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23 de Oct de 2020

Nacional

Desafíos de las nuevas relaciones familiares

Jimena, José y Joyce son tres adultos jóvenes que experimentaron en primera persona los cambios de los últimos años: crecieron en hogare...

Jimena, José y Joyce son tres adultos jóvenes que experimentaron en primera persona los cambios de los últimos años: crecieron en hogares fragmentados, vivieron historias de violencia, asistieron al boom de la tecnología y la comunicación en masa y, frente a la incertidumbre financiera, cambiaron de trabajo muchas veces. Sus historias reflejan las complejas transformaciones familiares en épocas de globalización.

Nacieron, crecieron y se reprodujeron —como supone natura— en una sociedad que replantea sus modelos socioeconómicos, políticos y culturales. En este contexto, la familia nuclear: papá, mamá e hijos, no les funcionó. Entonces, pasaron a ser parte del 40% de jóvenes que deciden cohabitar sin casarse o, en el caso de Joyce, de las 3 mil parejas que se divorcian anualmente en Panamá.

Así, reinventaron el modelo tradicional en busca de relaciones sanas, y viven en familias compuestas, extendidas y monoparentales. Los tres coinciden en que sus hogares no son mejores ni peores que otros. Simplemente practican nuevas formas de amar y educar a sus hijos.

EL PASADO NUNCA VUELVE

Mientras un abuelo dice con nostalgia que en su época ‘las familias eran más duraderas y todo funcionaba mejor’, una madre de familia del Chorrillo le echa la culpa a Teresita Arias por el descontrol de sus hijos. Según ella, antes de la Ley de protección al menor los muchachos ‘crecían ‘controladitos’ y obedientes’. Los dos creen que ‘la familia es la célula de la sociedad’. Y según ellos, hoy está deteriorada porque cada quien hace lo que quiere. ‘Los matrimonios son de papel y duran menos que la boda. La gente ya no aguanta nada’, concluye el abuelo.

Para los especialistas, es peligroso otorgarle la responsabilidad del deterioro de la sociedad a la familia: ‘Si pensamos en células, hay que aclarar que éstas no son estáticas, inamovibles y homogéneas. Hacen parte de un organismo mayor en donde confluyen y se organizan de acuerdo a sus necesidades’, dice el biólogo Robin Orsatti.

Como las células, las familias no son iguales por los siglos de los siglos. Cada época tiene tipologías distintas, adaptadas a sus dinámicas políticas, socioculturales y productivas. La familia reproduce en micro las características del macrocontexto.

‘No es que antes fueran mejor que ahora porque duraban más. Simplemente los modelos sociales son diferentes y hoy existe la opción de decidir’, dice el sociólogo Roberto Pinnock. En las familias que rememora el abuelo, ‘el padre trabajaba para llevar el sustento a casa y la madre se quedaba cuidando a los hijos’.

Como las uniones maritales perduraban y la voz infalible del padre formaba ‘hombres y mujeres obedientes’, aparentemente la sociedad funcionaba mejor. La socióloga feminista, Juana Camargo, no coincide con esta idea: ‘En la mayoría de casos las familias no se establecían como proyectos colectivos y solidarios, donde cada integrante tenía deberes pero también derechos, sino como estamentos verticales que giraban en torno a intereses personales, y la gente crecía con miedo’. Un fenómeno que tiene que ver con el predominio de la individualidad sobre la colectividad y que, traspolado a la familia, Pinnock define como ‘arreglos familiares históricos’.

El reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres fue un punto de giro en cuanto a las transformaciones familiares. ‘La fémina que toma decisiones sobre aspectos que afectan su vida: maternidad, trabajo, estudio, uso del tiempo libre, amistades y demás, apareció en el escenario social, redefiniéndo el modelo lineal de familia nuclear, donde el hombre tenía la última palabra’, dice Juana.

Para Pinnock, fue una ganancia: ‘Permitió la pluralidad de voces, introdujo un nuevo ingreso en épocas de crisis y puso en tela de juicio la verticalidad del poder’.

‘PARA SIEMPRE’

Joyce Araujo es hija de la generación que aboga por los derechos de las mujeres. Para ella la familia no es obligación ni sacrificio, sino libertad de elección. Su pareja pensaba diferente y por mucho tiempo ella le creyó. Cuando ‘abrió los ojos’ terminó la relación de 10 años, que imaginó sería para siempre. (Ver historia en recuadro) Joyce tuvo opciones gracias a las transformaciones sociales del siglo pasado. Por ello no sacrificó su felicidad ‘hasta la muerte’. Su abuela no corrió con la misma suerte.

Hoy, que existe la posibilidad de elegir, el sociólogo José Ramón Flecha García apunta que, en el tema de familia: ‘educar para el pasado es educar para la frustración’.

OBEDECERÁS A TUS PADRES

—Tú debes hacerme caso porque soy tu mamá, Violeta—, amonestó Jimena a su niña de 5 años.

—No siempre—, expresó entre dientes Abril, la hermanita de Violeta, que oía atenta el regaño.

