El edificio, cerrado hace más de una década por problemas estructurales, pasó de albergar a cientos de estudiantes a convertirse en un albergue temporal...
- 19/01/2009 01:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️Se va Bush. Y lo hace por la puerta de atrás, sin pena ni gloria, con ese halo de incompetencia y dejadez que caracterizó a sus ocho años en el Gobierno. Bush deja un mundo en llamas. Arde Gaza, arde Irak y arde Afganistán. Después de ocho años de Bush, la Guerra contra el Terrorismo es, en palabras de David Miliband, canciller de Inglaterra, algo “mal planteado desde el principio”, Latinoamérica está un poquito más lejos, la paz en Medio Oriente huele a sueño mojado, Irán está un poquito más cerca de tener un arma nuclear, la economía estadounidense sigue en caída libre y el socialismo se convirtió en política de Estado, para los ricos. Todo envuelto en el vergonzoso manto de un pisoteo a la Constitución que juró dos veces defender. Y por encima de todo, Bush pasará a la historia como el hombre que, legalizando la tortura, despojó a Estados Unidos del activo más importante que creía poseer: la autoridad moral.
Pero una mirada un poco más profunda nos revela en George W. Bush una persona poco proclive a cometer estos atropellos. Cuesta ver en el afable y campechano “W” un conspirador, un amante de la guerra o de la tortura. Quizás por eso es que muchos coinciden en afirmar que Bush estaba más enamorado del título de presidente que del cargo, y que eran otros los que tomaban las grandes decisiones en su administración. Quizás por eso interrumpió un discurso para tomar una llamada de Ehud Olmert y no pudo interrumpir la lectura de un cuento infantil cuando los primeros aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas. Bush permitió que los neoconservadores tomaran su presidencia, desde Cheney hasta Rumsfeld, desde Rove hasta Wolfowitz. Fueron estos nombres los que diseñaron la Guerra contra el Terror, los que le vendieron la Guerra de Irak al pueblo, los que legalizaron la tortura y los que mutilaron la Constitución de Madison y Jefferson. Y sí, fueron estos hombres los que crearon Al-Qaeda, llevaron a Osama Bin Laden al estrellato y revivieron el terrorismo islámico, el de Hassan al-Bana, Sayyid Qutb y los Hermanos Musulmanes. Fueron ellos los que diseñaron los recortes de impuestos a los ricos y aplaudieron la orgía desreguladora de los últimos años. Pero estos pesos los llevará el tejano Bush, que abandona la presidencia con unos niveles escandalosos de desaprobación.
Para el recuerdo quedará el inmenso letrero que rezaba “Misión Cumplida” en el USS Abraham Lincoln aquella tarde de Mayo de 2003, la muerte de Saddam en la horca, sus célebres no-palabras, su bochornosa negligencia en el desastre de Katrina, sus fallidos golpes de Estado a Chávez en Venezuela (2002) y Hamas (2007) en Gaza, su irrespeto por las fronteras de Pakistán y Siria y, por supuesto, el 'zapatazo' de Munthazer al-Zaidi en Bagdad, perfecto souvenir de una impopularidad a nivel mundial que seguro supera con creces a la de su propio país.
Mañana, el mundo pondrá sus ojos y esperanzas sobre el niño maravilla de Illinois. Un hombre –Obama—que, para la brillante columnista Maureen Dowd, representa el polo opuesto de Bush: “un intelectual complejo y polisilábico que sólo tomará una decisión luego de haberla examinado desde todos los ángulos”. Se va Bush, y, como dice Dowd: “es un gran alivio saber que vamos a tener una mente inquisitiva y complicada en la Casa Blanca”.