Israel y Hezbolá pactan una nueva tregua mientras se frenan las conversaciones entre Estados Unidos e Irán

  • 19/06/2026 11:18
La violencia persiste sobre Líbano pese al entendimiento alcanzado. El aumento de los combates retrasa avances diplomáticos clave en Medio Oriente

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La aparente calma que buscaba abrir una nueva etapa diplomática en Medio Oriente duró apenas unas horas. Aunque fuentes oficiales israelíes confirmaron la existencia de un nuevo alto el fuego entre Israel y Hezbolá, los combates continuaron este viernes sobre el terreno, dejando decenas de muertos y poniendo en riesgo los avances alcanzados recientemente entre Estados Unidos e Irán.

Según funcionarios citados bajo condición de anonimato, la tregua entró en vigor a las 16:00 horas locales. Sin embargo, ni Israel, ni Hezbolá, ni el Gobierno libanés realizaron un anuncio oficial, mientras los ataques continuaban tanto en el sur de Líbano como en el norte de Israel.

La jornada estuvo marcada por una intensa escalada militar que dejó al menos 47 libaneses y cuatro soldados israelíes muertos, en una de las jornadas más violentas de las últimas semanas.

Una tregua que existe en el papel, pero no en el campo de batalla

La contradicción quedó en evidencia pocas horas después de conocerse el supuesto acuerdo.

Un portavoz del ejército israelí aseguró públicamente que no había recibido instrucciones sobre ningún alto el fuego y que las operaciones militares continuaban “sin limitaciones”.

Al mismo tiempo, Hezbolá mantuvo el lanzamiento de drones contra posiciones israelíes, mientras la aviación de Israel intensificó sus bombardeos sobre territorio libanés.

Fuentes del Gobierno israelí reconocieron la existencia de la tregua, aunque dejaron claro que no contempla una retirada de las tropas desplegadas en el sur de Líbano. Además, advirtieron que cualquier ataque de Hezbolá contra las fuerzas israelíes sería considerado una ruptura del acuerdo y un retorno inmediato a la guerra abierta.

La situación refleja el deterioro de un cese de hostilidades que, oficialmente, ya estaba vigente desde abril, pero que ha sido erosionado por continuos enfrentamientos, ataques aéreos y operaciones militares de ambas partes.

Netanyahu desafía el acuerdo

Uno de los principales puntos de conflicto sigue siendo la presencia militar israelí en territorio libanés.

El primer ministro Benjamin Netanyahu reiteró este viernes que las tropas permanecerán en las zonas actualmente ocupadas “el tiempo que sea necesario”, mientras que el ministro de Defensa, Israel Katz, reafirmó que no existe intención de abandonar las posiciones estratégicas bajo control israelí.

La postura choca con los compromisos incluidos en el reciente entendimiento alcanzado entre Washington y Teherán, que contempla el respeto a la integridad territorial libanesa y una reducción gradual de las tensiones regionales.

Hezbolá ha señalado que respetará los términos del acuerdo únicamente si Israel también lo hace, lo que mantiene abierta la posibilidad de nuevos enfrentamientos.

Líbano complica el acercamiento entre Washington y Teherán

La crisis libanesa se ha convertido en un obstáculo para uno de los procesos diplomáticos más importantes de los últimos años: la negociación entre Estados Unidos e Irán para poner fin al conflicto regional y abordar el futuro del programa nuclear iraní.

Como consecuencia de la escalada militar, ambas partes decidieron posponer las conversaciones que debían comenzar este viernes en Suiza.

Las reuniones estaban previstas en el complejo turístico de Burgenstock, cerca de Lucerna, y marcarían el inicio de una segunda fase negociadora destinada a definir los aspectos más sensibles del acuerdo firmado esta semana por el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo iraní, Masoud Pezeshkian.

Aunque el encuentro fue aplazado, tanto Washington como Teherán aseguraron que los preparativos continúan y que las conversaciones podrían celebrarse en los próximos días si la situación en Líbano se estabiliza.

El desafío de construir un acuerdo definitivo

El memorando suscrito por ambos gobiernos establece principios generales, pero deja pendientes las cuestiones más complejas.

Entre ellas destacan el futuro del programa nuclear iraní, la supervisión internacional del uranio enriquecido, el levantamiento gradual de las sanciones económicas impuestas a Teherán y la creación de un fondo de inversión valorado en 300.000 millones de dólares para impulsar la reconstrucción económica.

Otro punto crítico será la situación del estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo. El pacto provisional garantiza la libre circulación marítima durante 60 días, pero no resuelve qué ocurrirá después de ese período.

La complejidad de las negociaciones refleja la magnitud del desafío. El acuerdo nuclear alcanzado durante la administración de Barack Obama requirió años de conversaciones y una década de contactos diplomáticos previos.

Ahora, con la guerra aún activa en varios frentes y la tensión en Líbano amenazando con expandirse, el futuro del nuevo entendimiento entre Estados Unidos e Irán vuelve a depender de la capacidad de contener una crisis que sigue lejos de resolverse.

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