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24 de May de 2020

Nacional

Democracia y deuda social

Históricamente, el campo panameño ha estado relegado del desarrollo nacional por su carácter periférico, concentrando pobreza ya que el ...

Históricamente, el campo panameño ha estado relegado del desarrollo nacional por su carácter periférico, concentrando pobreza ya que el epicentro de la principal actividad económica es y ha sido el área de tránsito metropolitana en el marco de un asfixiante centralismo. Recordemos que Panamá es uno de los países con mayor desigualdad en el continente. La economía rural combina la subsistencia con la vinculación al mercado, lo que ha incidido en la presencia del minifundio y la concentración de la gran propiedad agraria. La economía monetaria acentúa la migración rural urbana, urgida por la necesidad del ingreso para el consumo básico y la educación de los hijos. La mayor parte de nuestros 170 mil iletrados están en el campo.

La agricultura es sólo responsable del 7% del PIB y del 22% del empleo total del país, del cual dependen la mayor parte de los pobres extremos para su subsistencia, pero las dos terceras partes de la población rural mas pobre sólo poseen una tercera parte de la tierra agrícola.

El valor promedio de las tierras de los pobres es menos alto, que el de los no pobres, por lo cual sobreviven familias de gran tamaño de bajo nivel educativo e insertas en el minifundismo como prototipo del núcleo rural pobre. En estas condiciones, el campo es reservorio de pobreza extendida en aumento, que impacta con la migración las fronteras agrícolas y las ciudades. En este marco la situación dramática y abismal es la del los pueblos indígenas que pedecen 95 % de pobreza y 70% de extrema pobreza.

Hoy, si no establecemos una justa transformación agraria sostenible , la soberanía alimentaria y desarrollo con identidad para los pueblos originarios como un gran objetivo estratégico nacional. Si no construimos una democracia más participativa. Si no establecemos una estrategia real contra la pobreza. Si no generamos justicia y equidad en nuestra sociedad. Si olvidamos la justeza de la causa, vocación de lucha y de cambio del cholo Victoriano Lorenzo, lo seguiremos fusilando una y otra vez con el olvido y el desprecio, con ello, matando de hambre y marginación a los descendientes del pueblo por el que él dio su vida.

EL AUTOR ES SOCIÓLOGO