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11 de Jul de 2020

Mundo

Mantener la guardia, la batalla aún no termina

Aunque parece que el virus actual es menos contagioso que al inicio, queda mucho combustible para la pandemia porque hasta el 95% de la población de un país puede infectarse

La batalla para enfrentar al virus aún no ha terminado, al contrario, se intensifica.Shutterstock

Chipre espera atraer turistas este verano prometiendo pagar los gastos médicos de cualquier visitante que se contagie del Covid-19 durante su estancia en esa isla del Mediterráneo. Con tasas de contagio y mortalidad muy bajas, Chipre se vende como un lugar seguro y su Gobierno lanzó una promoción con agencias de viajes y aerolíneas para cuidar de los viajeros que den positivo por coronavirus.

En la Unión Europea los países pisan el acelerador del fin del confinamiento y la cuarentena. Disipadas las expresiones del luto oficial decretado para unir en el dolor y duelo colectivo a las sociedades y los individuos, los europeos buscan de manera frenética la puerta de salida y presionan para abrir fronteras cuanto antes. Coordinan corredores turísticos en el Mediterráneo, burbujas de libre circulación en el este y en los países del Báltico.

Pero no hay que bajar la guardia, porque la batalla sanitaria aún no termina. Aunque parece que el virus actual es menos contagioso que al inicio, queda mucho combustible para la pandemia porque hasta el 95% de la población de un país puede infectarse. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó no abandonar demasiado pronto las medidas sanitarias y el confinamiento para detener la enfermedad, y advirtió de una segunda oleada.

Hay señales de que el Covid-19 empieza a dar algo de tregua. Parece que lo peor ya ha pasado y comienza a aplanarse poco a poco la dolorosa curva estadística de contagios y fallecidos. No se puede cantar victoria sobre la pandemia. Pero todo indica una contención sobre el virus chino que llegó desde Wuhan. Que los hospitales comienzan a recuperar la normalidad, es un ejercicio de optimismo.

Con las medidas de levantamiento de las cuarentenas, la responsabilidad del ciudadano será la clave.Daniel González | La Estrella de Panamá

A partir del próximo lunes el gobierno del presidente Nito Cortizo aflojará la cuarentena, la movilidad y el toque de queda, después del estado de emergencia decretado el 13 de marzo. Es una etapa de flexibilización con uso de mascarilla y medidas de higiene y distanciamiento. Es importante la vigilancia y las pruebas dentro de una estrategia integral para garantizar que se continúe una trayectoria descendente.

En esta fase debe mantenerse el cuidado de las víctimas y sus familiares con unidades multidisciplinarias de seguimiento para evitar secuelas físicas y sicológicas, y contar con el tratamiento adecuado. Hay pacientes que requieren rehabilitación prolongada y quienes registran síntomas de depresión, ansiedad y mucha aprensión. El carácter sistémico de la enfermedad y sus efectos en todo el organismo, deja en los pacientes gran fatiga, intolerancia al esfuerzo, complicaciones respiratorias, cardiovasculares y neurológicas.

A lo largo de toda la emergencia sanitaria, Nito ha mantenido el equilibrio entre mitigar el contagio y reactivar la economía. La reanudación escalonada de las actividades económicas busca mantener el control sobre la administración del proceso de frenar el Covid-19.

Como el resto del planeta, las familias y la sociedad panameña están exhaustas por el confinamiento y tienen ansias y temores justificados sobre el futuro. Se entra en una etapa de cerrar episodios que no se quieren recordar y darle luz y contenido a aquellos que se desea atesorar en la memoria. Personajes inolvidables de esta historia son los médicos y enfermeras que salvaron millones de vidas.

La nueva normalidad no significa que la vida y la economía volverán a ser tal como eran antes del Covid-19. Nada será igual. De por medio se interpuso la capacidad destructora del coronavirus en lo relativo a la salud y la economía, además del entorno personal y familiar.

“La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó no abandonar demasiado pronto las medidas sanitarias y el confinamiento para detener la enfermedad, y advirtió de una segunda oleada”

Es el momento de la reconstrucción de nuevos valores, surgidos de la pandemia, como las renovadas formas de convivencia, una economía más productiva y solidaria, más humanidad y menos división. Es un buen momento para darle prioridad a lo público, sin que eso signifique disminuir el papel del sector privado. Sin el esfuerzo público y privado el país no saldrá del shock económico y sanitario que significará el año 2020. A las desigualdades sociales que aquejan al país, se suman los desequilibrios políticos y económicos que solo se superarán si todas las fuerzas involucradas están dispuestas a hacer sacrificios y concesiones.

Es una crisis sanitaria que está evolucionando prácticamente ante los ojos de la humanidad y a la que hay que responder no en el futuro, sino de inmediato.

La crisis sanitaria ha significado un ejercicio permanente de sintonía y acompañamiento, que ha consolido la confianza de los ciudadanos en el gobierno de Nito. Ha representado, además, un motivo de orgullo colectivo, saber que al trabajar uniendo fuerzas se resuelven los graves problemas nacionales.

La experiencia acumulada en estos primeros 11 meses de gestión de Nito contribuirá a administrar su capital político y su capacidad de respuesta ante otras emergencias nacionales. No tiene ni un año a sus espaldas y todavía queda mucho gobierno por delante. Por eso el gran reto es el de innovar hacia un futuro que no sea nostalgia resignada, sino transformación hacia una nueva etapa de la experiencia de los panameños.

El Covid-19 ha mostrado que la prioridad de la sociedad actual es la supervivencia. Sobrevivir puede ser algo absoluto y hacer más inhumanas a las personas. No deben sacrificarse los logros en sociabilidad, ni el sentimiento comunitario, la cercanía y la pertenencia. Hay futuro tras la pandemia. Pero debe construirse. Uno que beneficie a todos. En el que cada ciudadano asuma su responsabilidad, sin miedos ni culpas, con pensamiento crítico y espíritu de cooperación solidaria.