Jimena se quedó pensando y luego, contando la anécdota, río con sus amigas. Abril tenía razón.

— ¿Qué vas a hacer cuando Abril tenga 14 años y te refute otras cosas?— le preguntaron.

—Hmmm, no sé..._, respondió la mamá.

Jimena es comunicadora social y se separó de Mauro hace un año, luego de una relación de ocho años que no ‘estaba funcionando por situaciones económicas’. Al contar la anécdota de Abril sonríe. Sabe que ‘aunque criar a una chica así plantea un gran reto, eso es lo que le hemos inculcado: la horizontalidad en las relaciones’. Esa por la que Jimena y Mauro dijeron ‘no más’, antes de entrar en caos. Esa que los llevó a asumir la maternidad y paternidad compartidas: madre e hijas viven con dos amigas ‘tías’, que de cuando en cuando ayudan con el cuidado de las niñas, y los amigos de sus amigas entran y salen de su hogar, cada uno ‘enseñando su mundo a las chiquis’.

Abril y Violeta están en semana con mamá y los fines de semana con papá. Algunas noches cuando Jimena sale, aparece Mauro, y si él no puede cuidar a las chiquis, las ‘tías’ lo hacen, resignificando la familia nuclear para dar paso a una compuesta, que según los especialistas: es formada por personas que tienen alguna condición, opinión o tendencia común que los lleva a cuidarse y establecer reglas de comportamiento, aunque no haya lazos sanguíneos.

¿Y eso si funciona? Pregunta una mujer al escuchar la historia. Las familias ya han experimentado cambios irreversibles. Muchos tienen que ver con la entrada de la televisión y las nuevas tecnologías en las casas. ‘La incorporación de otras formas de vida en el imaginario de niños y adolescentes es un hecho’, dice Pinnock. Además: ‘La ausencia de ambos padres y la interrelación con gente de diferentes culturas, lleva a una diversidad inevitable. Hay miles de factores externos que están actuando sobre los hijos’. En este panorama las familias ‘poco convencionales’ como la de Jimena, ‘pueden plantear un nuevo modelo de construcción solidaria’, concluye Pinnock.

Reglas y códigos de convivencia comunal, escala de valores colectiva, figuras identificatorias diferentes a los progenitores, relaciones y vínculos horizontales, son los condimentos que se desarrollan en el caldero familiar de Jimena, Mauro y las chiquis. Así, arman día a día una familia esencialmente compleja donde cada miembro tiene la posibilidad de expresarse y la responsabilidad de respetar las diferencias.

PATERNIDAD RESPONSABLE

José es periodista de La Estrella, uno de los hombres que lleva a su hijo el sábado al trabajo porque no tiene con quien dejarlo mientras lo recoge la madre. ‘Paternidad responsable’, le llaman los especialistas.

Este hombre que nunca pensó en el matrimonio como opción de vida, vislumbró la posibilidad de formar una familia cuando se dio cuenta que tenía un hijo llamado Adrién. Su madre nunca le dijo que estaba embarazada y asumió solita la maternidad, pero ante una crisis económica, y con el bebé enfermo, llamó a José y le contó que tenía un hijo de ocho meses. ‘El bebé estaba dormido cuando lo vi por primera vez, aunque acepté la paternidad, pedí hacerle los exámenes. Salieron positivos’, recuerda A partir de ese momento José asumió una paternidad, que en principio fue de fin de semana, pero a raíz de la negligencia de la mujer, decidieron que para la estabilidad del niño lo mejor sería vivir con el padre, quien obviamente desechó la idea de una familia nuclear con la madre de Adrién.

‘Muchas veces el modelo nuclear puede resultar más perjudicial para un niño que la ausencia de uno de los progenitores’, dice Pinnock.

Así, hace dos años papá e hijo conforman una familia monoparental que, a raíz de las ocupaciones del periodista, se ha extendido a una crianza compartida entre la abuela y las tías de Adrién, quien los fines de semana se encuentra con la madre para volver en semana con el padre, la abuela y las tías.

Toda la familia de José, familia extendida de Adrién, está en función de un cometido común: cuidar del pequeño. Este tipo de hogares han existido históricamente, incluso antes de la familia nuclear, pero bajo un modelo lineal de autoridad. ‘Hoy se plantean en función de un cometido común, que generalmente es cuidar a los niños’, dice Pinnock, para quien la familia extendida es una constante en Latinoamérica, especialmente ‘cuando ambos padres deben trabajar o emigrar a otro país y los chicos quedan con abuelos, tíos o primos’.

Nucleares, extendidas, c ompuestas, monoparentales, la familias de hoy se abren como espectros, donde cada integrante juega un papel importante. Es en esta nueva dimensión donde deben considerarse otros tipos de convivencia humana, acordes al proceso de transformación social, y no extrañar un pasado que nunca volverá. Porque sin importar las fórmulas, y sin importar las épocas: ‘familia es familia y cariño es cariño’, como dice Rubén Blades.