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28 de Oct de 2020

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PANAMÁ. Se presentó el día de ayer la entomóloga e investigadora de la Universidad de Berkley, California, Dra. Clara Inés Nicholls en...

PANAMÁ. Se presentó el día de ayer la entomóloga e investigadora de la Universidad de Berkley, California, Dra. Clara Inés Nicholls en el auditorio Bernando Lombana de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Panamá, como parte de los eventos programados por la RAP-AL (Red de Alternativas a los Plaguicidas de América Latina para la celebración del Día Mundial del No Uso de Plaguicidas.

La Dra Nicholls, con vasta experiencia en el manejo de cultivos orgánicos en Italia (plantas medicinales), Chile (viñedos) y California (hortalizas), disertó sobre la importancia de mantener redes biológicas en los cultivos para evitar así el uso de plaguicidas, ya que la naturaleza presenta los predadores naturales de cada cultivo.

Mediante técnicas de monitoreo, investigación, diseño y seguimiento, se pueden identificar los predadores naturales de cada cultivo y plantar en áreas, ya sean lineales, agrupadas o en el contorno de los cultivos seleccionados, grupos de cultivos denominados trampa, repelentes o semiquímicos, que contienen recursos alimenticios (polen, miel, hojas) para los insectos que atacan los cultivos principales.

Algunos ejemplos de estas técnicas en Brasil, California y Colombia, incluyen la siembra de calabaza en el contorno de las siembras de hortalizas para que los insectos se queden comiendo las hojas de estas y no ataquen el cultivo principal. En Brasil se utiliza la planta de mostaza para evitar que los insectos se coman los cultivos de repollo y en Colombia se utiliza el poas para repeler los insectos que atacan a los frijoles. Las matas o hierbas con flores atraen colonias de parasitoides y predadores, por lo que la Dra. Nicholls recomienda plantar líneas de éstas, cada 50 metros, para evitar que las plagas voladoras alcancen sus cultivos principales. Estas se pueden convertir en abono al final de la temporada y deben ser plantadas con anterioridad al cultivo principal para adelantarse a la llegada de las plagas. La flores igualmente atraen a polinizadores naturales como la abeja y las mariposas y permite la polinización de su parcela.

Los policultivos a diferencia del monocultivo, este último incorporado a la agricultura en la década de los 60 y como parte de la llamada revolución verde (uso intensivo de agroquímicos para aumentar la productividad del campo), es lo más recomendable especialmente para los pequeños agricultores porque les permite rotar sus cultivos y eliminar el ciclo de la plagas. Este procedimiento natural, que al principio parece complicado debido a su intenso uso de conocimientos, observación y seguimientos, puede reducir el costo del agricultor en el mediano plazo (2 a 3 años) dependiendo del nivel de saturación de químicos que presente el suelo.

Otro ejemplo que presentó la Dra. Nicholls se desarrolla en Costa Rica y es el cultivo de tomate, que es atacado en su etapa joven por la mosca blanca, pero que al combinarlo con cilantro, este repele a la plaga y permite que la mata de tomate crezca lo suficiente para alcanzar su desarrollo.

Nicholls, comentó que el gran financiamiento de las empresas fabricantes de semillas, trangénicos y de fertilizantes han inundado las aulas universitarias de todo el mundo con recursos económicos para la investigación en estos campos y que han aplastado la información relativa a la agricultura orgánica para lograr sus fines, por lo que ahora la nueva generación de agricultores orgánicos le cuesta mucho encontrar información y técnicos preparados en este campo.

Algunos libros recomendados por la Dra. Nicholls incluyen “Bases Ecológicas para la Agricultura Orgánica”, escrito por su esposo y “Helping Nature to control Pest” (Ayudando a la naturaleza a controlar las plagas) de un escritor australiano.

ADMINISTRACIÓN DE AGROSISTEMAS

La administración de agrosistemas aprovecha la biodiversidad que hay en las parcelas o en sus áreas aledañas para disminuir las plagas, previniendo más que curando, que es el principio vital de la agricultura orgánica. Se utiliza la biodiversidad para reducir, repeler o confundir a las plagas y disminuir así el consumo de plaguicidas tóxicos, que atacan por lo general a una plaga a la vez, creando dependencia de parte del agricultor de estos productos, aumentando sus costos de operación y contaminando sus parcelas.