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06 de Mar de 2021

Nacional

El digno adiós a un patriota

PANAMÁ. Tan. . tan. . tan. . Las campanas de la iglesia Catedral tañían en los oídos de los presentes mientras, a paso lento, varios...

PANAMÁ. Tan. . tan. . tan. . Las campanas de la iglesia Catedral tañían en los oídos de los presentes mientras, a paso lento, varios voluntarios y familiares cargaban el féretro con el cuerpo del Dr. Carlos Iván Zúñiga.

Fue la última vez que el reconocido abogado, ex rector de la Universidad de Panamá, periodista, político y escritor, convocó a una muchedumbre de todos los sectores. La Iglesia Catedral estuvo llena, llena a reventar... Por allí desfilaron encumbradas personalidades y humildes parroquianos a decirle adiós a este hombre, un patriota de esos que ¡no nacen otra vez! como gritó una persona mientras lo despedía frente a la carroza fúnebre que ayer mismo lo llevó a Penonomé, su ciudad natal, para descansar en paz...

El ex magistrado de la Corte Suprema de Justicia Fabián Echevers, aun con sus achaques, llegó hasta la iglesia a decirle adiós. Fue a despedir a este compañero de lucha, a ese amigo con quien se enroló en la odisea del retorno de la democracia a Panamá. Aquel con quien vivió importantes e históricos momentos en el Movimiento de Abogados Independientes y luego en el Partido Acción Popular (PAPO) del que Zúñiga fue su candidato presidencial en 1984 y cuyas banderitas volvieron a ondear ayer.

Ese Carlos Iván, que ayer se sentó lado a lado de los presidentes de la Corte Suprema de Justicia y de la Asamblea Nacional; a los ex mandatarios Mireya Moscoso y Jorge Illueca; al Dr. Ricardo Arias Calderón... Ese que al final de una profunda y nostálgica despedida que le dio su hijo Juan Cristóbal hizo que otro hombre arengara un ¡Viva Carlos Iván Zúñiga!, el patriota que provocó que la iglesia estallara en aplausos...

El encuentro, el último, fue especial para el Dr. Carlos Iván. No importó el abrasante sol que provocó un caluroso día. Allí estuvieron decenas, cientos, miles de almas diciéndole adiós. La misa concelebrada por el arzobispo de Panamá, monseñor José Dimas Cedeño fue pausada, pero reflexiva. Su esposa Sydia, sus hijos, nietos, sobrinos y amigos se mantuvieron fuertes, pero era notable que la tristeza los embargaba. Que dejaron escapar de vez en cuando alguna lágrima.

Lágrimas que brotaron de los presentes cuando al final se le honró con el canto a la bandera y que provocó que la gente espontáneamente sacara sus pañuelos blancos y los hiciera flamear; esos mismos pañuelos que acabaron con el dictador Manuel Antonio Noriega a finales de 1989 y que el Dr. Zúñiga puso de moda en aquel momento. Luego vino el himno nacional que la gente cantó con un fervor patriótico inusitado...

El encuentro de dos horas terminó... Atrás quedaron los recuerdos. Esos que dejó el Dr. Zúñiga plasmados en sus piezas de oratoria o en los sesudos escritos de opinión. Se fue el padre ejemplar, el amigo y consejero nacional. El hombre del legado de humildad; de sabiduría... Ese que sin haber sido un presidente de la República, su país lo respetó como tal, y ayer lo demostró en su última convocatoria en la histórica iglesia Catedral.

Ese que hizo que el presidente de la República, Martín Torrijos (que no estuvo presente) enviara una impactante resolución de duelo en la que reconoció su admiración por sus luchas y trayectoria pública y como un extraordinario panameño cuyo legado perdurará por siempre... Adiós a un patriota...