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27 de Feb de 2021

Nacional

Frontera Sur: Ojo al ojo

En materia de seguridad general, Panamá ronda la cuerda floja, pero aun estamos a tiempo de desastres. ‘Tenemos casi dos años aquí, y al...

En materia de seguridad general, Panamá ronda la cuerda floja, pero aun estamos a tiempo de desastres. ‘Tenemos casi dos años aquí, y al llegar nos pasamos como diez meses sin atrevernos a caminar, tal era el síndrome de pánico que teníamos en Caracas de salir con el niño a pasear; hoy, como tu ves, caminamos con el nene’. Así me hablaron hace pocos días una pareja venezolana que encontré mientras caminaba matinalmente. No somos El Salvador o Honduras, donde mandan las maras. Ni Colombia, que pese a haber avanzado aún tiene territorios tomados por más de 40 años donde los poderes públicos aún no llegan. Puede dar ‘gustito’ ayudar a los militares y policías colombianos en sus operaciones fronterizas con los insurgentes narco guerrilleros; eso puede significarle a un ministro o a un alto jefe policial nuestro, que le atiendan sabrosamente en Bogotá, con carros, escoltas y banquetes. Pero como ni el 0.1% de nosotros sabe nada de esas complicaciones geopolíticas y de entuertos colaterales con las armas que matan sin pestañear al ser perjudicados, vale la pena poner ojo al ojo. Por algo tuvimos la capacidad de desarrollar este país, hasta ser la todavía tacita de oro que disfrutan hoy esa pareja de venezolanos y sus niños, huyendo de su país. Me parece gravísimo, que un Ministro de Defensa vecino diga estar agradecido del Gobierno panameño que ‘blindó la frontera’ mientras sus tropas ‘bombardeaban campamentos guerrilleros a 700 metros de nuestra línea territorial’. Primero que, al menos yo, solo con escuchar el dato métrico de ubicación y coordenadas y caída de sus bombas’, no puedo menos que decirme, ‘¿quién nos da seguridad, quién, de que el bombardeo no fue en nuestro territorio? Y, ¿qué importancia tiene tal cosa de haber sucedido? Para el 99% de los nacionales, tal vez ninguna. Para un Estado Mayor de una insurgencia desesperada por la ofensiva militar de las fuerzas armadas colombianas, las cuales por décadas han llegado, hablemos claro, a suelo panameño a descansar, reabastecerse, comprar víveres, etc., sí que la tiene, y mucha. ¿Qué ganamos haciéndoles esos ‘favorcitos’ a los amables colombianos que ya nos secuestraron por 80 años? De ganar, realmente nada. De perder, ¡cuánto podría ser, si se meten deseos de venganzas en esos ánimos subversivos¡ Iba a dar algunos ejemplos que nos podrían hacer temblar a los nacionales, pero mejor ni los digo.

Pero, si encima, el ministro de Defensa colombiano le da las gracias al Gobierno Nacional, y con ello a su homólogo, y éste, acá, para oídos ingenuos y tiernos, niega que sabíamos siquiera de la operación, eso es querer tomarnos el pelo a todos los panameños, y nos hace quedar como tontos internacionalmente. Cuidado con esos jueguitos de guerras de los cuales nuestro estimado Premier, nada, nada sabe realmente. Y aquellos jefes insurgentes saben demasiado. Ojo al ojo. Y saben para mal, nada para bien. El desarrollo del país vale demasiado para juegos. Un ejemplo del juego de guerra real: unos 5 años atrás, me saludó en un supermercado un capitán de servicio en la frontera darienita: —¡Oiga, jefe, acá entre nosotros¡ ¿qué le parece? Iba yo con mi tropa, cerquita de la línea colombiana, pero en Darién nuestro, y vimos pasar una columna de unos 15 subversivos de allá y los teníamos a tiro de ametralladora para dejarlos listos a todos. Y consulté sobre si disparábamos. ¿Y sabe qué orden me llegó de Panamá?: ‘Si no se han metido con ustedes, eviten todo contacto, escóndanse y déjenlos ir’. Comprendí la frustración del capitán, un táctico profesional, sin más luces largas y aunque me supo amargo, comprendí la orden superior. Un último dato: ¿es cierto que ofrecimos una recompensa por la captura o muerte de un jefe subversivo colombiano, que le puso la bomba que mutiló a un par de policías nuestros, y que ya liquidaron de aquel lado? ¿Le pagaremos, entonces, a la tropa vecina que lo liquidó? Como abogado ahora, ¿qué norma legal nos faculta para que de nuestros impuestos paguemos tal promesa? Otra vez, la última, ojo al ojo.