero se unieron a la campaña de Ali desde el pasado noviembre bajo el lema "Un camino hacia el mañana", con la esperanza de recuperar un poco del terreno político que han perdido en los últimos cuatro años.

En la sede del equipo de campaña de Ali, la frustración era patente en los rostros de algunos de sus colaboradores tras el anuncio de su retirada y otros lloraban, como Ahmed Karam, que participó en la revuelta de 2011 y consideraba la candidatura del izquierdista como una oportunidad para recuperar "el sueño" perdido.

"Estábamos intentando revivir el movimiento social y el sueño de la revolución que está dentro de nosotros a través de un camino alternativo. Pero (...) la situación es intolerable", destacó el joven y se alejó para fumar un cigarrillo tras sufrir esa decepción.

Varios partidos políticos y movimientos revolucionarios que apoyaron a Ali, la mayor parte de ellos fundados después de la revolución del 25 de enero, boicotearán las elecciones, vistas como un "referéndum" sobre la figura de Al Sisi.

Para Brad Youngblood, analista especializado en Egipto del Instituto Tahrir para la Política en Oriente Medio, la retirada de Ali supone el "golpe final" a "la competencia democrática a la que todavía se aferraba el sesgado proceso electoral en Egipto".

Sin embargo, para los activistas ha supuesto "un golpe relativamente pequeño", subrayó el experto a Efe y añadió que algunos de ellos podrían haber difundido de nuevo sus ideas a través de la campaña de Ali.

"La ofensiva del Gobierno egipcio contra las voces discrepantes probablemente habría convertido en peligroso, incluso para los activistas vinculados a la campaña de Jaled Ali, hacer una campaña pública contra muchos de los problemas a los que se enfrenta Egipto", remarcó.

El sentimiento de desesperación entre los egipcios es latente, sobre todo desde la revolución de 2011, aseveró Youngblood, por lo que la retirada de Ali "confirma", entre otras cosas, "la frustración existente entre los revolucionarios", que han quedado marginados.

Ali declaró en una entrevista a Efe, el pasado noviembre, cuando anunció su intención de competir por la presidencia, que intentaría romper el "estado de miedo" creado por Al Sisi y demostrar que las políticas del militar "no son el destino inevitable de Egipto".

Ahora, tanto el abogado opositor, que se enfrenta a un juicio el próximo marzo, como los que han creído en él han perdido la oportunidad de regresar a la vida política egipcia, en la que las autoridades no han tolerado ninguna voz crítica o alternativa, ni de izquierdas ni islamista o liberal.