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02 de Ago de 2021

Nacional

Tras veinte años del ‘Caracazo’

VENEZUELA. José Luis llegaba a la parada de autobús cuando vio vecinos furiosos atacando comercios, automóviles y cabinas telefónicas. ...

VENEZUELA. José Luis llegaba a la parada de autobús cuando vio vecinos furiosos atacando comercios, automóviles y cabinas telefónicas. Sin pensarlo, se unió a la turba que alcanzó un supermercado y dio comienzo a la mayor revuelta social y la mayor masacre del último siglo en Venezuela.

Era la mañana del 27 de febrero de 1989 en Guarenas, ciudad-dormitorio 30 kilómetros al este de Caracas, donde ciudadanos enfurecidos por una súbita alza en las tarifas del transporte pasaron de la simple protesta a los desórdenes y saqueos indiscriminados. “Yo tenía 17 años y me uní para ser parte del relajo y de la rabia de la gente contra todos los que especulaban”, rememora José Luis, ahora un respetable mecánico. “Pero después la gente empezó a saquear al darse cuenta de que iban a escasear las provisiones y de que la policía se llevaría lo que no cargáramos”, relató.

La protesta y el desorden saltaron de Guarenas y otras ciudades-dormitorio al centro de Caracas, al coincidir con manifestaciones estudiantiles y de obreros. El reporte de la televisión hacia el mediodía de ese lunes fue como una clarinada: todos al saqueo.

Durante una semana se prolongaron los desórdenes y la represión, intensa desde el martes 28 bajo una militarización de importantes ciudades y un toque de queda desconocido durante generaciones.

Al Caracazo, nombre dado a esa violenta semana, se la reconoce como una divisora de aguas para la sociedad venezolana, “que vivía una ilusión de armonía”, según coinciden sociólogos y psicólogos sociales. El fenómeno definió el rumbo de la política desde entonces. Los partidos tradicionales y los sindicatos comenzaron a ser parte del pasado.

“Es la mayor masacre en toda la historia venezolana del siglo XX. Ningún otro movimiento popular dejó tantos muertos”, señala el sociólogo Tulio Hernández. El Comité de Familiares de las Víctimas (Cofavic), surgido entonces, documentó más de 500 muertes en el área metropolitana de Caracas.

Científicos sociales y políticos coinciden en que el Caracazo fue una explosión de ira al cabo de más de una década de deterioro en las condiciones de vida de los venezolanos.

La gota que colmó el vaso fue que, tras un alza de los precios de la gasolina, dispuesta después que estrenó el 2 de febrero su segunda presidencia Carlos Andrés Pérez (1974-1979 y 1989-1993), los transportistas suburbanos elevaron súbitamente sus tarifas.

Sin dinero para pagarlas, e imposibilitados de acudir a sus empleos cuando terminaba la segunda quincena del mes, los trabajadores de las ciudades-dormitorio fueron los primeros en estallar de ira, y les siguieron por millares pobladores en los barrios pobres, grupos vandálicos y aún la propia gendarmería.

El socialdemócrata Pérez había elevado los precios del combustible dentro de un amplio paquete de ajustes pactado con el Fondo Monetario Internacional.

Su rival histórico, el democristiano dos veces presidente Rafael Caldera (1969-1974 y 1994-1999) advirtió: “Los pobres rompieron a pedradas la vitrina del FMI. A un pueblo con hambre no se le puede pedir que defienda la democracia”.

Lo dijo el 4 de febrero de 1992 en el parlamento, que discutía medidas tras el cruento alzamiento militar que acaudilló ese día el entonces teniente coronel y actual presidente Hugo Chávez, quien se reivindica como heredero político del Caracazo.

Ante los saqueos, desbordadas la policía y la Guardia Nacional, la noche del 27-F Pérez movilizó el ejército para intentar imponer el orden, lo que se consiguió al promediar la semana pero al costo de una represión frente a fuerzas populares sin objetivos ni dirección política alguna.