30 de Sep de 2022

Nacional

Aumenta el debate sobre la despenalización de la droga

PANAMÁ. Más de cinco décadas llevan los países de Latinoamérica tratando de combatir el narcotráfico. Nuestras fronteras son considerada...

PANAMÁ. Más de cinco décadas llevan los países de Latinoamérica tratando de combatir el narcotráfico. Nuestras fronteras son consideradas ‘‘zonas de miedo’’, donde los más vulnerables quedan enganchados en un trabajo ilícito que no le perdona la vida de nadie.

Demasiado dinero invierten los Estados en controlar la entrada y salida de la droga a los países. Las estadísticas a nivel internacional revelan que el negocio cada vez deja más víctimas en países controlados por los famosos carteles o mafias que se pelean por el control del negocio.

Tras los planteamientos surgidos el año pasado por intelectuales de la región, acerca de la legalización de la droga, el tema recobró fuerza en Centroamérica, considerada como una de las regiones más peligrosas del mundo donde, según estudios de la Organización de la Naciones Unidas, cerca de 2 a 5 de cada 10 centroamericanos creen que la policía colabora o está involucrada con el crimen organizado, y donde la corrupción y la violencia son parte del problema.

Aunque Panamá ya rechazó despenalizar la droga, tras la propuesta del presidente de Guatemala, Otto Pérez, recientemente, aquí hay quienes sustentan otras perspectivas de por qué es necesario la legalización del producto.

EFECTO SOCIAL, MÁS QUE POLÍTICO

El abogado litigante Ethelbert G. Mapp, autor del libro Legalización del Narcotráfico, publicado el año pasado, ve el fenómeno más allá de las políticas de erradicación.

Mapp considera que el efecto social no toma en cuenta otras aristas para buscarle una salida al problema que carcome la seguridad y la estabilidad de los países. ‘Debe haber libertad en el mercado para evitar la demanda y que los países establezcan impuestos de entrada de la droga, así como del licor y del tabaco, que son igual de nocivos para la salud. Sería una decisión de la persona que sabe que el consumo excesivo es malo y lo convierte en adicto’.

El abogado sustenta otro aspecto desde las relaciones laborales y económicas. ‘No se toma en cuenta los bajos niveles de desempleo. Los jóvenes se meten al negocio ilícito de la droga para resolver su problema del día a día, pero el saber que es un negocio prohibido los seduce a entrar a un mercado atractivo al lavado del dinero donde ponen en riesgo sus vidas. Mapp explicó que si la droga estuviera legalizada los costos disminuirían porque no habría necesidad de estar escondiendo el producto.

En la parte de seguridad, los países invertirían menos dinero debido a que se enfocarían en una inspección de salubridad del material que se comercializa.

El experto propone que al ser legalizada, los Estados recibirían parte de los ingresos para realizar proyectos sociales, particularmente en educación y salud. ‘Es evidente que la droga trae consigo el lavado de dinero y provoca un efecto de inflación producto de un capital que circula en manos de unos cuantos’.

DROGAS DURAS, DROGAS BLANDAS

Para el sociólogo Roberto Pinnock, introducir o no una medida a nivel de la política de un país para despenalizar la droga, debe estar precedido de un estudio científico de las condiciones existentes.

‘En el caso de la despenalización o legalización de las drogas habrá que definir qué es lo que exactamente se quiere despenalizar’, enfatizó.

Pinnock pone el caso de países de Europa como Holanda, con una política exitosa en este renglón, creando un estereotipo que no corresponde a la realidad.

‘Se cree que cualquier droga en Holanda se vende-compra en cualquier coffee shop; la verdad es que en ese país lo que está legalizado en establecimientos específicos es la compra-venta de drogas ‘blandas’ como la marihuana, el cigarrillo o el alcohol, pero no la heroína, estupefacientes sintéticos o la cocaína’, explicó el sociólogo.

En el tema, Holanda tiene una política severa de penalización y es conocida su persecución enérgica y contundente contra el narcotráfico de las drogas duras, que son precisamente las traficadas por el crimen organizado internacional.

‘En ese sentido, si se trata de legalizar las llamadas drogas blandas, desde ya habría que pensar en los programas de salud pública que garantizarían el monitoreo y control correspondiente’, advirtió.

Pinnock coincide con Mapp en que el negocio legalizado disminuiría el lucro generado por las organizaciones criminales precisamente por su carácter ‘ilegal o prohibitivo’, ya que es esto parte del motivo para que se generen grandes ganancias con las cuales corromper a los gobiernos, bancos, comercios. Da pie a la impunidad y lavado de sus ganancias y así comprar armas para defender sus dominios territoriales.

También concuerdan en que Panamá, por ser un país de tránsito internacional, el resto de los países y por supuesto Estados Unidos, no lo verían con buenos ojos toda vez que estaría dándose una especie de actividad similar al contrabando de ropa, electrónicos u otros productos de consumo hacia otros países, generando una molestia de tipo sociopolítica de dimensión internacional.

LOS VULNERABLES

Alvin Alexis Ortega es un pastor y terapeuta que trabaja en la Fundación Teen Challenge con jóvenes en riesgo por la adicción a las drogas.

Ortega cree que aprobar las drogas sería una sombra para tapar el narcotráfico oculto. Cree que el país no está preparado. A su juicio, se requiere de una educación y una cultura sólida que evite un caos en la sociedad en general. ‘Como institución preventiva, solo nos queda el reciclaje de las personas con graves daños irreversibles por la adicción a las drogas, como problemas psicológicos, lagunas mentales, conflictos familiares, baja autoestima y más’, apunta.